Azerbaiyán usó el Foro Urbano Mundial de Naciones Unidas WUF13 para celebrar la limpieza étnica de Artsaj, difundir propaganda contra Armenia y promover la narrativa de “Azerbaiyán Occidental”

20 de mayo de 2026

El gobierno de Azerbaiyán utilizó distintas actividades de la 13ª Sesión del Foro Urbano Mundial de Naciones Unidas (WUF13), realizada en Bakú el 18-19 de mayo, para presentar la ocupación de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj) tras la guerra, el bloqueo genocida y la ofensiva militar de septiembre de 2023 como un proceso de “reconstrucción”, “retorno” y “desarrollo sostenible”, mientras funcionarios del régimen de Ilham Aliyev difundieron acusaciones contra Armenia e instalaron la narrativa de “Azerbaiyán Occidental”, que proyecta una futura invasión sobre el territorio de la actual República de Armenia.

La ofensiva propagandística comenzó durante la ceremonia inaugural del WUF13, cuando el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, utilizó el foro organizado por ONU-Hábitat para reiterar acusaciones contra Armenia y Artsaj. En su discurso, afirmó que Artsaj y otras regiones “estuvieron bajo ocupación armenia durante 30 años”, sostuvo que Agdam fue “completamente destruida y aniquilada” y aseguró que “observadores y visitantes internacionales compararon Agdam con Hiroshima”.

Aliyev también presentó la ocupación de Artsaj y el desplazamiento forzado de su población armenia como parte de un “Programa del gran retorno”, afirmó que más de 85.000 azerbaiyanos viven actualmente en los territorios ocupados y sostuvo que “a diferencia de quienes vinieron solo para destruir”, Azerbaiyán actúa como “dueño de la tierra”. En su exposición no hizo ninguna referencia a la expulsión de más de 100.000 armenios de Artsaj ni a las denuncias internacionales sobre la destrucción sistemática del patrimonio cultural armenio bajo ocupación azerbaiyana.

Durante la jornada siguiente, el mismo encuadre se replicó de manera coordinada en conferencias, paneles sectoriales y actividades institucionales del WUF13. Ministros, asesores presidenciales, autoridades urbanísticas, representantes de empresas estatales y organismos vinculados a la sociedad civil utilizaron el foro para instalar una imagen de Azerbaiyán como Estado constructor y modernizador de los territorios que tomó por la fuerza, al tiempo que silenciaron la limpieza étnica que precedió a ese despliegue.

Uno de los principales ejes fue la presentación de Artsaj y de la región de Syunik, en el sur de Armenia, bajo las denominaciones azerbaiyanas de “Karabaj”, “Zangezur Oriental” y “corredor Zangezur”. En el panel “Ciudades en el centro de la conectividad: regeneración urbana y cooperación regional”, el ministro de Relaciones Exteriores de Azerbaiyán, Jeyhun Bayramov, afirmó que su país “promueve constantemente el desarrollo de conexiones de transporte multimodal como parte de su estrategia posterior al conflicto”.

Bayramov vinculó esa estrategia con la llamada “Iniciativa de Carreteras Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales”, acordada tras la Declaración de Washington de agosto de 2025, y sostuvo: “Esta iniciativa no solo proporcionará una conectividad multimodal fluida entre la parte principal de Azerbaiyán y la República Autónoma de Najicheván, sino que también creará un nuevo enlace estratégico que conectará Asia y Europa mediante ferrocarriles, carreteras, gasoductos, electricidad y cables de fibra óptica”.

El Canciller agregó que el ferrocarril Horadiz-Aghband y la nueva línea ferroviaria Kars-Igdir-Dilucu de Turquía “complementarán el corredor Zangezur, fortalecerán la conectividad regional y estrecharán aún más los lazos entre Asia y Europa”. La formulación volvió a presentar la presión azerbaiyana sobre el sur de Armenia bajo la apariencia de un proyecto de integración regional, en línea con la insistencia de Bakú en imponer un paso que conecte Azerbaiyán con Najicheván a través de territorio armenio.

En el mismo evento, el ministro de Economía de Azerbaiyán, Mikayil Jabbarov, afirmó que su país “ha resuelto uno de los conflictos territoriales más complejos y prolongados de la región”. La frase resumió el modo en que el régimen de Aliyev utilizó el WUF13 para normalizar ante una audiencia internacional el resultado de la guerra de 2020, el bloqueo genocida de Artsaj y la ofensiva militar de septiembre de 2023, que derivó en la expulsión de la población armenia nativa.

Jabbarov vinculó esa afirmación con una agenda de conectividad económica y desarrollo urbano. “Es necesario crear un vínculo sólido entre el desarrollo económico de las ciudades y la conectividad, y la mejora del bienestar de las personas debe estar en el centro de todos estos procesos”, señaló. La exposición no incluyó ninguna mención a los armenios desplazados de Artsaj ni a su derecho al retorno.

