Ereván, cuando el mapa vuelve a convertirse en lenguaje

Desde el 4 y hasta el domingo 6 de septiembre se realizó la novena edición de la Feria Internacional del Libro de Ereván, una de las principales celebraciones literarias de Armenia. El encuentro reúne a más de cincuenta editoriales, escritores y traductores nacionales y extranjeros y se desarrolla en distintos espacios alrededor de la Plaza de la República, entre ellos la Galería Nacional de Armenia, el Museo de Historia de Armenia y el Museo de Literatura y Arte Yeghishe Charents.
Entre las novedades presentadas este año, la editorial Actual Art Publishing House incluye una obra de Ana Arzoumanian, El mapa de un país no es el país (Երկրի քարտեզը երկիրը չէ), un libro que interroga la relación entre geografía, lengua, memoria e identidad. Según los organizadores, la feria recibe cada año alrededor de 40.000 visitantes y pone en circulación unos 18.000 libros.
El eje de esta edición es la lengua entendida como vehículo de la memoria colectiva y de la continuidad cultural. El lema elegido, “Language: Creating Bridges, Not Borders” (“La lengua: construyendo puentes, no fronteras”), adquiere una resonancia especial en un país cuya historia ha hecho de la lengua uno de los territorios fundamentales de pertenencia. La traducción, las lenguas amenazadas, la lengua materna y las transformaciones producidas por el mundo digital ocupan un lugar central en el programa.
En ese contexto, adquiere particular relevancia la presencia del libro de Arzoumanian, traducido al armenio oriental por Shushán Sirouyan y publicado por Actual Art Publishing House. El título mismo plantea una fisura: un país no coincide necesariamente con su representación. El mapa señala, delimita y ordena, pero aquello que llamamos país desborda sus fronteras cartográficas. Hay allí cuerpos, desplazamientos, lenguas, pérdidas, recuerdos e imaginarios.
El mapa deja entonces de ser una imagen neutral y se convierte en depósito de memoria. Y si la lengua puede construir puentes allí donde la geografía establece fronteras, también puede conservar aquello que un mapa ya no alcanza a nombrar.
La escritura de Arzoumanian se sitúa precisamente en esa zona de tensión. Su reflexión sobre la diáspora armenia, el trauma histórico y el armenio occidental como lengua en vías de extinción pone en cuestión la idea de una identidad definida únicamente por la tierra.
El libro llega a una ciudad que, durante tres días, hace del lenguaje una forma de hospitalidad y de la literatura no solamente una producción editorial, sino también un espacio de intercambio entre distintas experiencias, memorias y sensibilidades.
Actual Art Publishing House, dirigida por Mkrtich Matevosyan, ocupa allí un lugar significativo. La editorial armenia ha construido un catálogo que articula literatura, arte, pensamiento y traducción, y participa desde hace años de la circulación internacional de autores y obras. Su presencia en el festival sitúa el libro de Arzoumanian dentro de una conversación que atraviesa las fronteras de Armenia.
Un libro argentino, escrito desde la experiencia de una armenidad diaspórica, llega a Armenia para preguntar qué significa pertenecer a un país que puede ser, al mismo tiempo, territorio, lengua, recuerdo y ficción. No se trata simplemente de regresar a un lugar, sino de preguntarse qué queda de un país cuando se lo lleva dentro de otra lengua, de otra geografía y de otra historia.
El título funciona así como una advertencia y como una poética: el mapa no es el país y, sin embargo, el país tampoco es solamente su territorio. Una reflexión que adquiere una sensibilidad particular frente a las guerras, las pérdidas territoriales y, especialmente, el reciente trauma de Artsaj.
