Alberto Aksarlian: “Redefinimos el concepto cerrado de identidad”

04 de febrero de 2020

Beto, para quienes lo conocemos, es la imagen más precisa, la identidad mejor delineada de lo que es un miembro activo de la comunidad armenia en Argentina. Un tipo joven, profesional, músico también, hombre de familia, con dignos valores heredados. Divertido e inteligente, Aksarlian es la persona ideal para sentarse a hablar y escuchar por horas.

—Contanos tu historia familiar.

—Es una historia más de las tantas familias armenias de la diáspora sobrevivientes del Genocidio Armenio. Mis abuelos paternos Ohannés y Vartení Aksarlian, oriundos de Krkaghach y Esmirna respectivamente, escapan junto a sus familias a Grecia. Mi padre y sus hermanos nacen ahí y en 1950 vienen a Argentina donde se establecen. De lado materno, mi abuelo Antranik Lomlomdjian, es oriundo de Marash. La familia sobrevive la deportación llegando a Siria, regresan a Marash en 1922 de donde son nuevamente expulsados volviendo a Siria, y finalmente en 1930 llegan a Argentina. Mi abuela María Elaghiozian nació en Buenos Aires, su familia era originaria de Gudina (lugar de nacimiento de Gomidás Vartabed) y exiliada a través de Europa del este.

—¿Los Akasarlian?

—Mis padres se conocieron en el Agump Zartarian de Flores. Mi padre, Pedro, fue scout de Homenetmen y militó en UJA y mi madre Susana Lomlomdjian fue docente en Arzruní y Jrimian. Siempre fue una familia con una profunda identidad armenia. Mis viejos son responsables de mi educación y formación, al igual que la de mis hermanos. De ellos recibimos los valores, el espíritu de sacrificio y trabajo, y el estudio, como fuentes de progreso y desarrollo. Construyeron con mucho esfuerzo y dedicación el Centro Cid, donde mi papá comenzó con un pequeño equipo de Rayos X en una casa alquilada. Y el crecimiento vino de la mano de la dedicación y el trabajo. Hoy toda la familia trabaja allí. Tuve el privilegio de disfrutar de mis cuatro abuelos hasta pasados mis 30 años, palpar sus historias compartiendo muchas vivencias, desde los cuidados y malcrianzas de las abuelas en la infancia hasta compartir largas charlas de historia y filosofía en idioma armenio con mi abuelo Ohannés, o militar con mi abuelo Antranik, manifestando junto a él frente a la embajada turca.

—Sos médico, contanos tu formación.

—Mis estudios los inicié en Jrimian desde muy chico y luego, primaria y secundaria las cursé en San Gregorio. Me gradué de médico en la Facultad de Medicina (UBA) y posteriormente me especialicé en Cardiología en el Hospital Israelita, donde hice la residencia y la jefatura de residentes. Actualmente trabajo en el Policlínico del Docente como médico de la Unidad Coronaria y Recuperación de Cirugía Cardiovascular y en el Centro de Diagnóstico CID, a cargo del departamento de cardiología. Me moviliza mucho hasta el día de hoy ayudar a la gente a mejorar su salud, mitigar su sufrimiento y acercarla a una mejor calidad de vida.

—¿Y Nor Arax?

