Desborde político de Pashinyan en una campaña electoral que se le empieza a complicar

20 de mayo de 2026

Las amenazas, insultos y agresiones verbales pronunciadas por Nikol Pashinyan durante la campaña electoral en el distrito de Arabkir expusieron un nivel de tensión política inusual incluso para la Armenia posterior a la guerra de 2020.

El primer ministro reaccionó con furia frente a familiares de desaparecidos de guerra, atacó verbalmente a armenios de Artsaj y prometió “terminar” con dirigentes opositores en escenas que rápidamente se difundieron por toda Armenia y la diáspora.

La mujer que increpó a Pashinyan era la hermana de un médico militar desaparecido durante la guerra de 2020. “Usted robó mi patria”, le dijo frente a las cámaras. Y no solo se refería a Artsaj. La frase condensó parte del malestar, la frustración y el duelo que todavía atraviesan a una parte importante de la sociedad armenia después de la pérdida de Artsaj.

El clima de tensión continuó pocos minutos después durante otro cruce ocurrido también en Arabkir. Allí, Pashinyan discutió con Arthur Osipyan, sobreviviente, desplazado de Artsaj y dirigente del Partido Revolucionario de Artsaj, a quien llegó a gritarle: “¿Por qué seguís vivo? Deberías haber muerto en lugar de nuestros hijos”. La frase provocó una fuerte conmoción en Armenia por haber sido dirigida contra alguien que sobrevivió a la guerra, al bloqueo de nueve meses, a la hambruna y luego a la limpieza étnica de Artsaj. Horas después del episodio, Osipyan fue detenido por las fuerzas de seguridad armenias.

A más de cinco años de la guerra y a casi dos de la limpieza étnica de Artsaj, Armenia continúa atravesada por heridas políticas y sociales que siguen abiertas. Más de 120.000 armenios fueron expulsados de su tierra histórica, Azerbaiyán mantiene ocupados sectores del territorio soberano de la República de Armenia y decenas de prisioneros armenios continúan detenidos en Bakú. Sin embargo, el discurso oficial gira cada vez más alrededor de la “paz”, la “normalización” y la “apertura de fronteras”, mientras cualquier cuestionamiento interno empieza a ser respondido con creciente agresividad política.

A esto se suma además la creciente inquietud que genera en Armenia la posibilidad de que, bajo el discurso de la “normalización” y la “apertura regional”, termine impulsándose algún esquema de asentamiento de población azerbaiyana a territorio armenio mientras más de 120.000 armenios expulsados de Artsaj siguen sin posibilidad alguna de regresar a sus hogares.

Ese clima también quedó expuesto durante la reciente Cumbre de la Comunidad Política Europea realizada en Ereván. El gobierno armenio utilizó el encuentro como una demostración de legitimidad internacional en plena campaña electoral. Fotografías junto a líderes europeos, discursos sobre estabilidad regional, integración y paz fueron presentados como respaldo político al rumbo impulsado por Pashinyan después de la pérdida de Artsaj.

Una carta abierta publicada en Francia por el diplomático y exembajador armenio ante la Santa Sede del Vaticano acusó a Macron de ayudar a consolidar políticamente un escenario que busca transformar la pérdida de Artsaj en un hecho consumado sobre el que ya no habría nada que discutir, revisar ni reclamar. El texto alude a que el comportamiento del líder francés resultó ser “un descarado ejercicio de propaganda política” a favor de Pashinyan a tan solo un mes de las elecciones.

Buena parte de la dirigencia europea habló en Ereván sobre paz, conectividad regional y apertura de fronteras. Mientras tanto, quedaron fuera del centro de la escena los desplazados de Artsaj, el derecho al retorno, la situación de los prisioneros armenios detenidos en Bakú y la continuidad de la ocupación militar azerbaiyana sobre territorio soberano armenio.

