La reedición de "Los cuarenta días del Musa Dagh": dos lecturas sobre la literatura y la resistencia armenia

La periodista y escritora Lala Toutonian y la escritora Ana Arzoumanian presentaron el martes 27 de octubre la nueva edición de Los cuarenta días del Musa Dagh, de Franz Werfel, publicada por el Fondo de Cultura Económica. El encuentro, organizado junto con Hamazkaín en el Espacio de Arte de la Asociación Cultural Armenia, permitió conocer dos lecturas de la novela publicada originalmente en 1933, que reconstruye la resistencia de los armenios de Musa Dagh durante el Genocidio Armenio de 1915 perpetrado por el Estado turco.
La actividad comenzó con las palabras de Sofía Rau, quien presentó la nueva edición, con traducción de Johanna Malcher. Recordó la repercusión que alcanzó la novela durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente entre los judíos del gueto de Varsovia, donde circuló entre quienes enfrentaban la persecución nazi.

A continuación se proyectó un documental sobre los acontecimientos de 1915, cuando los habitantes de seis aldeas armenias se refugiaron en Musa Dagh (Musa Ler, en armenio) para resistir las órdenes de deportación de las autoridades otomanas. Después de 53 días de resistencia, alrededor de 4.200 armenios fueron rescatados por buques franceses y trasladados a Puerto Said, en Egipto.
Lala Toutonian contó que había leído la novela unos veinte años atrás y que, al retomarla para esta presentación, descubrió una lectura diferente. Esta vez se detuvo especialmente en la relación entre literatura y resistencia. “Creo que tanto escribir como resistir son, en el fondo, el mismo gesto: plantarse”, afirmó. En ambos casos, sostuvo, se trata de impedir que la última palabra quede en manos de quien tiene la fuerza.
Recordó el viaje que Franz Werfel realizó a Damasco en 1929, donde conoció a niños armenios sobrevivientes del Genocidio que trabajaban en una fábrica de alfombras, una experiencia que lo impulsó a escribir la novela. “La historia es precisa, tiene fechas, tiene cifras, tiene tratados. Las fechas no tiemblan, las cifras no tienen manos. Y un tratado nunca va a oler a pan recién horneado en un pueblo que ya no existe. Eso lo guarda la literatura”, señaló.
Toutonian dijo que Werfel, un escritor judío, les había prestado su voz a los armenios para que la historia de Musa Dagh llegara a lugares donde todavía no se conocía.
También habló de Gabriel Bagradian, el protagonista de la novela, un armenio que había construido su vida en París y que, al regresar a su tierra, termina encabezando la resistencia. Destacó que Werfel retrata a los armenios con sus contradicciones, conflictos y relaciones personales, sin convertirlos en figuras idealizadas. En el desenlace, Bagradian decide permanecer en la montaña junto a la tumba de su hijo mientras los sobrevivientes son evacuados. “Hay salvaciones que se pagan con un hijo”, expresó.

