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Alberto Nacachian: “Somos una comunidad muy apreciada y respetada”

Alberto Nacachian tiene 91 años y desde muy chico comenzó a sacar fotos junto a su padre, quien le enseñó el oficio a sus doce años. Actualmente trabaja junto a su hijo en el local familiar que fundó hace 80 años y conserva la cámara que usó para retratar a muchas familias.

—¿Cómo comenzó “Apolo Outdoor”?

—El local lo abrió mi padre en 1939. Después lo continué yo y ahora me acompaña mi hijo. Mi padre me lo transmitió y ahora se lo transmito a mi hijo y mis nietos. En un comienzo tenía “Foto Arax” en Canning al 1500, y después se trasladó a Avenida Córdoba con el nombre de “Foto Apolo”. Nos vamos desenvolviendo felizmente, trabajando y luchando como todo el mundo.

—Palermo siempre fue la “Pequeña Armenia”, ¿cómo fue cambiando?

—No veo que haya una deficiencia grande del contacto con la armenidad. Yo estoy muy en contacto, tengo a mis amigos en este núcleo. Creo que se ha incrementado el número de armenios en la zona. Después muchos se fueron ramificando y hoy, por ejemplo, Alsina también es una “Pequeña Armenia”. Acá nos sentimos muy cómodos y así seguimos. Nos conocemos todos. Felizmente somos una comunidad muy apreciada y respetada, eso no tiene precio. Te ven el “ian” y sonríen. Nos quieren. Cuando se enteran que en el local somos armenios, enseguida se acuerdan de algún amigo o familiar que conocen.

—¿Cómo fue su trayectoria?

—Como cualquier otro fotógrafo, hacía fotos sociales. Empezó mi padre con la cámara sacando fotos en casamientos, comuniones, a familias. La cámara tiene muchas historias. Siempre fue muy satisfactorio sacar fotos, que la gente se vaya conforme y contentos de que los haya atendido. En Canning tenía un local chiquito y fuimos creciendo con mucho esfuerzo. También sacaba fotos en los colegios Jrimian y San Gregorio, además de algunos colegios argentinos.

—¿Conserva material de archivo de esas épocas?

—Lamentablemente, antes teníamos el local a unos metros del actual y tres o cuatro meses antes de mudarnos el piso de arriba se inundó y se llenó de agua el archivo. Nos destrozó todo, tenía un montón de fotos. Entre ellas las de Aram Khachadourian cuando​ había venido a la Argentina y solo pude rescatar una.

—¿Cómo llegó a sacarle fotos a Khachadourian?

—El día que llegó a Buenos Aires, en 1957, me llamaron por teléfono para pedirme que prepare el estudio para sacarle fotos. Me empezaron a temblar las piernas. Era la primera figura armenia importante que venía al país. Me produjo una alegría y emoción muy grande. Cuando me junté con él me puse muy feliz pero lamentablemente en aquella época él no se mostraba muy contento. En reuniones o cenas cambiaba, pero en público no sonreía. Acá tenía mucha libertad. Es la foto más importante que tengo. Durante mi carrera saqué fotos a las personalidades armenias que venían.

—¿Cómo fue mutando la fotografía?

—Siempre saqué con la cámara de mi padre en el estudio y con las de 35 milímetros, cámaras buenas Canon y Rollei. La era digital terminó con el estudio fotográfico, empezaron a dejar de tener sentido para fotos sociales. Ahora se usan en el área publicitaria.

Un objeto. La cámara de mi papá y la foto que conservo de Aram Khachadourian son muy importantes por la historia que tienen.

—¿Cómo es su relación con la armenidad?

—Los 28 de Mayo siempre fueron muy importante para mí. Una vez estábamos en el teatro Ópera y era la primera vez que se marchaba a la embajada turca. Ese día tenía tal emoción que me olvidé a mi hija en el teatro. Todos los que estamos en el ambiente llevamos dentro algo muy grande, es importante por lo que han sufrido nuestros padres. Lo que nos contaban era muy fuerte y ese sentimiento que tengo por la armenidad es enorme. No es solamente el idioma. Tengo mi espíritu armenio que lo voy transmitiendo a mi familia. Siempre participaba de las actividades. Hoy, mis hijos y mis nietos participan más que yo en las instituciones comunitarias. Por mi parte, cuando encontraba un hueco entre mi trabajo y el cuidado de la familia, estaba presente. Mis nietos están en Homenetmen y ese es el trabajo que uno hace y sus frutos. Algunos decían que se iba a perder lo armenio, pero hoy está muy bien y sigue todo con firmeza.

—¿Cómo ve a la comunidad armenia?

—No está mal, diga lo que se diga, sigue. Estamos más unidos ahora. Antes era dramático. He visto en la iglesia durante un 24 de Abril cómo dos personas se pelearon a los golpes por diferencias políticas. Llegar a ese extremo no estaba bien. Somos todos armenios y no somos todos iguales, cada uno tiene su forma de ser y de sentir. Pero mientras sea armenio, defienda el idioma y la cultura, el resto no importa. “Gank, gue menank iev ter gue shatanank”, esto se está cumpliendo. En mayor o en menor grado, pero se cumple. En estos momentos, que la comunidad armenia se siga manteniendo no es un milagro, es el esfuerzo de muchos.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com


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