Luis Moreno Ocampo, Valeria Thus, Oscar López Goldaracena y Jairo Straccia analizaron el negacionismo del Genocidio Armenio y la situación de Artsaj durante un conversatorio en la Facultad de Derecho de la UBA

08 de octubre de 2026

Instituciones Armenias de la República Argentina (IARA) realizó el 7 de octubre un acto público en el Salón Rojo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), bajo la consigna “Por la memoria, en defensa de la verdad y en lucha contra el negacionismo”. La jornada contó con las exposiciones de Oscar López Goldaracena, Luis Moreno Ocampo y Valeria Thus, la moderación del periodista Jairo Straccia y el discurso del presidente de IARA, Pablo Sismanian.

El encuentro abordó el negacionismo del Genocidio Armenio, las responsabilidades estatales y las consecuencias de los crímenes cometidos contra la población armenia de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj).

Durante el encuentro, Sismanian vinculó las consecuencias del Genocidio Armenio con el presente y con lo ocurrido en Artsaj. López Goldaracena planteó la continuidad del genocidio cultural a través de los ataques contra la identidad de un pueblo. Thus analizó el negacionismo como política de Estado y sus efectos sobre las víctimas. Moreno Ocampo se refirió al bloqueo de Artsaj, a la situación de los prisioneros armenios y a las posibilidades de impulsar acciones judiciales y campañas desde la diáspora. Straccia abrió el panel con una reflexión sobre el periodismo y el desafío de dar mayor presencia al Genocidio Armenio en la información cotidiana.

Pablo Sismanian: “La defensa de los derechos humanos no puede ser selectiva”

El presidente de IARA, Pablo Sismanian, vinculó la memoria del Genocidio Armenio con sus consecuencias presentes y con lo ocurrido en Artsaj. En el marco del 111° aniversario, sostuvo: “Estamos aquí para hablar de un genocidio que comenzó hace 111 años”.

“Porque un genocidio no termina necesariamente cuando dejan de sonar las armas. No termina cuando se firman tratados”, afirmó. Desde esa perspectiva, señaló que sus consecuencias también se manifiestan en los ataques contra la identidad, la destrucción del patrimonio y la negación del derecho al retorno.

Sismanian recorrió episodios de persecución posteriores al Genocidio Armenio, entre ellos el Impuesto a la Riqueza de 1942, el pogromo de Estambul de 1955 y el asesinato del periodista Hrant Dink en 2007. Aclaró que se trata de hechos con particularidades históricas propias, pero advirtió sobre las consecuencias de no enfrentar críticamente el pasado.

Ese recorrido llegó a la guerra de 2020, el bloqueo y la ofensiva de Azerbaiyán contra Artsaj en septiembre de 2023. El presidente de IARA se refirió al desplazamiento forzado de su población armenia, a la imposibilidad de ejercer el derecho al retorno y a los prisioneros armenios ilegalmente detenidos en Bakú. “¿Qué aprendimos realmente de la historia?”, preguntó. “Nuestra obligación es actuar”, remarcó.

“El negacionismo de un genocidio no es una simple diferencia de opiniones sobre la historia”

Sismanian ubicó al negacionismo como un problema con efectos concretos sobre el presente: “El negacionismo de un genocidio no es una simple diferencia de opiniones sobre la historia. No estamos frente a dos interpretaciones equivalentes de un mismo hecho. No se trata de una discusión académica entre posiciones contrapuestas”.

“Cuando se niega un genocidio, no solamente se cuestionan los hechos”, expresó. Advirtió que se cuestiona la existencia de las víctimas, se relativiza su sufrimiento y se intenta borrar su memoria. Explicó que la negación también procura evitar las consecuencias jurídicas, políticas y morales que deberían derivarse del reconocimiento de esos crímenes.

En ese punto, denunció que Turquía y Azerbaiyán mantienen “una política activa y sistemática de negación del Genocidio Armenio”. “Porque negar un crimen no lo hace desaparecer. Pero sí puede contribuir a crear las condiciones para que vuelva a suceder”, sostuvo.

Sismanian destacó el aporte de la experiencia argentina y del Juicio a las Juntas Militares a la lucha contra la impunidad. “La memoria del Genocidio Armenio pertenece, por supuesto, al pueblo armenio. Pero la defensa de la verdad frente al genocidio pertenece a toda la humanidad”, afirmó.

Al relacionar memoria y prevención, reclamó que las nuevas generaciones comprendan que los genocidios no son acontecimientos inevitables de la historia: “Son crímenes que pueden prevenirse”. También sostuvo: “La defensa de los derechos humanos no puede ser selectiva”. En esa línea, advirtió que su protección no puede depender de quién sea la víctima, de su bandera o del gobierno responsable del crimen.