La periodista recurrió a las ideas de Beatriz Sarlo y Ricardo Piglia para referirse a la memoria, los relatos oficiales y el papel de la literatura frente al poder. “Para nosotros el relato oficial fue siempre el de la negación, y frente a la negación los armenios respondimos de la única manera posible: contando nuestra historia”, afirmó.
“Resistir no es sobrevivir. Sobrevivir es un hecho, resistir es una decisión”, señaló. Hacia el final de su exposición volvió a la imagen de los niños armenios que tejían alfombras en Damasco y comparó ese trabajo con la construcción de la memoria colectiva, a la que cada generación aporta sus propios hilos.
Ana Arzoumanian celebró la reedición de la novela en un momento de dificultades para la industria editorial. Recordó un encuentro académico sobre el Genocidio Armenio y el Holocausto, durante el cual una investigadora judía había destacado la influencia de Los cuarenta días del Musa Dagh en la resistencia de los guetos de Varsovia y Vilna. Aquella intervención la había sorprendido: los investigadores armenios habían recurrido durante años a los estudios sobre el Holocausto para abordar el Genocidio Armenio, pero la resistencia de Musa Dagh también había servido de inspiración a los judíos que enfrentaron el exterminio nazi.
Al volver a leer la novela para esta presentación, Arzoumanian encontró elementos que la llevaron a una conclusión que ella misma anticipó como controversial: “Encontré que el libro es más un libro judío que un libro armenio”.
Explicó que las distintas tradiciones literarias tienen maneras propias de imaginar y narrar. En la obra de Werfel identificó elementos del imaginario bíblico, como el éxodo, la persecución, los cuarenta días, la montaña y la preservación de la memoria. También se preguntó si la construcción de Gabriel Bagradian, cuya identidad armenia aparece inicialmente relegada frente a su vida europea, no respondía más a la experiencia de asimilación de los judíos europeos que a la de un armenio de 1915.
Otro aspecto que destacó fue la presencia del odio en la literatura. Señaló que la literatura judía reconoce y nombra ese sentimiento, mientras que en la literatura armenia sobre el Genocidio la palabra prácticamente no aparece. “Eso no quiere decir que no haya”, aclaró, y mencionó que los escritores armenios suelen referirse a otros sentimientos y conflictos, como la envidia, los celos o la traición.
Arzoumanian dedicó buena parte de su intervención a Juliette Bagradian, la esposa francesa del protagonista, a quien identificó con Europa. “¿De qué sirve pertenecer a una cultura que se considera universal si no se puede reconocer como propia la desgracia del otro?”, se preguntó. Gabriel termina encabezando la resistencia y Juliette quiere regresar a Francia. “Ella vuelve, él se queda”, señaló.

La escritora llevó esa lectura al presente y planteó que Musa Dagh podía representar también a Armenia o a Artsaj, frente a una Europa que sigue ocupando un lugar importante en las expectativas de los armenios.
Habló también del retorno. Señaló que entre los judíos existió una voluntad de regreso que llegó a concretarse, mientras que la diáspora armenia, más allá de las iniciativas durante el período soviético, no había imaginado ni construido ese retorno de la misma manera. “¿Quién sería entonces nuestra Juliette de hoy, nuestra idea de mundo, de salvación europea o americana? ¿Qué barco nos va a salvar?”, preguntó.
Arzoumanian expresó además su deseo de conformar un grupo de traductores que permitiera publicar en castellano obras de autores armenios como Vahé Oshagán y Zabel Yesayan. Señaló que sus obras permitirían conocer otras maneras de narrar la experiencia armenia, con cuestiones vinculadas con el cuerpo, las relaciones personales y la traición, que tienen un tratamiento diferente al de la novela de Werfel.

El cierre estuvo a cargo de Edgardo Kevorkian, presidente de la filial Vartán Kevorkian de Hamazkaín, quien llevó consigo un ejemplar de Los cuarenta días del Musa Dagh editado en Barcelona en 1953, que había recibido como regalo muchos años atrás.
Kevorkian reflexionó sobre la importancia de la lectura y evocó la historia de su tío Arsén, quien había participado de la resistencia armenia de Aintab y, después de establecerse en la Argentina, aprendió a leer con la ayuda de su hermana. Recordó que Arsén caminaba veinte cuadras para retirar Diario ARMENIA y que, a pesar de no haber recibido educación formal, había formado una biblioteca con libros de historia, política y otras disciplinas.
En ese sentido expresó su preocupación por los cambios en los hábitos culturales y el predominio de las pantallas. “La disyuntiva no es si papel o pantalla, la disyuntiva es si leer o no leer”, sostuvo.
En nombre de Hamazkaín agradeció al Fondo de Cultura Económica, a las expositoras y al público que participó de la presentación. El encuentro concluyó con una invitación a compartir un vino de honor.