El coordinador nacional del WUF13 en Azerbaiyán y presidente del Comité Estatal de Planificación Urbana y Arquitectura, Anar Guliyev, profundizó ese relato en la conferencia “Reconstrucción Urbana y Cooperación Regional: ¿Cómo puede la reconstrucción urbana convertir las ciudades en motores de conectividad regional y prosperidad compartida?”. Allí afirmó que “la política de reconstrucción y desarrollo urbano implementada en los territorios liberados se ha convertido en una de las principales líneas de acción para el desarrollo sostenible, la energía verde y la integración económica regional”.

Guliyev presentó a “Karabaj y Zangezur Oriental” como un polo de inversión, energía y producción. Según sus declaraciones, esas regiones poseen un "potencial de energía verde".

La exposición trasladó el debate sobre Artsaj al lenguaje de la planificación urbana y la inversión, pero omitió que esos proyectos se despliegan en territorios de los que fue expulsada la población armenia tras la ofensiva militar azerbaiyana. El relato oficial presentó ciudades, industrias, embalses y redes energéticas como signos de “prosperidad compartida”, sin hacer referencia a quienes vivieron allí hasta 2023 y hoy permanecen desplazados.

La misma lógica apareció en el evento “Arquitectura de Gestión Digital del Sistema Energético de Azerbaiyán”, donde Araz Mammadzadeh, asesor del primer vicepresidente de la empresa estatal Azerishig OJSC, describió a los territorios ocupados como un espacio de experimentación tecnológica. “Las regiones de Karabaj y Zangezur Oriental revisten especial importancia en este proceso de transformación. Estas zonas se están convirtiendo en un laboratorio viviente de un modelo energético de nueva generación, donde convergen pueblos inteligentes, zonas de energía verde, centros de control digital e infraestructura energética moderna”, afirmó.

Mammadzadeh agregó: “Los proyectos implementados contribuyen a que la población pueda recuperar condiciones de vida seguras, cómodas y sostenibles. Nuestra principal misión es suministrar energía fiable a cada hogar, a cada calle y a cada persona”. La formulación volvió a recurrir a la idea de “recuperación” de la vida cotidiana, pero únicamente en referencia a la población reasentada por Azerbaiyán y sin mencionar a los armenios expulsados de Artsaj.

Horas más tarde, Anar Guliyev volvió a intervenir en el evento “Alineando las transiciones energéticas de las ciudades sostenibles con las agendas de desarrollo urbano en la región D-8”. Allí afirmó que, “tras la liberación de Karabaj y las regiones circundantes”, Azerbaiyán desarrolla proyectos para reconstruir ciudades, pueblos, infraestructura social, redes de transporte, sistemas energéticos y servicios públicos.

Hikmet Hajiyev, asistente del presidente de Azerbaiyán y jefe del Departamento de Política Exterior de la Administración Presidencial, utilizó el WUF13 para introducir otra de las piezas centrales de la campaña estatal azerbaiyana: la narrativa de “Azerbaiyán Occidental”. El asesor de Aliyev declaró durante el foro que Azerbaiyán enfrentó el desafío de reasentar a “300.000 azerbaiyanos de etnia azerbaiyana expulsados de Armenia” durante los primeros años de su independencia.

La cifra difundida por Hajiyev contradice los datos censales soviéticos. El censo de 1979 registró alrededor de 160.000 azerbaiyanos en la República Socialista Soviética de Armenia, mientras que el censo de 1989 contabilizó aproximadamente 84.000. Aun así, el funcionario presentó el número de 300.000 como parte de un relato de desplazamiento masivo que el régimen de Aliyev utiliza para sostener reclamos políticos sobre Armenia.

La referencia no fue un hecho aislado. En los últimos años, Azerbaiyán convirtió la noción de “Azerbaiyán Occidental” en una agenda estatal que presenta a amplias zonas de la actual República de Armenia como territorios históricamente azerbaiyanos y reclama el “retorno” de supuestos desplazados. En ese marco, la intervención de Hajiyev en el WUF13 incorporó esa narrativa a un foro internacional de Naciones Unidas, bajo un lenguaje de derechos, reasentamiento y justicia histórica.

La cuenta especializada Registros de Karabaj advirtió que la cuestión de “Azerbaiyán Occidental” se promovió esta semana en Azerbaiyán “no solo como un eslogan propagandístico aislado, sino como una agenda político-estatal en toda regla”. Según el análisis, Bakú involucra simultáneamente “a instituciones estatales, universidades, ONG, medios de comunicación, plataformas diplomáticas y organizaciones turcas”, con el objetivo de internacionalizar esa narrativa.

“Se hace especial hincapié en tres aspectos principales. Primero, se construye una justificación pseudohistórica que presenta el territorio de la actual Armenia como la ‘patria histórica’ de los azerbaiyanos. Segundo, se formulan reivindicaciones políticas en nombre del ‘derecho al retorno’, la ‘justicia’ y la ‘protección de los refugiados’. Tercero, se trabaja activamente con jóvenes y la comunidad académica para que esta agenda se integre no solo en los medios de comunicación, sino también en el ámbito educativo”, señaló.

