Barkev Martirosyan advirtió sobre el peligro que enfrenta el patrimonio armenio de Artsaj y pidió la intervención de Interpol

El arzobispo Barkev Martirosyan, el histórico primado de la Diócesis de Artsaj, realizó un llamado a la comunidad internacional y a las autoridades de Interpol para que investiguen el origen, la pertenencia eclesiástica y las circunstancias del traslado de jachkares y frescos del monasterio de Dadivank, ante el riesgo que atraviesa el patrimonio religioso y cultural armenio de Artsaj.
El pronunciamiento, fechado el 2 de octubre, fue difundido luego de que el responsable del Servicio Estatal para la Protección del Patrimonio Cultural de Azerbaiyán afirmara que la información sobre piezas trasladadas desde Dadivank había sido enviada en octubre de 2025 a Interpol e incorporada a su base de datos de obras de arte robadas.
Martirosyan sostuvo que la inclusión de los objetos en esa base de datos no puede ser presentada como una resolución judicial que determine su propiedad y pidió al presidente de Interpol y a su secretario general que examinen “todo el caso”. “Es necesario determinar el origen de estos objetos religiosos, su pertenencia eclesiástica, las circunstancias en que fueron trasladados y los riesgos existentes para su conservación”, señaló. Para el arzobispo, sin una investigación de esas características no puede realizarse una valoración jurídica definitiva sobre el traslado de las piezas.
Gran parte del llamamiento está dedicada a fundamentar el carácter armenio de Dadivank. Martirosyan recurre al testimonio del historiador del siglo XIII Kirakós Gandzaketsí, a las inscripciones armenias conservadas en el monasterio y a los jachkares fechados en 1283. También recuerda que una de las principales iglesias del complejo fue construida en 1214 por Arzu Jatún en memoria de su esposo y sus hijos, y vincula los orígenes del monasterio con San Dadí y con la temprana expansión del cristianismo en Artsaj.

El ex primado de Artsaj coloca la situación de Dadivank dentro de un problema más amplio: el riesgo que, según advierte, enfrentan las iglesias, monasterios, cementerios y otros monumentos armenios que quedaron bajo control azerbaiyano después del éxodo de la población armenia de Artsaj en 2023. En ese sentido, recuerda resoluciones del Parlamento Europeo que alertaron sobre la destrucción del patrimonio cultural armenio y menciona especialmente el caso del cementerio medieval de Djulfa, en Najicheván, donde miles de jachkares fueron destruidos. “La experiencia de Djulfa no nos permite esperar hasta que otro monumento se convierta en un montón de piedras”, afirmó.
Martirosyan también cita la decisión de la Corte Internacional de Justicia del 7 de diciembre de 2021, que ordenó a Azerbaiyán adoptar medidas para prevenir y sancionar actos de vandalismo y profanación contra el patrimonio cultural armenio. A partir de ese antecedente, sostiene que el debate sobre el traslado de objetos religiosos de Dadivank no puede separarse de las condiciones de seguridad y conservación de ese patrimonio.
El arzobispo dirigió además su pedido a la UNESCO y al Parlamento Europeo, a quienes reclamó que impulsen una investigación independiente sobre el estado de los monumentos armenios, con inspecciones sobre el terreno, inventarios y publicación de los resultados.
El llamamiento incluye también al Papa, al Consejo Mundial de Iglesias, a los líderes de las iglesias cristianas, al presidente de los Estados Unidos, al Congreso y al Senado norteamericanos y a la Unión Europea. Martirosyan les pidió que intervengan en la preservación de los santuarios y examinen la documentación existente sobre la situación del patrimonio armenio.
En otro tramo del texto recordó su propia experiencia durante la guerra de 1991-1994, cuando, según relató, fue testigo de ataques contra sitios religiosos armenios, entre ellos los monasterios de Amaras y Gandzasar. “Los vimos con nuestros propios ojos”, señaló al referirse a los daños sufridos por los monumentos durante aquellos años y a los posteriores trabajos de restauración.
Barkev Martirosyan fue primado de la Diócesis de Artsaj desde marzo de 1989 hasta febrero de 2021. En su mensaje recordó que, cuando asumió esa responsabilidad, numerosas iglesias y monasterios permanecían cerrados o destruidos y que una de sus principales tareas fue recuperar la vida religiosa después de décadas de persecución soviética. “No se trataba simplemente de reconstruir edificios. Estábamos reconstruyendo la memoria espiritual de Artsaj”, expresó.
Actualmente Martirosyan reside en los Estados Unidos, adonde viajó por razones de salud con la autorización del Catholicós de Todos los Armenios. Sin embargo, dedicó el tramo final del comunicado a reafirmar su vínculo con Artsaj. “Una persona puede alejarse de su tierra, pero la tierra no siempre se aleja de la persona”, escribió y agregó: “Mientras viva, con toda mi alma y todo mi ser seguiré unido a mi querido Artsaj, a sus iglesias y monasterios, a sus montañas y a su gente. Artsaj no es para mí una etapa pasada de mi vida. Es mi servicio, mi memoria imborrable, mi vida y el sentido de mi vida”.
“Pecar contra la verdad significa pecar contra Dios. Ha llegado el momento de poner fin a esta política agresiva y falsa”, cerró el arzobispo Barkev Martirosyan.