Jairo Straccia: “¿Cómo puedo contribuir a que eso sea un tema mucho más presente?”

El periodista Jairo Straccia, encargado de moderar el panel, abrió el intercambio con una autocrítica sobre su trabajo cotidiano y su reacción frente a distintas formas de negacionismo. Señaló que tiene una respuesta más inmediata ante la negación de los crímenes de la dictadura argentina y del Holocausto, y se preguntó por qué no le ocurre lo mismo frente al Genocidio Armenio.

“Tengo como anticuerpos muy habituados para reaccionar ante el negacionismo del Holocausto”, expresó. A partir de sus conversaciones con integrantes de la comunidad armenia, se preguntó “por qué yo no tengo esos mismos anticuerpos con el negacionismo del Genocidio Armenio”. Esa inquietud lo llevó a revisar su propia práctica: “¿Cómo puedo contribuir a que eso sea un tema mucho más presente?”.

Straccia recordó que había visto la obra de teatro Una bestia en la luna hacía más de veinte años y que esa experiencia le había despertado preguntas sobre el Genocidio Armenio. Reconoció, sin embargo, que después no había profundizado por su cuenta en el tema, y relacionó esa inquietud con su interés por los intercambios con la comunidad armenia.

“Son preguntas que tengo y espero llevarme herramientas escuchando a este panel para poder mejorar mi trabajo y contribuir, como dijeron, a la causa de frenar el negacionismo en el Genocidio Armenio”, señaló.

Oscar López Goldaracena: “¿Cuándo termina un genocidio?”

Oscar López Goldaracena planteó una pregunta que atravesó su intervención: “¿Cuándo termina un genocidio?”. El abogado uruguayo propuso analizar la continuidad de los ataques contra la identidad de un pueblo y las consecuencias de la destrucción de su patrimonio cultural, además del exterminio de sus integrantes.

En ese marco, recordó el reconocimiento oficial del Genocidio Armenio por parte de Uruguay en 1965 y lo presentó como una forma de reparación. También se refirió a su trabajo en la elaboración de un proyecto de ley que incorporó el genocidio cultural a la legislación de ese país.

Su exposición se concentró en los vínculos que permiten a un colectivo conservar una identidad propia. Según explicó, esa identidad puede ser atacada mediante la destrucción de su cultura y de su forma de vida, aun sin el exterminio físico de sus integrantes. El análisis del genocidio, sostuvo, debe contemplar también esas prácticas y sus efectos sobre la continuidad de un pueblo.

“El genocidio no terminó”

Al abordar la experiencia armenia, López Goldaracena señaló que la destrucción cultural acompañó a las matanzas y continuó después de ellas. Mencionó los ataques contra las iglesias y otros bienes, los cambios en su destino, el desconocimiento de su origen y las restricciones para acceder a ese patrimonio.

En su planteo, la cultura comprende tanto los bienes materiales como las prácticas, los vínculos y las expresiones que conforman la vida de una comunidad. Su explicación recorrió la literatura, la alimentación, la vestimenta, las relaciones sociales y la vida pública, junto con la historia, la memoria y los símbolos de un pueblo.

Desde esa perspectiva, cuestionó que el final de las matanzas pueda considerarse, por sí solo, el final del proceso genocida. “El genocidio no terminó”, expresó al desarrollar su análisis sobre la continuidad del genocidio cultural. También situó los ataques contra la identidad armenia en un proceso que antecedió a las matanzas.

El jurista vinculó esa continuidad con la falta de justicia. Al recordar al abogado chileno Roberto Garretón, distinguió las consecuencias jurídicas, políticas y morales de la impunidad. Explicó que la ausencia de juzgamiento puede permitir que los perpetradores conserven posiciones de poder y que se imponga un discurso contrario a la verdad histórica.

López Goldaracena sostuvo que la impunidad jurídica “genera impunidad política, genera impunidad moral”. Extendió la responsabilidad de enfrentar ese proceso al trabajo de los académicos, los activistas, los historiadores y los periodistas, además de los juristas.

El reconocimiento y la reparación como responsabilidades internacionales

En una nueva intervención, López Goldaracena defendió “el derecho por encima de la política” y vinculó el reconocimiento del Genocidio Armenio con la obligación de reparar sus consecuencias y de poner fin a los daños que continúan en el presente. Su planteo volvió sobre la destrucción del patrimonio y sobre las políticas que niegan la existencia histórica de un pueblo: “Se destruyó patrimonio cultural, material e inmaterial. Se niega la memoria, se niega la historia de forma continuada”.

Para el abogado, la exigencia del reconocimiento no puede quedar limitada a las organizaciones armenias. Sostuvo que también compromete a los Estados que integran la comunidad internacional, porque lo que se encuentra amenazado es la identidad cultural de una sociedad. Desde esa perspectiva, afirmó que “está en juego el interés de todo el mundo”.