El análisis agregó que “no se trata de una iniciativa humanitaria, sino de una campaña ideológica a largo plazo” y sostuvo que Azerbaiyán busca “dar a sus reivindicaciones territoriales contra Armenia la apariencia de un problema histórico y de derechos humanos, utilizándolo como herramienta de movilización interna y presión en política exterior”.

La narrativa desplegada por Bakú durante el WUF13 también apareció en las intervenciones de funcionarios vinculados a organizaciones de la sociedad civil. Aygun Aliyeva, directora ejecutiva de la Agencia de Apoyo Estatal a las Organizaciones No Gubernamentales, afirmó que los modelos de “Ciudad Inteligente” y “Pueblo Inteligente” se aplican en los “territorios liberados”, donde se crean “zonas de energía verde” y se implementa un “concepto de desarrollo centrado en las personas”.

Aliyeva señaló que Agdam, “otrora conocida como la ‘Hiroshima del Cáucaso’”, se convierte “hoy en un símbolo de reconstrucción y renacimiento”. También sostuvo que “la vida está volviendo gradualmente a la normalidad en Shusha” y que “el regreso de los niños a las escuelas después de muchos años simboliza el retorno de la vida y la esperanza a Karabaj”.

La reiteración de la fórmula “Hiroshima del Cáucaso”, utilizada por Aliyev en la apertura del foro y retomada luego por funcionarios y voceros institucionales, mostró el carácter coordinado de la campaña. Azerbaiyán buscó instalar una imagen de devastación atribuida exclusivamente a los armenios y, sobre esa base, presentar su dominio actual sobre Artsaj como un proceso humanitario de restauración.

Ese relato se expandió incluso fuera de Bakú. En Balakan, también el 19 de mayo, se celebró una conferencia científico-práctica sobre urbanismo y arquitectura en el marco de la visibilidad internacional que otorgó el WUF13. Allí, el vicepresidente de la autoridad ejecutiva regional, Turan Dibirov, afirmó que la decisión de declarar 2026 como “Año del Urbanismo y la Arquitectura” en Azerbaiyán permite “presentar a la comunidad internacional los objetivos nacionales y las mejores prácticas” del país.

Durante la conferencia, se destacó que la reconstrucción de “Karabaj y Zangezur Oriental” bajo el liderazgo de Aliyev constituye “uno de los ejemplos más interesantes de la historia de la urbanización moderna”. Según la exposición, urbanistas y expertos reunidos en Bakú “tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano los singulares conceptos de ‘Cero Emisiones’ y ‘Ciudad Inteligente’ aplicados en Karabaj”.

El encuentro también incluyó intervenciones de académicos y especialistas sobre patrimonio histórico, planificación urbana y arquitectura nacional azerbaiyana. Kamil Adishirinov, director del Centro Científico Regional de Sheki de la Academia Nacional de Ciencias de Azerbaiyán, sostuvo que el WUF13 “reviste gran importancia para presentar este rico patrimonio de Azerbaiyán en el ámbito internacional, así como para demostrar los logros alcanzados en el campo de la planificación urbana moderna”.

La combinación de discursos presidenciales, intervenciones ministeriales, paneles técnicos, foros de ONG, conferencias académicas y actividades regionales mostró que Azerbaiyán utilizó el WUF13 como una plataforma integral para consolidar su relato sobre Artsaj y Armenia. Bajo el lenguaje de la conectividad, la sostenibilidad, la energía verde y la reconstrucción urbana, Bakú presentó como un modelo de desarrollo los territorios actualmente bajo ocupación ilegal azerbaiyana, sin reconocer la expulsión de la población armenia que los habitaba.

El contraste también expuso una lógica de propaganda espejo. Mientras los funcionarios azerbaiyanos acusaron a Armenia de destrucción, expulsión y ocupación, el WUF13 fue utilizado para omitir la guerra de 2020, el bloqueo genocida contra Artsaj, la ofensiva militar de septiembre de 2023 y la limpieza étnica que forzó el éxodo de su población armenia. Al mismo tiempo, el régimen de Aliyev presentó como una causa de derechos humanos la narrativa de “Azerbaiyán Occidental”, que reescribe la historia de Armenia y sirve como base discursiva para futuras reivindicaciones territoriales.

De ese modo, la 13ª Sesión del Foro Urbano Mundial de Naciones Unidas no solo fue utilizada por Azerbaiyán para celebrar la ocupación de Artsaj bajo el rótulo de “reconstrucción”, sino también para internacionalizar una agenda revisionista contra Armenia, instalar una versión invertida de los desplazamientos forzados en la región y dar legitimidad institucional a un relato estatal que acompaña la política expansionista del régimen de Ilham Aliyev.

Compartir: