El protagonismo de la mujer armenia como elemento omnipresente en la historia de nuestro pueblo. Heroínas de ayer y de hoy.

Ejemplos que nos empoderan

10 de marzo de 2020

Sucede que a veces solo podemos tomar real dimensión de algo cuando tenemos la posibilidad de sentirlo de modo más palpable.

Siempre fue para mí materia de interés saber sobre las mujeres que habían sido parte de la historia en general. Era lógico pensar que creer en un mundo en el que los hechos históricos sólo se habían desarrollado por el accionar de seres masculinos rayaba en lo absurdo, pues la vida misma nos enseña que la mujer es presencia, que siempre tiene algo para decir o hacer, aunque sea en silencio.

Sabía que tratar de investigar sobre las mujeres de la historia universal no era tarea fácil. Tal vez fue por eso que opté por adentrarme primero en mi historia inmediata. Fue así que comencé a recabar detalles de mi esencia ancestral, de mi genealogía familiar, logrando remontarme en el tiempo por algunos siglos. Una reconstrucción que dio sentido a muchas cosas, abrió un sinfín de posibilidades y, además, me hizo ver la vida de un modo diferente.

Tuve una sensación similar algunos años atrás, cuando llegó a mis manos la interesante obra de Sona Zeitlian, su hermoso libro sobre el rol de la mujer armenia durante las distintas etapas del movimiento revolucionario de nuestro pueblo. Recorrer sus páginas posibilitaron percibir la intimidad biográfica de las mujeres allí presentadas. Darle una nueva dimensión al rol de la mujer armenia, aseverar que forjaron destinos y, en efecto, fueron valientes componentes de un pueblo que tuvo y tiene que demostrar fortaleza para sobrevivir. Así, pude saber más sobre algunas heroínas que habían guiado mi adolescencia y juventud. Aunque al mismo tiempo fue una oportunidad para conocer a muchas otras mujeres que, ajenas a sus orígenes y condiciones, no dudaron en brindarse por su nación. Algunas dieron su libertad o su vida, otras desarrollaron sus capacidades y sapiencias hasta avanzada edad. Pero todas ellas tuvieron como denominador común el sano patriotismo, la fidelidad por sus ideales y el saber que cada cual puede hacer su parte al bien común. Ello sin dejar de lado la valentía, ese factor preponderante, elemental y que perdura en el tiempo.

Esa misma valentía la pude percibir desde la primera vez que pisé Artsaj, cuna de mis antepasados. Conocí allí, y también en Armenia, a valientes mujeres con convicción, aferradas a esa tierra patria, felices de vivir en territorios ahora libres e independientes, y que, a la par de los hombres, construyen día a día un bastión que se va afianzando, a pesar de estar rodeado de penumbras enemigas.

Y estas mujeres de hoy me confirmaron una vez más que la historia no es solo el pasado. Porque en nuestra patria se sigue haciendo historia. Conocí mujeres cuya modestia nos permite acercarnos y abrazar sus almas. Algunas de ellas tuvieron ocasión de formar parte de nuestro ejército y lucharon durante la guerra de Karabaj; pude ver a través de sus ojos el sentir de las trincheras y el sonido de ese espanto. Otras encauzaron sus acciones a través del voluntariado, de la tarea asistencial, formando parte de las filas de HOM; sentí en ellas la fortaleza, a pesar de la pena por haber perdido a seres amados a temprana edad en los enfrentamientos bélicos, y al mismo tiempo la esperanza al ver a las nuevas generaciones corretear felices y en libertad.

Estas mujeres de hoy me remitieron a las de ayer. Y sentí que el vínculo temporal jamás había sido diluido. Es como si aquellas experiencias femeninas del pasado fueran enriqueciendo nuestra vida cotidiana, donde quiera que sea, incluso en la diáspora.

Saber sobre nuestras mujeres nos ilumina y define nuestra convicción, cual faro que nos marca el rumbo a seguir.