López Goldaracena encuadró ese reclamo en los principios de reparación integral y mencionó la restitución de los bienes apropiados, la rehabilitación y las garantías de no repetición. Sostuvo que el reconocimiento debe acompañarse de medidas concretas frente a las consecuencias del genocidio.

Al explicar por qué insistía en la dimensión cultural, señaló que la memoria y la historia son vínculos que sostienen a una colectividad: “Mantener la historia y la memoria viva es mantener la identidad cultural del colectivo”. Por eso, situó la defensa de esa memoria en el presente y no solamente en la reconstrucción de los acontecimientos pasados.

También propuso impulsar un instrumento internacional que incorpore al genocidio cultural como un crimen específico. Planteó que su tratamiento únicamente a través de otras figuras penales le hace perder visibilidad, y defendió la necesidad de que la comunidad internacional exprese su rechazo a esas prácticas mediante su reconocimiento jurídico.

Valeria Thus: el negacionismo como política de Estado

Valeria Thus analizó las herramientas jurídicas para enfrentar el negacionismo y la responsabilidad de los Estados en la construcción de discursos que niegan los crímenes.

Al abordar el Genocidio Armenio, propuso detenerse en una característica central de su negación: “El negacionismo no es desplegado por la sociedad civil, o al menos no solamente por la sociedad civil, sino que es desplegado por el propio Estado”. Su análisis puso el foco en la continuidad de esa política a lo largo del tiempo y en sus efectos sobre las sociedades.

Thus distinguió ese proceso del ocultamiento inmediato de los crímenes para evitar responsabilidades. Retomando la intervención de López Goldaracena, planteó la necesidad de estudiar cómo se consolida una narrativa negacionista sostenida desde el poder estatal.

La especialista identificó patrones que permiten relacionar distintas experiencias de negacionismo. Entre ellos, mencionó los procesos de “desvalorización cuantitativa de las víctimas”, la equiparación de las violencias y la atribución a las propias víctimas del papel de victimarios.

También se refirió al “uso del eufemismo conceptual”, que reemplaza la denominación de los crímenes por expresiones que ocultan su alcance. Desde los estudios sobre genocidio, explicó, estas prácticas permiten analizar las formas en que se construyen y se sostienen discursos que niegan los crímenes de Estado.

La abogada vinculó las respuestas jurídicas con la educación en derechos humanos y las políticas de memoria. Al considerar la libertad de expresión, puso el foco en la responsabilidad de quienes ejercen funciones estatales.

En diálogo con los planteos de López Goldaracena, Thus explicó que el estudio del genocidio debe abarcar sus efectos sobre las bases de la vida de un pueblo: el lenguaje, la cultura y las formas de ser y de relacionarse socialmente.

También abordó la dimensión simbólica del proceso genocida y el modo en que las sociedades narran lo ocurrido. En ese marco, afirmó que la negación y el negacionismo “tienen un rol central para comprender la lógica genocida”.

La abogada repasó las discusiones sobre la penalización del negacionismo en Europa y la ampliación de ese debate a distintos crímenes internacionales. Su exposición planteó la importancia de considerar las herramientas del derecho dentro de una lucha que también involucra la memoria, la educación y el reconocimiento de las víctimas.

"El negacionismo no es un problema lingüístico"

En el cierre de su exposición, Thus destacó las estrategias jurídicas desarrolladas por la comunidad armenia de Argentina. Su planteo puso el acento en una función del derecho que va más allá de la sanción: la posibilidad de nombrar los crímenes y obtener un reconocimiento judicial de lo sucedido.

También se refirió a las iniciativas para enfrentar las expresiones negacionistas de los funcionarios públicos y sintetizó el criterio que defendió: “Ningún funcionario público puede negar lo que dice el mismo Estado”.

Thus sostuvo que las disputas sobre el negacionismo afectan al presente y las relacionó con las agendas regresivas en materia de derechos. Al referirse a Artsaj, se preguntó si lo ocurrido habría sido posible sin la política estatal negacionista de Turquía durante el siglo XX.

“El negacionismo no es un problema lingüístico, no es un problema sobre lo que decimos, es un problema ontológico. Suprime lo real que debería formar parte de nuestro diálogo”, afirmó Thus al finalizar su exposición.

En el intercambio final, Thus caracterizó al negacionismo como “una estrategia de ataque decidido a la noción de derechos humanos, a todo el sistema de protección de derechos humanos”.

Luis Moreno Ocampo: “Hay tres genocidios en marcha”

Luis Moreno Ocampo centró parte de su intervención en la situación de Artsaj y en las consecuencias del bloqueo. El ex fiscal jefe de la Corte Penal Internacional recordó el informe que elaboró en 2023 y su caracterización de aquellos hechos como genocidio. Explicó que su análisis abordó las condiciones impuestas a una comunidad con la intención de destruirla y vinculó ese planteo con lo ocurrido durante el cierre del corredor de Berdzor/Lachin.

Moreno Ocampo recordó los esfuerzos para difundir aquel informe, con el acompañamiento de la comunidad armenia de Estados Unidos, y las gestiones que lo llevaron al Congreso estadounidense. Vinculó esa experiencia con la necesidad de enfrentar el negacionismo de los crímenes contra los armenios en la actualidad.

“Hay tres genocidios en marcha”, afirmó. En ese diagnóstico incluyó a Artsaj, a los prisioneros armenios detenidos en Bakú y a las amenazas contra Armenia.

Moreno Ocampo planteó una distancia entre la búsqueda de la verdad y las prioridades de los gobiernos. Al recordar las dificultades para obtener el reconocimiento del Genocidio Armenio y las respuestas internacionales frente a Artsaj, sostuvo que los dirigentes políticos tienen agendas complejas. “La verdad no es su prioridad”, afirmó, y repitió esa advertencia.

Su relato sobre septiembre de 2023 contrapuso los esfuerzos de difusión y denuncia con la falta de una respuesta capaz de impedir lo que ocurrió en Artsaj. La circulación de información sobre el bloqueo y sus consecuencias, explicó, no alcanzó para modificar esas prioridades políticas.

En ese marco, la discusión sobre el negacionismo atravesó tanto la memoria del Genocidio Armenio como la situación de quienes fueron obligados a abandonar Artsaj y de quienes permanecen detenidos. Moreno Ocampo volvió sobre la necesidad de mantener esos temas presentes en el debate público.

“La memoria es un campo permanente de batalla”

Al retomar una reflexión que había escuchado de un profesor vietnamita, señaló: “La memoria es un campo permanente de batalla”. Para desarrollar esa idea recurrió al impacto de la película Argentina, 1985 y a las posibilidades del cine para acercar una historia judicial a públicos más amplios. “La película es comunicación masiva, el libro no es comunicación masiva”, expresó.

Moreno Ocampo destacó la resiliencia del pueblo armenio y sus vínculos en la diáspora: “El pueblo armenio es básicamente un pueblo de diáspora, que se sigue unido”. Desde su experiencia con distintas comunidades, advirtió: “Yo trabajé con sirios, con venezolanos, con colombianos, con judíos y la división de las comunidades de víctimas bloquea todo”.

Ese señalamiento acompañó su llamado a los armenios de Argentina a trabajar por la unidad y por iniciativas compartidas. “Creo que es una tarea súper importante, unir comunidad”, sostuvo.

Educación, comunicación y acciones por los rehenes armenios

Moreno Ocampo también se refirió a las herramientas con las que cuenta la diáspora para intervenir frente al negacionismo y a las violaciones de los derechos de la población de Artsaj. Al cuestionar la posición de la Unión Europea y sus vínculos económicos con Azerbaiyán, sintetizó: “Es geopolítica, son intereses económicos”.

También mencionó la posibilidad de promover acciones judiciales contra empresas británicas que realizan negocios en Artsaj. “Hay cosas para hacer”, señaló, al proponer que los reclamos se traduzcan en iniciativas concretas.

Frente a ese escenario, planteó la necesidad de desarrollar programas educativos que vinculen la memoria del Genocidio Armenio con las agresiones actuales. Recordó un encuentro con alumnos de escuelas armenias y destacó el conocimiento que tenían sobre lo que ocurre en Armenia y sobre otros conflictos internacionales. “Los chicos realmente sabían todo de todo”, señaló, al valorar la formación de las nuevas generaciones. En ese sentido, destacó la película Aurora's Sunrise.

El ex fiscal propuso además fortalecer la conexión entre los medios armenios de distintos países, para que la información circule y permita comprender qué sucede con los armenios en diferentes partes del mundo. En su exposición, la educación y la comunicación aparecieron como tareas que pueden sostener las propias instituciones, junto con las acciones jurídicas y las campañas públicas.

Relató la experiencia de una campaña internacional en redes sociales para reclamar la liberación de los rehenes armenios y denunciar el uso de una cumbre climática en Bakú para encubrir el genocidio durante la COP29. También mencionó gestiones relacionadas con las detenciones arbitrarias y la necesidad de mantener esos reclamos.

Hacia el cierre, volvió sobre la experiencia del Juicio a las Juntas y sobre el trabajo sostenido que exige la defensa de los derechos humanos. “Hay que seguir peleando”, afirmó, y llamó a aprender de las acciones realizadas para ampliar su alcance.

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