Monasterio de Amarás, la cuna del alfabeto armenio que resiste bajo el yugo azerbaiyano

Junto a Echmiadzin en Vagharshapat y el complejo de Yeritsvánk en la provincia de Syunik, Amarás es testimonio de la presencia armenia en la región desde los siglos IV y V, apuntalando el desarrollo del cristianismo por más de 1.700 años.
Se acaban de cumplir seis años del artero e injustificado ataque de las tropas azeríes contra la República de Artsaj, iniciando de ese modo la Guerra de los 44 días en septiembre de 2020, lo que supuso una secuencia de destrucción y vandalización de numerosos monumentos así como la profanación de decenas de iglesias milenarias.
Por eso hoy adquiere especial relevancia hacer un doble click sobre el Monasterio de Amarás, una joya arquitectónica del siglo IV en el corazón de Artsaj, en el centro de aquella décima provincia del antiguo Reino Armenio.
En este contexto, nunca está de más recordar que cuando los armenios ya construían iglesias y centros religiosos en Artsaj en los años 300 de la era cristiana, los azeríes ni siquiera figuraban en el mapa regional, aún estaban deambulando por las estepas del Asia Central y faltaban todavía más de 1.600 años para que una entidad política llamada Azerbaiyán viera la luz pública.
Pero volvamos al complejo de Amarás. Se trata de una construcción arquitectónica de singular valor histórico y religioso, sobreviviente junto con la Catedral de Surp Echmiadzín construida en ese mismo siglo entre los años 301 y 303, y el reciente descubrimiento del Complejo Monástico de Yeritsvank en Syunik, que data del siglo V o VI, y baluarte de una era de esplendor de la cultura y el arte armenios.
Los tres centros religiosos constituyen una expresión acabada de la arquitectura religiosa armenia de comienzos del cristianismo en la Edad Antigua, que se extendería en la región hasta la Alta Edad Media, y son fieles testigos de la raigambre del pueblo armenio en esas tierras ancestrales, por más que la propaganda azerí, regada con abundantes petrodólares, intente hacer creer al mundo una visión distorsionada y manipulada de la realidad.
Ilustre impulsor
El Monasterio de Amarás está emplazado en la región de Martuní, cerca del pueblo de Machkalashén, a 10 kilómetros al sudeste de la ciudad de Martuní, y según cronistas de la Antigüedad su construcción fue por decisión del mismísimo Surp Krikor Lusavorich, el padre de la Iglesia Apostólica Armenia, a comienzos del siglo IV.
El hecho fue mencionado por el historiador armenio del siglo séptimo Movsés Kaghankatvatsí, quien describió en detalle la presencia armenia en la región y toda la actividad evangelizadora de Lusavorich en su “Historia de la Provincia de Aghvank”.
Amarás está sobre el valle de Artsaj, rodeado por viñedos, bosques y algunas colinas, entre las que sobresale el Monte Lusavorich, bautizado de ese modo en honor al primer Katolikós armenio, donde según la leyenda, de viaje por la región y en busca de elegir un emplazamiento para construir un centro religioso, se recostó sobre la ladera a meditar y pensar los próximos pasos de su obra evangelizadora.
Desde finales de la tercera década de ese siglo y a lo largo de 1.700 años, Amarás sirvió como principal centro eclesiástico de la Armenia Cristiana en la región. Incluso durante varios siglos fue sede del Katolikosado de Aghvank de la Iglesia Apostólica Armenia, antes de que ésta fuera trasladada al Monasterio de Gandzasar a fines del siglo XIV.
El complejo se levantó en el marco de la estrategia de difusión del cristianismo desde Armenia y hacia el Este, en lo que era la antigua provincia de Artsaj, que lindaba al norte con los Aghvank o albaneses caucásicos. Se trata de un pueblo hoy desaparecido de la faz de la Tierra, que Azerbaiyán insiste en presentar como los ancestros de los azeríes. Con el correr de los años, y el adoctrinamiento cristiano a partir del siglo IV, adoptaron la fe de Cristo como su religión.
El martirio de Krikorís
En Amarás está enterrado Surp Kirkorís, nieto de Surp Krikor Lusavorich, quien había sido enviado a la región para evangelizar a las tribus paganas de Daghestán y el Cáucaso Norte y fue martirizado en el año 348. Como se ve, en el monasterio hay trazos del surgimiento y la consolidación del cristianismo como religión de Estado en Armenia, adoptado por el rey Drtád III, de la dinastía Arsahkuní, a instancias de Krikor Lusavorich, en el año 301..
Según cuenta Movsés Kaghankatvatsí, Surp Krikorís comenzó a evangelizar en la tierra de los Mazkuts, una confederación de escitas y hunos, en lo que hoy es Daghestán, al sur de la Federación de Rusia, con algo de suerte al comienzo, pese a que los mazkuts eran un pueblo hosco.
