Genocidio cultural y preparación para una nueva guerra: Azerbaiyán anunció que monasterios históricos de Armenia le pertenecen

25 de septiembre de 2026

La denominada “Comunidad de Azerbaiyán Occidental” anunció el 22 de septiembre la creación de un grupo de trabajo para estudiar lo que define como “patrimonio cristiano albanés” dentro del territorio de Armenia y difundió fotografías del monasterio armenio de Geghard como parte del “patrimonio histórico y cultural de Azerbaiyán Occidental”, en una ampliación hacia Syunik, Vayots Dzor y la cuenca del lago Sevan de la narrativa que Azerbaiyán utiliza para atribuir un origen “albanés caucásico” al patrimonio armenio de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj).

La campaña incorporó esta vez al monasterio de Geghard, uno de los principales complejos religiosos medievales de Armenia. La organización azerbaiyana publicó imágenes del monasterio y lo presentó como parte de un patrimonio histórico y cultural asociado con el concepto de “Azerbaiyán Occidental”, denominación utilizada desde Bakú para referirse al actual territorio soberano de la República de Armenia.

La identidad armenia de Geghard se encuentra documentada en su arquitectura, sus inscripciones en armenio, sus khachkars y su historia eclesiástica. El monasterio también fue reconocido por la UNESCO como un ejemplo de la arquitectura monástica armenia medieval.

La iniciativa anunciada el 22 de septiembre no se limita a Geghard. La denominada “Comunidad de Azerbaiyán Occidental”, financiada y promovida por el régimen de Azerbaiyán, informó que su nuevo grupo de trabajo estudiará iglesias, monasterios, capillas y khachkars situados en distintas regiones de Armenia, entre ellas Syunik y Vayots Dzor y la cuenca del lago Sevan.

La organización vinculó además ese trabajo sobre el patrimonio cristiano con los fundamentos históricos y culturales de su agenda de “retorno” al territorio de la actual República de Armenia.

La iniciativa extendió al territorio armenio una narrativa que las autoridades de Azerbaiyán aplicaron durante los últimos años al patrimonio cultural y religioso de Artsaj, especialmente después de la ofensiva militar azerbaiyana de septiembre de 2023, el desplazamiento forzado de su población armenia y la ocupación de la región.

A comienzos de septiembre, Hikmet Hajiyev, asesor del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, encabezó una visita de diplomáticos extranjeros acreditados en Bakú a los monasterios armenios de Gandzasar y Dadivank y presentó ambos complejos como monumentos pertenecientes a la “antigua Albania caucásica”.

Durante la visita a Gandzasar, Hajiyev también mostró a los diplomáticos reproducciones de antiguos manuscritos armenios que permanecían en la sala de exposiciones del monasterio y, al encontrar páginas en blanco, realizó comentarios burlones frente a los representantes extranjeros.

El director del Matenadaran, Ara Khzmalyan, explicó posteriormente que los originales de esos manuscritos nunca fueron trasladados a Gandzasar debido a que el lugar no contaba con las condiciones necesarias para su seguridad y conservación, y que las piezas exhibidas eran copias. Los originales permanecen conservados en el Matenadaran.

Azerbaiyán también avanzó sobre Dadivank. El 22 de septiembre, Sabina Hajiyeva, directora del Servicio Estatal para la Preservación, el Desarrollo y la Restauración del Patrimonio Cultural de Azerbaiyán, acusó a la parte armenia de retirar cruces, campanas, frescos, khachkars y otros bienes culturales del monasterio después de la guerra de 2020.

Bakú informó además que había remitido información sobre algunas de esas piezas a Interpol para incorporarlas a la base de datos de “Obras de Arte Robadas”. Desde Armenia, el diputado oficialista Eduard Aghajanyan respondió que “cualquier propiedad perteneciente a la Iglesia Apostólica Armenia que pudiera haberse trasladado a Armenia debería haberse trasladado a Armenia”.

La ampliación de la narrativa hacia monumentos ubicados dentro de las fronteras de Armenia se produjo pocos días después de que el propio primer ministro Nikol Pashinyan se refiriera públicamente al concepto de “Azerbaiyán Occidental”.

El 17 de septiembre, Pashinyan calificó esa narrativa como una grave amenaza para la seguridad de Armenia y para la paz regional. Una semana después, durante su intervención ante el 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pidió evitar que las controversias sobre la historia y el patrimonio histórico y cultural adquirieran mayor importancia que el proceso desarrollado entre Ereván y Bakú.

“Además de que estos problemas aún no se han resuelto, otro factor que alimenta el pesimismo es el uso ocasional de retórica contradictoria en ciertos círculos de Armenia y Azerbaiyán, a veces incluso a nivel oficial”, declaró Pashinyan ante la ONU.

“Creo que nosotros, es decir, Armenia y Azerbaiyán, hemos logrado resultados más que suficientes, lo cual debería ser más valioso para nosotros que el uso de retórica contradictoria, ya sea sobre historia, monumentos históricos y culturales o cualquier otro tema”, agregó.

En ese mismo discurso, Pashinyan afirmó que “el cuidado de la paz, su fortalecimiento y su institucionalización deben ser el eje central de la cooperación entre Armenia y Azerbaiyán”.

La campaña sobre el denominado “Azerbaiyán Occidental”, sin embargo, incorporó ahora a su narrativa monumentos cristianos situados dentro del territorio soberano de Armenia y vinculó expresamente el estudio de ese patrimonio con su agenda de “retorno”, después de haber aplicado una narrativa similar sobre los monasterios, iglesias y otros sitios históricos armenios de Artsaj.

La ampliación de esta narrativa desde Artsaj hacia monumentos situados dentro de la propia Armenia también adquiere relevancia frente a las advertencias sobre el genocidio cultural y la preparación del terreno discursivo para una eventual nueva agresión. La eliminación o negación de la identidad armenia de iglesias, monasterios, cementerios y khachkars de Artsaj continuó después del desplazamiento forzado de su población armenia en 2023; ahora, la atribución de monasterios y otros sitios ubicados en territorio soberano de Armenia a un supuesto patrimonio de “Azerbaiyán Occidental” traslada ese mismo mecanismo al interior de las fronteras armenias. Al vincular esos monumentos con una agenda de “retorno”, estas afirmaciones no se limitan a una disputa historiográfica: construyen una reivindicación territorial basada en la presentación de regiones de Armenia como históricamente azerbaiyanas, un discurso que puede funcionar como fundamento político y propagandístico para futuras demandas territoriales o acciones militares.

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