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Carlos Boghossian: “Jrimian es lo mejor que me pasó en la vida”

Nombre y hombre destacado del espectáculo, Boghossian es un referente desde hace muchos años en el género. El apellido armenio de la revista Gente, la voz de Primera fila, programa radial que conduce ininterrumpidamente desde hace veinte años -ahora en Conexión abierta-, pocos saben tanto de cine como este gran periodista. También mantiene una columna en una radio de Uruguay, país que lo vio nacer. Habla ruso y ha entrevistado a artistas de la talla de Daniel Craig, Mel Gibson, Al Pacino, Robert de Niro, Tom Cruise, Michael Douglas, Glenn Close, entre tantísimos otros.

—¿A quién te falta entrevistar?

—Meryl Streep y Jessica Lange.

—¿Quién no te cayó bien?

—Michael Keaton, Winona Ryder, Samuel Jackson.

—Hablemos de tu origen.

—Mis padres son hijos de armenios, papá Avedis, que falleció en el ‘92, era comerciante, y mamá Nelly, que es ama de casa. Somos todos uruguayos. Mis hermanos: Uruguay, es abogado y tenor y Jack, que es profesor de inglés -todos muy inteligentes- y si sé algo de cine armenio, es gracias a él, justamente. Mis abuelos, a quienes conocí, los cuatro se escaparon del genocidio, claro. Tengo recuerdos maravillosos de ellos, los viví toda mi infancia. Crecí dentro de la cultura y de la comunidad armenia de Uruguay. Me la pasaba en el club Vramian, era “Aguilucho”, a los siete, ocho años. Seguimos en contacto, y cada vez que voy nos juntamos en el club, cosa que acá no pasó… Puedo ir a algún evento, fui a la Sala Siranush la última vez pero hace como un año. Los eventos culturales me atraen, me acerco, claro. Fuimos a ver a Tata Simonyan con la familia entera, por ejemplo. Lo armenio está, siempre. Con respecto a mi formación, fui al colegio San Gregorio y luego a Jrimian. Jrimian fue lo mejor que me pasó en la vida. Amo y amaré siempre Jrimian.

—¿Cómo comenzó tu interés por el cine?

—Era chico y coleccionaba posters y fotos de películas. En lugar de ir a jugar a la pelota, yo iba al cine. Me acercaba a la Cinemateca argentina y veía el cine de Fassbinder, Visconti… Si empezás de púber, es genial. Veo, en promedio, catorce películas por semana a razón de dos por día; además, con las plataformas que hay hoy, uno tiene acceso a todo. Pero es mi trabajo. En mi vida hubo un antes y un después de una película y fue El arca rusa, de Sokurov. La primera vez que fui a San Petersburgo, visité el Hermitage y ahí supe que fue una bestia. Fausto, todo lo demás, es maravilloso también, claro. Yo creo que hay un momento en la adolescencia donde uno hace un click y ahí ya lo ve todo, sabe hacia dónde va a dirigirse en la vida. Y la escuela no tiene nada que ver, son los padres es lo que indirectamente nos han inculcado.

—¿Y tu formación periodística?

—Empecé en el Diario ARMENIA en el año ‘83. Recuerdo que entrevisté a Ana Belén y a Víctor Manuel, luego a Leonor Benedetto. Tenía diecisiete y quería ser crítico de cine, así que miraba películas sin parar; lo del periodismo vino después. Sí hice cursos en la Cinemateca argentina pero lo mejor fue leer y ver cine. Y ya no paré, no recuerdo cuánto estuve pero fue un placer trabajar en el Diario ARMENIA, estaban Ricardo Yerganian, Khatchik DerGhougassian, Carlos Hassassian y Vartan Matiossian. Ahí me fui a cubrir una vacante de tres meses para hacer la guía de espectáculos en Gente y ya no paré. Hubo mil cosas en el medio, claro. Siempre hice coberturas internacionales y ahora estoy haciendo más lo local también. Desde el ‘94 que empecé en la revista Gente hasta el 2005, no paré de viajar, luego mermó por varias razones.

—Esta profesión tiene grandes momentos.

—Sí. De repente me encuentro con Tom Hanks en Italia y me muestra toda Florencia… Me gusta Hollywood, claro, entrevistar a Julia Roberts -lo hice en seis oportunidades, de hecho-, pero también a Liv Ullman y Bibi Andersson, las dos musas de Bergman. Placeres por los que te pagan. Todo es posible si estás en el lugar correcto en el momento preciso. Soy consciente de lo que escribo y de lo que digo, creo que la palabra es primaria, es fundamental. De acuerdo a tus fundamentos, a tus ideas. Hay mucha gente que te sigue, que te escucha, que te lee, así que hay que tener coherencia y razonamiento para saber dónde estás parado y qué estás haciendo. Soy muy consciente y no siento presión. Es porque estoy en mis cabales, claro, no soy un kamikaze que sale a matar a todo el mundo.

—Hablemos de cine armenio.

—Me gusta Paradjanov, claro. Y con respecto a las películas, me gusta más Ararat que La promesa, aunque valoro profundamente lo que hizo Kirkorian. Con mi hermano Jack trabajamos mucho Ararat, con su promoción y demás. Y más allá de La promesa, no concibo cómo Hollywood no ha hecho algo del Genocidio Armenio, no lo entiendo. Steven Zaillian, guionista de La lista de La lista de Schindler, por ejemplo -a quien conocí en Londres cuando fui a entrevistar a Daniel Craig por La chica del dragón tatuado, de la que fue guionista también-, le pregunté si no le gustaría hacer una buena película sobre el Genocidio Armenio, y estamos hablando de uno de los mejores guionistas del mundo entero, y me dijo que con Steven Spielberg lo tenían en planes desde hacía tiempo. De esto hace diez años ya, pero lo bueno es que un director de ese calibre y un guionista como Zaillian, lo tengan en mente como proyecto. Spielberg debe recibir 500 proyectos por día, tenerlo a él atrás, es enorme. Es Dios; él, Coppola, Woody Allen, Scorsese son los más top. Entrevisté a Coppola y a Scorsese, al menos.

—Tu visión de la comunidad armenia.

—No frecuento mucho la comunidad… Sí la de Uruguay, voy mucho al club Vramian cuando viajo. Los armenios somos muy particulares. Estuve tres veces en Armenia y cuando los conocí, entendí que tenían algo de los de acá… una cuestión de egos, o altanería, quizá. Por eso, no sé si es la colectividad armenia de acá, así somos los armenios, especiales. Al ser pocos, me parece que somos casi un gueto. Soy armenio, amo lo armenio, estoy para lo que sea dentro de la armenidad, tiene que ver con la sangre. Tengo una cuota antiturca… que Turquía reconozca el Genocidio y luego hablamos.

Un objeto. El tavlí con el que jugaba con mi papá: es mi tesoro.

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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Arménia y Diáspora