Predicando la Santa Biblia tuvo buena acogida de numerosos mazkuts, que se convirtieron al cristianismo, entre ellos tres hijos del rey Sanesan, cuya dinastía estaba emparentada con los reyes partos y los armenios Arshakuní.
Fue cruzar una línea roja que le costó muy caro a Krikorís. Siendo los mazkuts una tribu guerrera e invasora, la tensión con sus vecinos estaba siempre latente. Krikorís fue acusado de ser un espía del rey armenio, que buscaría neutralizarlos convirtiéndolos al cristianismo. Fue capturado y torturado. Según Movsés Kaghankatvatsí su cuerpo fue atado a un caballo salvaje y soltado en la planicie de Vatnean, cerca del mar Caspio.
Sus discípulos reclamaron el cuerpo, luego de un tiempo y no sin pocas dificultades lograron trasladarlo secretamente hasta el pueblo de Myus Haband, lindero con Amarás, y enterrarlo cerca del muro norte del Monasterio de Amarás.
La primera escuela
Otro dato muy relevante de Amarás es que funcionó allí la primera escuela de enseñanza del alfabeto armenio, fundada nada menos que por Surp Mesrob Mashtóts, quien se propuso divulgar entre sus alumnos la nueva invención, que había sido un hito fundamental de la identidad armenia en el año 406.
Tras la invención del alfabeto, Mesrob Mashtóts realizó varios viajes al Este para evangelizar y difundir la enseñanza del idioma armenio escrito, haciendo base en Amarás. Desde allí, siguiendo en algún sentido la ruta que había hecho Krikorís un siglo antes, se adentró en las tribus aghvánk situadas al norte de Artsaj y Utik, donde predominaban los armenios, trabajando allí durante varios años.
La historia de Amarás está atravesada por la gloria de los momentos de auge y el dolor de la derrota y la destrucción en otros pasajes de la historia. Una de ellas fue la heroica Batalla de Vartanank en el 451, cuando el pueblo armenio liderado por el comandante supremo “Sparabed” Vartán Mamigonian luchó en defensa de la fe contra los persas, que querían imponer la profesión del Zoroastrismo.
Muerto en combate Vartán Mamikonian fue sucedido al mando de las tropas por su sobrino Vahán Mamigonian, quien en el año 484 firmó el Tratado de Nvarsák con los representantes del gobernante persa Peroz I. Fue el primer documento oficial a nivel mundial en reconocer la libertad de culto, en este caso para los armenios, que pudieron seguir profesando libremente el cristianismo.
Luego de Nvarsák, el complejo de Amarás, que había quedado muy dañado, fue restaurado por Vachagán II El Piadoso, gobernante de Artsaj.
Nuevos golpes
A partir del siglo IX, los tiempos violentos volvieron a afectar a Amarás. Con la invasión árabe de 821 el monasterio fue saqueado y sólo pudo ser restaurado gracias al esfuerzo de uno de los opositores armenios más relevantes al Califato, Yesai Arranshahik, gobernante del Principado de Dizak, en el sur de Artsaj.
En 1223, llegaron a Armenia las hordas mongolas y nuevamente saquearon el monasterio. Esta vez se llevaron el báculo de San Gregorio el Iluminador y una gran cruz de oro adornada con 36 piedras preciosas. En su obra “Historia de la provincia de Syunik”, Stepanos Orbelian, cuenta que la princesa Despina, esposa bizantina de un caudillo mongol, convenció a su marido de enviar las reliquias a Constantinopla.
Un siglo y medio después sería el turno del temido Tamerlán, también conocido como Lek Timur (Timur El rengo). En 1387, Amaras junto a muchos otros lugares religiosos de Armenia y Georgia fueron blanco de los ejércitos invasores de Tamerlán. Según la leyenda, tras destruir el monasterio, Tamerlán ordenó a sus soldados tirar al río Arax las piedras de la desmantelada iglesia de Surp Krikoris.
Amarás fue reconstruido muchos años después y en el siglo XVII, Amaras vivió un renacimiento, gracias al trabajo de Bedrós IV Khandzketsi, Katolikós de Aghvank y patriarca de las eparquías orientales de la Iglesia Apostólica Armenia. Durante el auge de los Meliks en el siglo XVIII la familia de Melik Shahnazarian aportó importantes recursos para reconstruir el monasterio.
Luego llegarían los tiempos del Imperio Ruso en el siglo XIX y más tarde la sovietización de Armenia, cuando la Iglesia dejó de funcionar, por razones obvias. Pero Amarás fue clave para el resurgir de la identidad armenia y religiosa tras la irrupción del Movimiento Karabaj en 1988 y durante la vigencia de la República de Nagorno Karabaj, hasta la limpieza étnica de 2023, con el resultado conocido.
Carlos Boyadjian