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El Centenario de una joven Nación

Opinión

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La República de Armenia acaba de cumplir el Centenario de su creación el pasado 28 de Mayo. Nuestra Madre Patria es en ese sentido uno de los países más jóvenes del mundo, pero simultáneamente es una de las naciones más antiguas de la humanidad.

Los armenios logramos traspasar miles de años de historia sobreviviendo la invasión de otras culturas y etnias, además de resistir el ataque de varios imperios y conquistadores que quisieron arrebatarnos lo más valioso que tenemos: nuestra propia identidad.

Las páginas de nuestra historia rebalsan de hechos heroicos protagonizados por los hijos de la nación de los armenios y esa bravura demostrada en el campo de batalla es tal vez uno de los pilares de la base de la construcción del nuevo estado independiente hace cien años.

Pero estas breves líneas no tienen la intención de refrescarnos la historia, sino el deseo de compartir con nuestros amigos lectores la alegría de poder haber sido protagonistas de una celebración muy cara a los sentimientos de nuestros hermanos de la Diáspora.

Muchos de los armenios de la Argentina somos parte de la primera generación que nació en el exilio. Somos los hijos de aquellos hombres y mujeres que debieron huir de la barbarie turca y buscar otros horizontes simplemente para intentar sobrevivir. Y muchos de ellos murieron sin siquiera ver su patria recuperar la independencia que hoy festejamos.

Los armenios somos un pueblo indómito, luchador y capaz de dar la vida en pos de nuestros ideales. Nuestros héroes regaron con su sangre los senderos de libertad conquistados al genocida hace cien años. Y varias décadas después otros valientes hermanos debieron recurrir a la misma fórmula para liberar Artsaj. Pero en ese intermedio también hubo otros que hicieron justicia con nuestros mártires y también dieron su vida y su libertad para que nuestra justa causa no cayera en el olvido.

Cuántos son los pueblos que pueden mostrar con orgullo estos ejemplos de entrega y sacrificio por su nación como el armenio. Cuántos son los pueblos que a pesar de todos los infortunios sufridos a lo largo de su existencia aún luchan y se destacan entre los países libres del mundo.

Estamos en Ereván. Somos tal vez trescientos los armenios de Sudamérica que pudimos dar el presente este 28 de Mayo en Sardarabad y compartir los festejos cantando nuestro Mer Hairenik con el alma atravesada de emoción porque no estábamos solos, con nosotros estaban nuestros viejos ausentes, nuestros hermanos, y también nuestros hijos, que a la distancia también compartían el júbilo.

Haber podido estar allí es un enorme privilegio porque pudimos vivir un pedacito de nuestra historia en el terreno mismo de los acontecimientos, en el lugar exacto donde cayeron quienes ofrendando su vida conquistaron nuestra libertad.

En este momento de alegría compartida también debemos tomar el compromiso de seguir con la batalla porque la lucha no finalizó, aun son muchos los objetivos que debemos alcanzar para afianzar el futuro de una Armenia que necesita de todos nosotros.

El Centenario coincidió con un hecho realmente significativo como lo fue la denominada Revolución de Terciopelo. Tuvimos la oportunidad de conocer a algunos de sus jóvenes protagonistas y realmente debemos confesar que su entusiasmo contagia e inspira.

Armenia abre en estos días un nuevo período de su muy breve historia como República. Todos nosotros, cualquiera sea nuestro credo político o pertenencia institucional debemos asumir el compromiso de no ser indiferentes y trabajar codo a codo con quien ambicione construir un futuro mejor. Solo así tendremos algún día la oportunidad de decirle a nuestros descendientes: Yo vi y fui parte del comienzo de una nueva Armenia.

Jorge Rubén Kazandjian

           

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