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De reconocimientos y negaciones

Opinión

Negacionismo-y-reconocimientosEl genocidio de 1915 perpetrado por los turcos al pueblo armenio hace muchos años figura en los libros de historia de todo el mundo. En la mayoría de ellos se refieren al luctuoso hecho como un crimen cometido en el contexto de la Primera Guerra Mundial. De hecho, si lo situamos cronológicamente así puede considerarse. Sin embargo, los testimonios acumulados en el transcurso de los ciento tres años transcurridos desde el comienzo de las masacres hablan por sí solos.

En la propia Turquía se juzgó a los responsables del salvajismo en julio de 1919 y se encontró responsable de las masacres de armenios a Talaat, Enver, Djemal y otros criminales. La condena a muerte se dictó en ausencia de los reos pues éstos fueron convenientemente protegidos y huyeron del país antes del juicio.

Podría pensarse que ante la cosa juzgada las grandes potencias darían los pasos necesarios para reparar el crimen de lesa humanidad sufrido por los armenios, pero no fue así porque prevalecieron los mezquinos intereses político-económicos que postergaron la administración de justicia para la nación armenia desparramada por todo el mundo.

Veintitantos países reconocieron formalmente la existencia del Genocidio gracias a la lucha llevada adelante principalmente por las comunidades armenias, pues lamentablemente el estado armenio se mantuvo dolorosamente en silencio por largas décadas y sólo evocó al millón y medio de mártires puertas adentro.

En los últimos días la cuestión armenia estuvo una vez más en los titulares de la prensa internacional. La primera noticia llegó de Israel donde nuevamente la indigna decisión de su gobierno saboteó el reconocimiento tantas veces reclamado en la Knesset y tantas veces frustrado con los mismos y tristes argumentos. Es más importante sostener la impúdica relación con Ankara privilegiando la venta de armas y pertrechos que solidarizarse con el pueblo que hace más de un siglo  casi fue borrado de la faz de la tierra merced a la acción de un sanguinario enemigo con muchos puntos en común con aquella Alemania nazi que provocó el Holocausto.

Inentendible, porque en la Diáspora los judíos piensan totalmente diferente a su gobierno que pareciera haberse transformado en el “dueño exclusivo” del dolor plegándose a la política de negacionismo de la que hace gala Ankara, heredera y sucesora de los criminales que lapidaron cruelmente a nuestros antepasados.

Luego se conoció la información que la Cámara Baja de Holanda había aprobado una moción de reconocimiento del genocidio de armenios y mediante otra decisión solicitaba a su gobierno que un ministro del gabinete presentara sus respetos a las víctimas en el Memorial de Dzidzernagapert el próximo 24 de Abril.

El gobierno de los Países Bajos se mostró cauto luego de la decisión de sus diputados y prometió dar discusión sobre el tema en los próximos días. Por supuesto, Turquía ya elevó su voz de protesta y llamó a Ankara al encargado de negocios holandés, habida cuenta que el embajador fue retirado hace semanas debido a la tensión generada por las declaraciones antiholandesas del tirano Erdogan.

Aunque con resultados y contextos diferentes ambos casos tienen un trasfondo político. Israel prefiere alejarse de su responsabilidad y evita un encontronazo con Turquía que curiosamente aun goza de los favores de Washington a pesar de las tropelías  cometidas en los últimos tiempos. En tanto Ámsterdam conmocionada por el atropello de Erdogán y compañía que no toleraron que Holanda les prohibiera hacer política en su territorio y calificaron como “nazi y fascista” al país que tal vez más simboliza el respeto a los derechos humanos, pone en suspenso las relaciones diplomáticas con ese régimen.

Ahora bien, tal vez el gobierno holandés dé vía libre al reconocimiento y profundice la crisis con Turquía generando descontento en las decenas de miles de turcos emigrados que ya incomodan a su sociedad, o ingrese en la indolencia de también postergar la administración de justicia, que ese reconocimiento pude entregar a los armenios. El tiempo lo dirá…

Jorge Rubén Kazandjian

 

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