A un año de los Acuerdos de Washington: lo que avanzó y lo que quedó afuera

13 de agosto de 2026

A un año de la firma de los Acuerdos de Washington entre Armenia y Azerbaiyán, con la mediación del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, los tres gobiernos difundieron una declaración conjunta en la que destacaron la estabilidad en la frontera, los avances en la delimitación, la apertura comercial y los progresos en el proyecto TRIPP. También reafirmaron su compromiso con la plena implementación de la declaración firmada el 8 de agosto de 2025.

Entre los resultados mencionados en el documento aparecen la creación de la empresa encargada del desarrollo de TRIPP, el inicio de estudios de ingeniería en Armenia, el avance de obras ferroviarias y viales en Azerbaiyán, el transporte de unas 60.000 toneladas de mercaderías a través de territorio azerbaiyano y el suministro de 20.000 toneladas de productos petroleros a Armenia. Estados Unidos, además, destinó 201 millones de dólares a un fondo destinado a impulsar inversiones en el llamado Corredor Medio.

La declaración presenta esos avances como prueba de que quedaron atrás décadas de conflicto y comenzó una nueva etapa de paz y prosperidad. Sin embargo, un año después, varias cuestiones siguen abiertas.

El acuerdo de paz todavía no fue firmado. En Washington, Pashinyan y Aliyev rubricaron inicialmente el texto, pero Azerbaiyán sigue condicionando la firma definitiva a una modificación de la Constitución armenia, entre otras cuestiones. Tampoco hubo avances significativos en la delimitación fronteriza desde 2024. Es por eso que, hablar de una paz ya consolidada, todavía parece prematuro.

El especialista en asuntos internacionales Suren Sargsyan advierte que TRIPP forma parte de un proyecto estadounidense mucho más amplio: conectar Asia Central con Europa a través del Cáucaso Sur y reducir la dependencia de las rutas que atraviesan Rusia, China e Irán. Para Washington, sostiene, no se trata solamente de una iniciativa económica, sino también estratégica. Su implementación todavía enfrenta obstáculos, entre ellos la cuestión ferroviaria y la tensión entre Estados Unidos e Irán, especialmente por la cercanía de la futura infraestructura con la frontera iraní.

Ahí aparece uno de los principales reparos de Irán. TRIPP quedaría junto a su frontera norte y sería uno de los proyectos con mayor presencia estadounidense en sus inmediaciones. Teherán viene advirtiendo que cualquier esquema de conectividad en Syunik debe preservar plenamente la soberanía armenia y evitar una presencia extranjera que altere el equilibrio regional. Por eso, la relación entre Washington y Teherán puede terminar siendo uno de los condicionantes del proyecto.

Analistas más críticos cuestionan el alcance real que conservará Armenia sobre un proyecto cuyo desarrollo quedaría durante décadas en manos de una compañía con mayoría accionaria estadounidense y advierte sobre los intereses geopolíticos que acompañan al discurso de conectividad regional.

En el balance del primer aniversario Artsaj prácticamente no aparece. Tampoco los más de cien mil armenios desplazados por la fuerza en 2023, su derecho al retorno, los prisioneros armenios que permanecen en Azerbaiyán ni el patrimonio histórico y religioso que quedó bajo control de Bakú. Es obligación del Gobierno armenio pero sabemos que para Nikol Pashinyan no es prioridad, al contrario

Sí se recuerda, en cambio, la disolución del Grupo de Minsk de la OSCE como una señal de que la etapa del “conflicto no resuelto” terminó. Para los gobiernos de Armenia, Azerbaiyán y Estados Unidos, esa decisión forma parte del nuevo escenario. Para los más de 120.000 armenios de Artsaj, significa también que una de las pocas estructuras internacionales creadas específicamente para abordar el conflicto dejó de existir sin que sus derechos hayan encontrado una solución.

Un año después, los Acuerdos de Washington muestran resultados concretos en materia de comunicaciones, comercio y presencia estadounidense en la región. También permiten ver con claridad qué temas ocuparon el centro de la agenda y cuáles directamente desaparecieron de ella.

La paz no puede medirse solamente por la ausencia de disparos ni por la cantidad de toneladas que atraviesan una frontera. También debe medirse por la situación de quienes perdieron su tierra, por quienes siguen detenidos y por los derechos que todavía esperan una respuesta. Ese balance no es positivo.

Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA

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