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Artsaj: Cadetes mujeres en una academia militar hecha para hombres

En 2017, Eva Ghazaryan, de 18 años, se convirtió en la primera mujer en graduarse de la Academia Militar Kristapor Ivanyan. Actualmente estudia en la Universidad de Aviación Armenak Khamperyants en Ereván y planea desempeñarse en las fuerzas armadas de Karabagh después de obtener su título

En 2017, Eva Ghazaryan, de 18 años, se convirtió en la primera mujer en graduarse de la Academia Militar Kristapor Ivanyan. Actualmente estudia en la Universidad de Aviación Armenak Khamperyants en Ereván y planea desempeñarse en las fuerzas armadas de Karabagh después de obtener su título

Ereván (chai-khana.org).- Hace aproximadamente dos años, Arpiné Avanesyan, de 16 años, recibió lo que ella describe como el mejor regalo de cumpleaños. No era lo que la mayoría de las adolescentes desean, sino el consentimiento de sus padres para poder asistir a una academia militar.

El colegio militar Kristapor Ivanyan, administrado por el gobierno de Artsaj, ha sido mixto desde 2015. En abril de 2016, durante el auge del conflicto con Azerbaidján, estimularon a muchas de sus ahora 16 estudiantes a inscribirse.

Ubicado en la capital de Artsaj, Stepanakert, la academia prepara a 110 estudiantes de entre 14 y 17 años para una potencial carrera en el servicio militar. Si bien los cadetes, siguen el plan de estudios de las escuelas públicas, también aprenden combate cuerpo a cuerpo, preparación militar y sobre cómo disparar un rifle automático.

Sin embargo, la ruptura de los estereotipos parece haber sido la parte más difícil para las mujeres cadetes. La mayoría de las jóvenes inscriptas asegura que sus padres accedieron a su ingreso, solo después de una larga disputa. Es que muchos en esta región todavía tienen la visión tradicional del Cáucaso de que las mujeres deben cuidar a sus familias, dejando los asuntos militares para los hombres.

Toda la familia de Avanesyan, por ejemplo, se oponía a que ella asistiera a la escuela, excepto por su padre, quien combatió en la guerra de liberación con Azerbaidján a principios de los ‘90. “Luego de que la mayoría de los invitados se fueran de mi fiesta de cumpleaños, mi padre comentó a mis familiares que asistiría al colegio militar y que eso no se iba a discutir. Ninguno de ellos pudo contradecir su decisión”, recuerda. Salvo en la línea de frente, las mujeres ya sirven en todas las partes de las fuerzas armadas de Nagorno Karabagh.

La academia sigue el plan de estudios del resto de los colegios secundarios del país, complementados con conocimientos militares. Aquí los estudiantes siguen la tradición soviética y estudian con un supervisor de cara al siguiente día de clases.

La academia sigue el plan de estudios del resto de los colegios secundarios del país, complementados con conocimientos militares. Aquí los estudiantes siguen la tradición soviética y estudian con un supervisor de cara al siguiente día de clases.

El teniente coronel, Vahram Hakobyan, director de la escuela, afirma que luego de una visita a la prestigiosa academia militar Suvorov de Moscú, que era mixta, logró que el gobierno tomase la decisión de ir por este camino.

“Después de ver a las chicas cadetes en la escuela militar de Suvorov, pensé: ‘¿Por qué no darles también a las mujeres la oportunidad de convertirse en profesionales militares? Estoy seguro de que, en lo relacionado con el apoyo logístico, hay trabajos que pueden realizar tanto las mujeres como los hombres”, confiesa el director.

Aun así, como se dijo anteriormente, excluye en este punto la preparación de mujeres para la primera línea del frente, asegurando que no es un lugar para ellas. Pese a todo esto, las entrevistadas afirman que varios de sus compañeros varones todavía piensan que no deberían formar parte de la academia o el ejército. Si bien muchos no se oponen a la idea de tener compañeras en clase, las ven más como ayudantes que como iguales.

: Los cadetes tienen una hora libre después del almuerzo antes de reanudar las clases. Las mujeres tienen una sala especial, donde pasan el tiempo, hablan y escuchan música.

Los cadetes tienen una hora libre después del almuerzo antes de reanudar las clases. Las mujeres tienen una sala especial, donde pasan el tiempo, hablan y escuchan música.

Por su parte, Artak Petrosyan, de 20 años, asegura que las mujeres se colocarán detrás de los soldados varones de Artsaj y trabajarán en unidades de defensa aérea, cuerpos de comunicación o como enfermeras: La historia muestra que en situaciones de guerra muchas mujeres se apoyaban en sus esposos. Nuestras compañeras continúan esa tradición hoy en día.       

Lena Amirkhanyan, de dieciséis años, estudiante de segundo año, admite que no se inscribió por esto, sino porque su objetivo era convertirse en ingeniera militar. Algunas cuestiones de ser soldado ya la habían atraído, cuando en 2015, su familia se mudó de la ciudad de Dilijan a Karabagh, donde su madre había encontrado empleo como maestra. El conflicto de 2016 la “alentó” a seguir adelante e inscribirse en el Kristapor Ivanyan. “Me gusta pertenecer a una minoría y destacarme de alguna manera. Es muy agradable hacerlo con respecto al resto de la sociedad”.

El instituto, sin embargo, todavía no está completamente adaptado para las estudiantes. Si bien tienen los mismos uniformes y hay baños separados, hay pocos dormitorios para todos. De hecho, las autoridades planean un nuevo edificio para 30 cadetes, afirma Hakobyan.

Los graduados deben servir en las fuerzas armadas después de obtener sus títulos, pero no están obligados a elegir una carrera militar. Amirkhanyan, sin embargo, ya ha hecho su elección: “Si no sirvo, significará que desperdicié todos estos años”.

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