La hipocresía de Ilham Aliyev: Azerbaiyán organizó un foro mundial de diálogo religioso tras la guerra, el bloqueo genocida y la limpieza étnica de los armenios cristianos de Artsaj

29 de octubre de 2026

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, inauguró el 27 de octubre en Bakú el 7º Foro Mundial sobre Diálogo Intercultural, bajo el lema “Diálogo para un futuro compartido”, donde presentó a su país como un modelo de tolerancia religiosa, multiculturalismo y convivencia pacífica. Durante su discurso, reivindicó las ofensivas militares de 2020 y 2023 contra la República de Artsaj (Nagorno Karabaj), responsabilizó a Armenia por el conflicto y afirmó que Azerbaiyán actuó exclusivamente en legítima defensa, sin mencionar el bloqueo genocida de nueve meses, la limpieza étnica y el desplazamiento forzado de toda la población armenia cristiana de Artsaj, ni las denuncias sobre la destrucción de su patrimonio religioso y cultural.

El encuentro reunió a más de 2.000 participantes inscriptos, incluidos más de 500 invitados extranjeros procedentes de más de 100 países, y contó con la participación de representantes de organismos internacionales como la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, la UNESCO, la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) y Turismo de las Naciones Unidas.

Durante la apertura, Aliyev aseguró que la convivencia entre diferentes comunidades religiosas constituye uno de los principales valores de Azerbaiyán.

“Las tradiciones de multiculturalismo, tolerancia religiosa y étnica son valores que nuestro pueblo ha practicado a lo largo de los siglos y que apreciamos enormemente”, afirmó.

El mandatario agregó que los habitantes de su país, independientemente de su religión u origen étnico, disfrutan de los mismos derechos.

“Los representantes de todos los grupos étnicos y todas las religiones no solo gozan de los mismos derechos según nuestra Constitución, sino que también conviven como una sola familia. Disfrutamos de un alto nivel de solidaridad, respeto y comprensión mutuos”, sostuvo.

Las declaraciones contrastan con la situación de la población armenia cristiana de Artsaj, que fue desplazada en su totalidad después de la ofensiva militar azerbaiyana del 19 de septiembre de 2023.

El ataque se produjo después de nueve meses de bloqueo del corredor de Lachín/Berdzor, la única conexión terrestre entre Artsaj y Armenia, durante los cuales la población armenia sufrió restricciones al abastecimiento de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales. La ofensiva terminó con el éxodo forzado de más de 120.000 armenios nativos de Artsaj, quienes abandonaron sus hogares ante el avance de las fuerzas azerbaiyanas. Tres años después, esas personas continúan desplazadas y no existen garantías internacionales para su retorno seguro y colectivo a sus localidades de origen.

Aliyev omitió estas circunstancias al presentar a Azerbaiyán como un ejemplo de armonía religiosa y étnica. Tampoco hizo referencia a los dirigentes políticos y militares armenios de Artsaj encarcelados en Bakú ni a los reclamos internacionales por su liberación.

El mandatario volvió a utilizar la denominación “operación antiterrorista” para describir la ofensiva militar de septiembre de 2023 y la presentó como una acción destinada a restablecer la soberanía azerbaiyana. “Nos defendimos. Derrotamos al enemigo. Liberamos nuestros territorios, que habían estado bajo ocupación armenia durante 30 años. Restablecimos la justicia. Restablecimos nuestra dignidad y el derecho internacional”, afirmó.

Aliyev sostuvo además que Azerbaiyán actuó exclusivamente para implementar las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobadas en 1993. Sin embargo, esas resoluciones no autorizaron una guerra contra la población civil de Artsaj, el bloqueo de sus suministros esenciales ni su desplazamiento forzado. La referencia a la integridad territorial tampoco responde a las denuncias sobre las condiciones en las que fue expulsada la población armenia.

El presidente azerbaiyano defendió nuevamente la guerra de 2020 y la ofensiva de 2023 como ejemplos de resolución de conflictos que, según afirmó, deberían ser estudiados internacionalmente. “Creo que quienes están en guerra actualmente deberían analizar esta experiencia, ya que probablemente desconocen cómo detenerla”, declaró.

La afirmación resulta contradictoria con el propio desarrollo de los acontecimientos: Azerbaiyán lanzó la guerra de los 44 días en septiembre de 2020, realizó nuevas operaciones militares contra territorio soberano armenio en 2022 y atacó Artsaj en septiembre de 2023, cuando su población se encontraba sometida al bloqueo del corredor de Lachín/Berdzor. “No queríamos guerras interminables ni venganza. Aunque creo que también hay que tener en cuenta las emociones. Siempre digo que nos vengamos en el campo de batalla y que no debemos ir más allá”, afirmó.

El mandatario presentó además a Azerbaiyán como impulsor del proceso de paz con Armenia, pese a que las autoridades de Bakú mantienen reivindicaciones y exigencias hacia Ereván, entre ellas la modificación de la Constitución armenia.