Abocada ahora a la placentera tarea de traducir al español el mencionado libro de Sona Zeitlian, me motiva la dicha que saber que estarán al alcance de un público aún más extenso relatos de la vida de estas casi cien mujeres que ayudaron a forjar el destino de nuestra nación. Heroínas que no dudaron en dar el ejemplo, a veces sin proponérselo, y que lucharon contra la injusticia y por la libertad. Desde las primeras mujeres revolucionarias, o aquellas que participaron en las gestas de Darón, de Vaspuragán, de Urfá o de Musá Ler. Desde aquellas que construyeron a partir de la educación o la tarea asistencial, o las que fueron protagonistas durante la República de Armenia de 1918 como integrantes del Parlamento Nacional o la diplomacia armenia en el exterior. Mujeres que representan a muchas otras que, desde el anonimato, a través de los siglos, han ayudado al engrandecimiento de nuestra identidad nacional.

En el Volumen I de su obra “Memorias de un revolucionario armenio”, Rupén Ter-Minasian afirma: “Los verdaderos héroes son aquellos que no tienen nombre, ni voz ni brillo. Ellos miran al mundo desde arriba y tampoco tienen casi ninguna pasión personal propia. La riqueza, la tranquilidad, la pobreza, la catástrofe, son todos fenómenos equivalentes. Tampoco les interesa la gloria, el poder, la fama, ni nada de lo que se refiera a su persona”.

Así también, la mujer armenia. Ella ha sido heroína a lo largo de nuestra historia. Su ejemplo nos empodera para afrontar el presente y el desafío del futuro.

Retazos biográficos de la obra de Sona Zeitlian

Fragmentos de “El rol de la mujer armenia durante el movimiento revolucionario armenio”

TAMARA ATAMIAN-NERSESIAN (1862-1889)
(…) En 1882 los grupos revolucionarios de Tiflís se dividieron en dos facciones. En esa misma fecha se formó el primer cuerpo revolucionario armenio de Tiflís. Tamara Atamian fue una de las integrantes más destacadas de este nuevo grupo, y se dedicó a capacitar a la juventud armenia. Tenía la convicción de que había que establecer estrecha relación no sólo con la clase intelectual, sino también con el pueblo de Armenia Occidental. (…) Ella y sus compañeros de ideología estaban persuadidos de que la liberación de Armenia Occidental sólo era posible con ayuda de las armas, y para ello era necesario tener entrenamiento militar.
(…) Tamara Atamian-Nersesian es nuestra primera mujer revolucionaria que, con su gran personalidad y su participación en las tareas políticas a la par de los hombres, influyó en los círculos femeninos juveniles de Tiflís. A pesar de haber fallecido antes de la creación de la FRA - Tashnagtsutiún, el entusiasmo transmitido a sus discípulas y su dedicación dieron sus frutos, pues éstas siguieron sus enseñanzas y fueron activas partícipes en la vida del naciente partido político.

NATALIA MADINIAN
La familia Madinian era una de las más detacadas de Tiflís. El padre de Natalia era funcionario gubernamental, un intelectual con ideales patrióticos, y su madre era una mujer ejemplar. Su hermano Nigol había recibido educación en Europa y era traductor en el Consulado francés en Tiflís. Sus hermanas Satenig, Lusig y Siranush tenían educación superior. El hogar de los Madinian era centro de reunión de la juventud de aquella época.
(…) Apenas creada la FRA - Tashnagtsutiún, se unió a ésta con el propósito de ser útil a su pueblo. Teniendo en cuenta su inteligencia, su carácter serio, activo y osado, sus compañeros le sugirieron ir a Moscú para estudiar Obstetricia. De este modo, no sólo podría relacionarse con todos los estratos sociales, sino que, asimismo, gracias a esa especialidad, podría ir a sitios en donde para otros el ingreso hubiera sido visto con sospecha.
(…) Natalia pasó muchas privaciones. Fue apresada en varias ocasiones. Sin embargo, permaneció fiel a sus ideales.

