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En memoria de George Pushidjian

Un gran legado

George-y-nietosLa gran mayoría de la comunidad armenia conoció a George Pushidjian. Conocen de las instituciones en las que participó, a las personas con las que se rodeó y cómo su voz se alzó por la causa armenia. Pero desde mi humilde lugar de nieta, me gustaría que lo conociesen por la persona que fue; el abuelo en el que se convirtió y el legado que dejó.

Siempre fue difícil imaginar lo que podría haber sentido nuestro abuelo cuando pisó la Argentina por primera vez. Quizás miedo, curiosidad pero definitivamente esperanza. Al menos eso fue lo que nos transmitió en sus numerosos relatos de domingos a la tarde. En 1950 con su padre Bahri, su madre Baidzar y sus dos hermanas Anahit y Azadouhí, George Pushidjian (o “Dede” para nosotros) viajó desde Zahle, Líbano hasta la Argentina con el deseo de vivir en un país pacífico y prometedor. Sus padres lograron sobrevivir al tormento del Genocidio y formar una familia a pesar de las adversidades.

Una vez en Buenos Aires, Dede trabajó como vendedor en un negocio del barrio de Once, perteneciente a la familia Balassanian. Así fue como conoció a nuestra abuela Margarita, la segunda hija de Haigazoun Balassanian; uno de los dueños del negocio. Formaron una familia unida con sus cuatro hijos: Melik, Cristina, Raffi y Carolina.

Durante toda su vida, Dede fue un miembro activo y constante de la comunidad armenia. El sufrimiento de sus padres lo había fortalecido y alimentó su deseo de justicia y reclamo. Fue integrante de la Unión Juventud Armenia y perteneció a la Comisión Administrativa de la Iglesia Armenia.  

 Todas sus vivencias fueron materializadas en sus numerosos tomos de diarios, en donde escribía desde cuánto habían pesado sus nietos el día de nacimiento hasta el proceso de traducción del libro “Regocijas mi corazón” por Kemal Yalcin. Hoy, estos manuscritos se convierten en un tesoro más para su recuerdo.

Fueron muchos los legados que nos dejó Dede, pero sin duda el mayor es el Jachkar erigido en la Iglesia Armenia San Gregorio El Iluminador, donde toda nuestra familia creció. Es un monumento que siempre nos recordará su dedicación a la causa armenia y su forma de agradecer a una comunidad que tanto le brindó. Significa mucho más que una donación; es un orgullo familiar y un lugar en donde honrar a nuestro abuelo.

Hoy en día, nuestra familia está conformada por diecinueve personas. Es difícil pensar que va a haber un plato menos en los asados del domingo. Es difícil pensar que ya no somos veinte. Dede nos enseñó lo que significaba la familia y cuánto debíamos valorarla. Siempre hacía hincapié en que, a partir de un niño desamparado en medio el Genocidio Armenio, como lo había sido su padre Bahri, se había construido una familia tan sólida y numerosa como la nuestra.

Para el 2002, el año en el que nací yo, su nieta mayor, la causa armenia para Dede tuvo otro significado. Ahora su deseo máximo era inculcar en mí y todos los nietos venideros el sentimiento armenio, ayudarnos a formar nuestra identidad y siempre recordar nuestras raíces. Tuvimos la suerte de conocerlo, tomar sus consejos y aprender de su ejemplo.

Gracias Dede por todo lo enseñado.

Gracias Dede por todo lo vivido.

Te amamos.

                                                                              Rocio Pushidjian en nombre de tus nietos

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