Otro de los aspectos omitidos durante el foro fue la situación del patrimonio cristiano armenio de Artsaj, que permanece bajo control azerbaiyano desde septiembre de 2023. Después del desplazamiento de la población, organizaciones dedicadas a la protección del patrimonio cultural denunciaron la destrucción, alteración y apropiación de iglesias, monasterios, cementerios y otros monumentos vinculados con la historia armenia de la región. Entre los casos denunciados se encuentran las intervenciones sobre edificios religiosos armenios y la presentación de monumentos históricos como parte de un patrimonio ajeno a su identidad armenia. Estas denuncias adquieren particular importancia ante el discurso de tolerancia religiosa promovido por Bakú, ya que las iglesias y monasterios de Artsaj constituyen testimonios históricos de la presencia cristiana armenia en el territorio. Aliyev, sin embargo, dedicó parte de su intervención a acusar a Armenia por la destrucción de monumentos religiosos azerbaiyanos, sin abordar las denuncias relativas a los sitios cristianos armenios bajo control de su gobierno.

De esta manera, su discurso reprodujo una estrategia de propaganda espejo: atribuyó a Armenia agresiones militares, limpieza étnica y destrucción del patrimonio religioso, mientras presentó las acciones de Azerbaiyán como medidas defensivas y compatibles con el derecho internacional.

La contradicción se extendió a las intervenciones de los representantes de organismos internacionales que participaron del foro. El subsecretario general de las Naciones Unidas y alto representante de la Alianza de Civilizaciones, Miguel Ángel Moratinos, agradeció públicamente al presidente azerbaiyano. “Su Excelencia el Sr. Ilham Aliyev, muchas gracias, como siempre, por su inspirador compromiso, ideas y visión. Le agradecemos que nos haya invitado a este foro tan importante. También quisiera expresar mi gratitud a la Sra. Leyla Aliyeva”, declaró.

Moratinos destacó además la cooperación entre la Alianza de Civilizaciones y las autoridades azerbaiyanas para desarrollar el denominado Proceso de Bakú, una iniciativa internacional de diálogo intercultural impulsada desde 2008.

La participación de un alto funcionario de las Naciones Unidas y sus elogios a Aliyev se produjeron sin que, en las declaraciones difundidas durante la apertura, se abordara la situación de los armenios desplazados de Artsaj ni la ausencia de garantías para su retorno.

Por su parte, el secretario general de la Organización para la Cooperación Islámica, Ismail Ould Cheikh Ahmed, agradeció a Azerbaiyán por su contribución al diálogo entre religiones.

“En efecto, en Azerbaiyán se defienden con gran rigor los valores islámicos y la coexistencia interreligiosa. Señor Presidente, en nombre de la Organización para la Cooperación Islámica, le expreso una vez más mi gratitud por las contribuciones de Azerbaiyán al diálogo intercultural”, sostuvo.

La declaración elogió la convivencia religiosa en Azerbaiyán sin mencionar el destino de los habitantes cristianos armenios de Artsaj, expulsados de sus hogares después de las operaciones militares ordenadas por el mismo gobierno anfitrión.

También intervino Alexandre Zouev, secretario general adjunto en funciones de la Oficina de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, quien destacó la importancia de proteger los lugares religiosos y culturales.

“Por lo tanto, proteger estos sitios es esencial para preservar la voluntad y la capacidad de las comunidades para coexistir pacíficamente”, afirmó.

Zouev también elogió el compromiso azerbaiyano con la conservación del patrimonio religioso, sin referirse en esa intervención a las denuncias sobre la situación de las iglesias y monasterios armenios de Artsaj.

La subdirectora general de la UNESCO, Åsa Regnér, agradeció la colaboración del gobierno azerbaiyano con el organismo internacional y destacó el trabajo conjunto para sostener el foro.

“La UNESCO seguirá trabajando con Azerbaiyán y todos sus socios para garantizar que el diálogo intercultural sirva en la práctica como una base sólida para la paz entre las naciones y los pueblos de todo el mundo”, declaró.

Las intervenciones de los representantes internacionales se desarrollaron mientras continúan los reclamos por la protección del patrimonio armenio de Artsaj, el derecho al retorno de sus habitantes y la liberación de los prisioneros armenios.

El Foro Mundial sobre Diálogo Intercultural también fue utilizado por Aliyev para promocionar el papel internacional de Azerbaiyán, sus relaciones estratégicas con Estados Unidos y China, su vinculación con países de la Unión Europea y su condición de proveedor energético.

El mandatario anunció que Bakú será sede de la Cumbre de la Organización para la Cooperación Islámica en 2027 y de la Comunidad Política Europea en 2028, acontecimientos que presentó como reconocimientos a las políticas de su gobierno.

Durante su intervención, el presidente azerbaiyano aseguró que la política estatal de multiculturalismo de su país consiste en “construir puentes en lugar de muros”.

La afirmación fue pronunciada por el mismo mandatario que ordenó las operaciones militares contra Artsaj, defendió el bloqueo del corredor de Lachín y continúa sin ofrecer garantías para el regreso de la población armenia cristiana expulsada de la región.

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