ISGUHÍ BALDJIAN-TIRIAKIAN (1874-1930)
(…) Antes de la ocupación del Banco Otomano, Armén Garó, Hrach e Isguhí estuvieron trasladando unas 600 bombas y explosivos a distintos refugios; a veces despertaron sospechas, e incluso fueron perseguidos. Armén Garó describe en sus memorias un ejemplo cabal de la valentía de Isguhí. Pocos días antes del hecho, trasladaban los últimos pertrechos, cuando fueron perseguidos por gendarmes. Ante el peligro, Isguhí no mostró temor, sino que, se tornó más osada. Su único propósito era llevar las bombas a destino.
(…) Isguhí y Hrach contrajeron matrimonio. (…) En mayo de 1902 nació en Esmirna su primogénito, Papkén. Su alegría duró poco. Meses después, a causa de la traición, la policía comenzó a actuar. Isguhí relata: “Papkén apenas tenía cuatro meses cuando una noche la policía rodeó nuestra casa con más de cien soldados. Tras una minuciosa requisa, apresó a Hrach y lo llevó con el rostro descubierto, descalzo y propinándole golpes. Todas nuestras pertenencias fueron saqueadas. Por la mañana regresaron algunos policías y nos subieron a mi hijo y a mí a un carro. (…) Me llevaron ante el jefe de policía. Permanecí allí con Papkén durante todo el día; al anochecer fuimos trasladados a la prisión. El chirrido de la llave del calabozo me afectó de muy mala manera. Ingresé, abrazando con más fuerza a mi pequeño Papkén. Era un cubículo desnudo y frío, y había un policía que nos hacía compañía. Estuvimos allí durante cuarenta días. Todas las noches llegaban los salvajes policías para interrogarme. Al no obtener respuestas, amenazaron con quitarme a mi hijo, lo que fue un duro golpe para mí”.

SOSÉ VARTANIAN (SOSÉ MAYRIG) (1868-1953)
(…) En el año 1899, en la época en que Serop se refugiaba en Kealikiuzán, hubo un armenio que no sólo lo delató ante las autoridades turcas, sino que también mezcló veneno en el tabaco de Serop. Una vez que el enemigo rodeó el pueblo, Serop estaba tan débil que no podía siquiera sostenerse de pie. Sosé trató de llevarlo a la montaña. Con apoyo de su esposa, Serop logró luchar ininterrumpidamente durante ocho horas. Cuando una bala enemiga puso fin a la vida de su esposo, Sosé tomó de inmediato el rifle que había caído de sus manos y continuó disparando. Durante la lucha también fue asesinado su primogénito, Hagop, de 18 años de edad, como asimismo los hermanos de Serop, Zakar y Mkhó. Reprimiendo sus lágrimas, Sosé continuó disparando, hasta que fue herida de gravedad.
Pronto un grupo de soldados turcos, encabezados por el comandante Alí Pashá, llegaron hasta su posición. Se abalanzaron sobre el cuerpo sin vida de Serop; le cortaron la cabeza. Cuando estaban a punto de atacar a Sosé, que estaba herida, el comandante turco dijo: “Esta mujer es una leyenda. Merece toda nuestra asistencia”. Hizo sanar las heridas de Sosé que luego fue enviada prisionera a Mush y después a Paghesh. El segundo hijo de Sosé y Serop, Samsón, fue salvado por un pariente, pero se presume que más tarde fue asesinado en la matanza de Garín.

DIANA AGHAPEG-APKAR (APKARIAN)
(…) En el año 1919 fue designada embajadora de la República de Armenia en Japón y cónsul en Yokohama. A nivel internacional, Diana Apkar fue la primera mujer diplomática en ocupar dichos cargos.
Diana Apkar hizo todo su esfuerzo para el reconocimiento de la reciente República de Armenia y justificó con creces las esperanzas que habían sido depositadas en ella. Gracias a su dominio de los idiomas inglés y japonés, fue autora de numerosas notas que publicó en la prensa internacional, sobre la historia del pueblo armenio, la Primera Guerra Mundial y la realidad en Armenia. Asimismo, es autora de innumerables libros sobre temáticas similares, en inglés.

Dra. Graciela Kevorkian
Traductora de idioma armenio
grakevorkian@yahoo.com

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