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A 35 años del patriótico sacrificio de los Jóvenes de Lisboa

El 10 de diciembre de 1983 asumía la presidencia Raúl Alfonsín. El entonces jefe de estado de Portugal, Mario Soares; se encontraba de visita oficial para asistir a la ceremonia oficial.

Facsímil de la publicación del Diario ARMENIA

Facsímil de la publicación del Diario ARMENIA

 

Unión Juventud Armenia llevó a cabo una manifestación frente a la embajada de ese país (ver imagen superior) y logró que Soares se acercara a dialogar con los jóvenes armenios. Inmediatamente, una delegación integrada por los compañeros Manuel Daghlian, Garo Arslanian y Osvaldo Djeredjian ingresó a la legación y mantuvo una conversación con Soares.

 


 

Veinticinco años atrás y una protesta por nuestros jóvenes mártires

 

“No hay ninguna razón para matar ni para morir”, decía John Lennon a comienzos de los 70. En ese 1983 yo tenía 27 años y sentía esa afirmación falsa, por subjetiva.

Sesenta días antes de esa tarde de diciembre de 1983 había votado por primera vez en mi vida y el aire fresco y libre de la democracia tenía eufóricos a los jóvenes de Unión Juventud Armenia (UJA) que reclamábamos en la puerta de la embajada de Portugal en Buenos Aires.

La Policía Federal custodiaba la sede diplomática. La cana de la dictadura, en su primer día de la democracia, dudaba en el modo de tratarnos y de cómo hacerlo delante de tantas visitas extranjeras que se habían convocado a la ciudad por la asunción del presidente Raúl Alfonsín.

Primero trataron de dispersarnos pero nos mantuvimos unidos, sin retroceder. Exponíamos nuestro reclamo por medio de un megáfono. El pedido de explicaciones a viva voz, conjuntamente con la pretensión de dejar un documento que expusiera nuestra posición frente al brutal proceder del gobierno de Portugal en la toma de la embajada turca de Lisboa, nos hizo llegar hasta la puerta misma de la sede donde se nos comunicó que debían consultar al embajador.

A los pocos minutos salió el premier Mario Soares a recibir nuestro petitorio e invitó a conversar al interior de la embajada a tres de nosotros. Pasamos por los jardines de la sede hasta llegar a una pequeña recepción y en una reunión breve escuchó nuestro cuestionamiento al proceder de las fuerzas de seguridad portuguesas que habían matado a los cinco jóvenes armenios que tomaron la embajada turca.

Soares argumentó que la seguridad del cuerpo diplomático extranjero era responsabilidad de su gobierno y por eso habían actuado las fuerzas portuguesas pero en relación a las muertes dijo: “… cuando nuestras fuerzas ingresaron encontraron a todos los jóvenes muertos…”sic.

No les creímos porque, a diferencia de lo que dijo Lennon, nosotros sí creíamos que había razones para matar y razones para morir y nuestros cinco héroes así lo demostraron.

Osvaldo Djeredjian

 

 

 

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