Anticipo de libro: Se reedita Subasta de almas o Armenia arrasada

11 de enero de 2022

El año 2022 comienza con una importante noticia: está a punto de salir a la luz la cuarta edición en castellano del libro Subasta de almas o Armenia arrasada: La historia de Aurora Mardiganian, el testimonio de una adolescente que sobrevivió al genocidio perpetrado por Turquía contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923. Esta obra fundamental retrata en primera persona la barbarie humana y la tragedia del pueblo armenio. Como advierte el historiador Pascual Ohanian, “los testimonios de Aurora Mardiganian deben leerse como verdaderos documentos históricos”.

A poco más de cien años de la primera publicación del libro en castellano, la nueva edición fue traducida y corregida directamente del original en inglés de 1918 por Vartán Matiossian, quien, en un claro y necesario prólogo, manifiesta que “la narración debe leerse como el testimonio personal de una joven de catorce años que vio y vivió las más espantosas experiencias de la depravación”.

Matiossian cuenta que, luego de haber relatado su historia a un intérprete, Aurora Mardiganian se representó a sí misma en la película Subasta de almas, en una “inédita y traumática experiencia de protagonizar, en la pantalla grande, la catástrofe humanitaria que había vivenciado”. En este punto, la cita de Anthony Slide, historiador del cine mudo, hace referencia al shock que sufrió Aurora por el solo hecho de ver a los extras de la filmación vestidos como turcos.

El prologuista también dimensiona el proyecto iniciado hace más de treinta años por Eduardo Kozanlián, editor y alma mater del libro, y califica como una “pesquisa quijotesca” su búsqueda y el descubrimiento de los hasta ahora únicos quince minutos rescatados del filme. Así recuerda Kozanlian el día en que dio con parte del filme: “En mi hotel, apoyé ambas latas en la cama, sobre ellas la almohada, y descansé respirando a Aurora”.

Efectivamente, en las últimas páginas del libro, en el “Estudio acerca del libro y la película”, Kozanlian describe las pistas que siguió para descubrir los invalorables dos rollos de la película filmada y estrenada en 1919 en distintas ciudades del mundo. “La presentación de la película estuvo acompañada por un despliegue publicitario que nos asombra aún hoy”, describe. Subasta de almas se estrenó en Buenos Aires en septiembre de 1920, en el desaparecido cine Callao de la zona del Congreso, como se detalla en el texto. Al respecto, es interesante leer los comentarios en los diarios La Razón y La Nación en la prensa local.

La nueva edición de Subasta de almas o Armenia arrasada está enriquecida y potenciada por más de un centenar de notas con referencias puntuales a nombres, lugares y acontecimientos. La obra constituye un trabajo clave de recopilación de toda la información en torno a la historia de Aurora Mardiganian hasta el final de sus días en 1994. El contenido presenta, además, un estudio exhaustivo acerca de los avatares de las distintas ediciones del libro en las diferentes lenguas a las que fue traducido, e incluye un anexo de imágenes con las dieciséis fotografías originales del filme, sumadas a otras del archivo personal del compilador.

Esta nueva y cuidada versión, que próximamente saldrá a la venta en las librerías del país, fue editada por Ediciones Ediar, con los auspicios de la Asociación Cultural Armenia Hamazkaín.

Fragmento del capítulo Vll. “Malatiá: la ciudad de la muerte”

Una semana después de la matanza del desfiladero de Divrig, aquellos que sobrevivimos a las crueldades de nuestros guardianes nos hallamos a la vista de los minaretes de Malatiá, uno de los grandes puntos de convergencia para la concentración de los cientos de miles de armenios deportados hacia los desiertos de Siria, que por entonces sabía que sería el destino de aquellos a quienes se les permitiera vivir. Al vislumbrar los minaretes, no pude evitar excitarme en la esperanza de que tal vez el grupo de mi madre se habría detenido allí y que quizás podría hallarla.

Cuando nos aproximamos a la ciudad, pasamos a lo largo del camino que ya había cruzado un número infinito de deportados. Al borde del camino los turcos habían crucificado a dieciséis muchachas en burdas cruces de madera para ridiculizar la Crucifixión y como una advertencia a las jóvenes cristianas que llegaran vivas a Malatiá. Ignoro cuánto tiempo llevaban allí aquellos cadáveres, pero los buitres ya se habían reunido. Las jóvenes habían sido clavadas vivas sobre las cruces con gruesos clavos que atravesaban manos y pies. Sólo sus cabellos sueltos cubrían sus cuerpos.

–Vean –nos decían los guardias con gran satisfacción–, vean lo que les aguarda en Malatiá si no son obedientes.

En la ciudad y sus alrededores había más de veinte mil refugiados que aguardaban la orden de marcha. Los kurdos acampaban a corta distancia también, divididos en pequeñas bandas, cada una de ellas con su jefe, en espera del momento oportuno para atacar y saquear a los deportados. Los árabes cabalgaban por las colinas que bordeaban el horizonte en la lejanía: eran cuadrillas de bandidos que caían sobre los cristianos en la noche y se robaban a las mujeres y niñas más fuertes para dedicarlas a la cosecha en los campos. Los beyes y aghás turcos, y a veces algún pashá muy encumbrado, salían al camino para inspeccionar a cada grupo de deportados que llegaba a la ciudad, tratando de penetrar, con sus ojos crueles y libidinosos, los velos con los que las mujeres envolvían sus rostros para ocultar su juventud y belleza.

Todos los armenios que durante siglos habían tenido sus hogares en Sivás, Tokat, Agn, Erzingá, Kerasún, Samsún y en un sinnúmero de ciudades más pequeñas en el norte, habían sido forzados a dirigirse rumbo hacia Malatiá. Todos los ríos en el camino estaban teñidos de sangre; los valles eran enormes tumbas abiertas en las que miles de cadáveres permanecían insepultos: los desfiladeros estaban obstruidos con los muertos, y todos los turcos ricos que mantenían harenes, desde el Mar Negro hasta el río Tigris, tenían una o más concubinas nuevas, a veces hasta una veintena; infelices jóvenes armenias que habían sido raptadas para ellos durante la marcha hacia aquella ciudad.

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