Las declaraciones recientes de Pashinyan sobre Artsaj profundizaron todavía más esa fractura interna. Durante la campaña electoral llegó a afirmar que Artsaj “nunca fue territorio armenio” y calificó al movimiento de reunificación iniciado en 1988 como “un error fatal”, contradiciendo incluso años de discurso político sostenido por él mismo, incluyendo su recordada frase “Artsaj es Armenia y punto”.

El Primer Ministro volvió a utilizar expresiones ofensivas contra refugiados armenios de Artsaj, a quienes ya había calificado anteriormente como “fugitivos” durante una discusión pública en el metro de Ereván con una mujer desplazada tras la limpieza étnica de 2023. La escena mostró a un Pashinyan discutiendo agresivamente con una refugiada, acompañada por su hijo de cinco años, que le reclamaba por la pérdida de Artsaj mientras el mandatario sostenía en la mano un pin con el mapa de la llamada “Armenia Real”, concepto con el que el oficialismo impulsa una redefinición de los límites de la República.

El endurecimiento discursivo del oficialismo también alcanzó a los prisioneros armenios detenidos en Bakú. Pashinyan responsabilizó públicamente a la FRA - Tashnagtsutiún y a sectores opositores por las dificultades para lograr la liberación de dirigentes y exfuncionarios armenios encarcelados en Azerbaiyán como rehenes políticos, entre ellos Davit Ishkhanyan, quien desde la prisión dijo que el juicio era "contra el pueblo armenio y contra la soberanía del Estado armenio" y Ruben Vardanyan, quien también desde su lugar de cautiverio criticó al gobierno armenio por abandonar a los prisioneros en Azerbaiyán. Según el Primer Ministro, las posiciones políticas de la oposición afectan negativamente las negociaciones con Bakú.

Mientras desde las cárceles azerbaiyanas continúan llegando denuncias sobre violaciones a los derechos humanos, juicios considerados farsas y pedidos de ayuda internacional por parte de los detenidos armenios, el gobierno armenio aparece cada vez más concentrado en disputar políticamente el relato interno sobre Artsaj y sobre las responsabilidades de la derrota.

De esta forma, empieza a consolidarse un intento político más profundo: cerrar definitivamente la cuestión Artsaj, reinterpretar retrospectivamente décadas de historia armenia y presentar cualquier resistencia a esa narrativa como una amenaza contra la paz, la estabilidad o el futuro del país.

En este escenario, Bakú continúa interviniendo abiertamente en el debate interno armenio. Días antes de las elecciones, Ilham Aliyev advirtió que el pueblo armenio “sufrirá las consecuencias” si en las elecciones triunfan fuerzas políticas consideradas hostiles a Azerbaiyán. Las declaraciones fueron interpretadas en Armenia como una forma de presión directa sobre el escenario electoral mientras el gobierno de Pashinyan evitaba responder públicamente a las amenazas provenientes de Bakú.

En medio de la campaña electoral, las declaraciones del embajador de Azerbaiyán en Turquía, Reşad Memmedov, agregaron todavía más tensión al escenario político armenio. En una entrevista publicada por el diario armenio Agos, editado en Turquía, el diplomático afirmó que después de las elecciones del 7 de junio Armenia avanzará en una reforma constitucional y que, una vez eliminadas las referencias consideradas problemáticas por Bakú, se firmará el acuerdo de paz y se abrirán las fronteras entre Armenia y Turquía.

Las declaraciones dejaron en evidencia hasta qué punto cuestiones centrales de la política interna y constitucional armenia comienzan a aparecer públicamente condicionadas por las exigencias de Azerbaiyán y el proceso de normalización regional impulsado después de la pérdida de Artsaj.

En paralelo, Pashinyan instala, cada vez con más fuerza, una idea inquietante: que una eventual derrota electoral podría derivar en una nueva guerra. El mensaje aparece repetido de distintas maneras en sus intervenciones públicas y termina colocando cualquier discusión política interna bajo una lógica extrema, donde la continuidad del oficialismo aparece asociada a la preservación misma de la estabilidad. El clima que rodea la campaña refleja hasta qué punto Armenia llega fracturada y tensionada a las elecciones del 7 de junio.

Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA

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