—Desde muy chico me sentí atraído por la música y estudié piano. Siempre me apasionó la música armenia, la de mis raíces. No se contaba en esa época con mucho material por estos pagos así que fuimos bastante autodidactas. Fui docente de música en Arzruní y Backchellian. Guardo muy lindos recuerdos, más que nada porque una de las cosas que más me emociona es escuchar a los chiquitos cantar en armenio. Es algo mágico y único. Nor Serunt fue el conjunto inicial, de breve duración, junto a compañeros del colegio pero lo que marcó para siempre mi vida junto a la música armenia fue el Conjunto Nor Arax, donde ingresamos con mi hermano Archi en 1990 invitados por Tommy Tzeranian y Cristian Torosian. Luego se incorporaría mi otro hermano, Cristian. Nor Arax es un grupo de amigos que disfrutan de compartir el amor por la música armenia, además de desarrollar campañas solidarias, apadrinar dos aulas del Colegio Bakchellian, transmitir un pedacito de nuestra cultura en cada evento, y expresar a través de la música los justos reclamos del pueblo armenio. El conjunto me permitió recorrer miles de escenarios, tener el privilegio de acompañar al más grande, Arturo Kouyoumdzian y vibrar junto a su voz, y llegar a tocar en Armenia y Artsaj, el sueño más grande cumplido. También componer algunas canciones, de las que destaco “Arevmdeán Hayastan” (que expresa el reclamo por la Armenia occidental usurpada y el objetivo de la Armenia Libre, Independiente y Unificada) y “Nuestro Legado”, un tango que le escribí a mi abuelo y que narra la historia de muchos armenios exiliados que llegaron a la Argentina y construyeron nuestra comunidad.

—Siempre militaste.

—Estando en la secundaria sentí que necesitaba hacer algo más que ir a la escuela respecto a mi identidad armenia. Comencé a militar en Unión Juventud Armenia y más tarde en las filas de la FRA – Tashnagtsutiún, identificándome con sus valores humanísticos, los objetivos nacionales y su visión social y política. Esto ha sido fundamental en mi formación personal y en mi labor comunitaria, tomando de ellos toda su riqueza para intentar sumar mi humilde aporte a la comunidad y a la lucha por la Causa Armenia. Reuniones, campamentos, actividades políticas, sociales y culturales, manifestaciones y marchas, congresos y hasta un viaje a un Encuentro de Juventudes en Hayastán son parte de esta historia. Hoy y desde hace muchos años, sumado a mi familia, a mi profesión y a mi actividad musical, mantengo esa militancia, además de trabajar voluntariamente en el Colegio Armenio Arzruní desde su comisión directiva para contribuir a su desarrollo y a la educación de las nuevas generaciones.

Un objeto. Destaco dos: la revista Gamk, órgano de difusión de UJA donde expresábamos nuestra opinión y pensar. Y el libro de uno de los recitales de la campaña ”Nor Arax por las escuelas”.

—Contanos sobre tu familia.

—Mi núcleo familiar lo conforman mi esposa Analía, que es docente en Arzruní, y mis hijas Sol y Candela, ambas egresadas del mismo colegio y actuales estudiantes universitarias. Las dos forman parte además de la Agrupación Scout Ararat, y Candela del equipo de handball de Homenetmen. Con mi señora les transmitimos los valores para que forjen su propia identidad y sean personas de bien.

—¿Cuál es tu visión sobre la comunidad?

—Siendo una de las más antiguas de la diáspora post genocidio, ya lleva varias generaciones. En este trayecto y de acuerdo a la inserción en la sociedad argentina hemos tenido que redefinir el concepto cerrado de identidad que teníamos cuando éramos chicos, y replantearlo acorde a una realidad concreta. Hoy forman parte de la comunidad los descendientes de armenios y aquellos que no lo son y se acercan o se identifican con ella. El ejemplo más claro está en las escuelas, abiertas a la comunidad, entrelazando valores culturales, desarrollando “lo armenio” para todos. Estoy convencido que es necesario fortalecer la estructura de nuestra comunidad antes de que sea demasiado tarde. Se han perdido años valiosos en luchas intestinas que no solo no condujeron a nada sino que nos desviaron del eje principal en momentos cruciales, como redefinir objetivos ante el cambio generacional. El camino lo veo trazando estrategias y definiendo objetivos comunes entre todas las instituciones. IARA me parece un ámbito adecuado para desarrollar una visión conjunta que nos permita no solamente afrontar el día a día, sino tener una proyección que nos permita avanzar y crecer. Fortalecer lazos con Hayastán-Artsaj, revalorizar la enseñanza del idioma y la cultura, y por sobre todo acercarnos a la gente, conociendo sus necesidades e inquietudes (creo que fallamos en esto último), son parte del camino para sumar gente activa y acercar a los que por uno u otro motivo se alejaron.

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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