“Está en juego el destino de Armenia y la supervivencia de nuestra nación”, el mensaje del Gomidé Vramian de la FRA-Tashnagtsutiún

29 de mayo de 2021

El Gomidé Vramian de la FRA-Tashnagtsutiún de Montevideo emitió un mensaje en ocasión del nuevo aniversario de la creación de la República de Armenia en un difícil contexto de la historia armenia con la invasión de Azerbaiyán en la provincia de Syunik y la inminente firma de una nueva traza de las fronteras del país.


Estimados compatriotas, queridos compañeros (enguer):


Hace hoy 103 años nuestra Patria daba el primer paso hacia un futuro sustentable y promisorio. Fue el día de la salvación, porque logramos salvaguardar el último pedazo de tierra armenia y sobre ella los restos de nuestro sufrido pueblo.


Al borde de la desesperación la nación armenia pudo, a través de un sobrenatural esfuerzo, hacer frente al enemigo, vencerlo y expulsarlo
Muchos consideran que las heroicas batallas de mayo y su victorioso resultado son un milagro, pero no lo fue.


Nuestra independencia y condición de estado no nos fue obsequiada, la peleó el pueblo unido, codo a codo y lo hicimos solos, es más, lo hicimos a pesar de todos los golpes del destino.


Con el 28 de Mayo, extranjeros y refugiados se convirtieron en ciudadanos de un estado. Se convirtieron en personas que tenían un suelo firme bajo sus pies y un estado detrás. Era un estado que debían construir, un estado al que tenían que servir, un estado al que se debían presentar demandas, un estado al que era necesario criticar con el objeto de que todo anduviera mejor. Era un estado al que tuvo que recurrir su población casi sin vida, cuya mitad estaba constituida por huérfanos. Un estado que tuvo que albergar una nueva generación, una renacida generación que fue capaz de obtener nuevos e importantes logros científicos, culturales y también militares. Un estado que predestinó la existencia de la Armenia soviética y la actual República de Armenia.


Pero nada de esto hubiera sido posible si al frente de ese movimiento de liberación no hubiera estado en Tashnagtsutiún y la generación de prohombres que nació de su seno y asumió la responsabilidad de organizar al pueblo con Aram Manukian a la cabeza, para librar esas decisivas batallas y conducir al país en esos dos años.


En ese breve lapso de vida independiente se sentaron las bases del estado armenio en todos los aspectos, siendo sin lugar a dudas el hito más importante de la naciente República, la firma del Tratado de Sèvres, el 10 de agosto de 1920, que es el cimiento jurídico del reclamo de reparaciones territoriales de Armenia contra el estado turco.


Nada fue fácil. Imaginen una nación desolada por las heridas recientes de un genocidio, con miles de huérfanos, y refugiados que por miles corren hacia Ereván huyendo de los turcos, una nación sin ejército, con la sola defensa de sus heroicos fedahís, en su mayoría campesinos y hombres comunes armados con pertrechos caseros, el país sitiado por miles de soldados turcos fuertemente armados, marchando hacia Ereván mientras las fuerzas armenias retroceden en varios puntos.


Imaginen también a un pueblo que ha quedado solo, traicionado por los georgianos y abandonado por los rusos, mientras el mundo una vez más mira hacia otro lado.


Entonces, en esas circunstancias tan nefastas, pongan al frente de ese pueblo a una organización como el Tashnagtsutiún, que una vez más levantó en alto la moral de ese pueblo malherido, y le mostró que lo imposible, era posible.


Sólo así puede entenderse el milagro del 28 de mayo de 1918. Pongan al frente de ese pueblo a un Aram, a Tro, a Nazarpeguian, a Pirumian, a Antranik, a Nhsteh, a Rupen Derminassian, Ohanchanian, y a una infinita pléyade de hombre y mujeres que desde 1890, al grito de “Azadutiún gam mah,” con la base ideológica de Kristapor, Rosdom y Zavarian y en las condiciones más precarias, defendieron el suelo patrio, y en las históricas batallas de Sardarabad, Pash Aparan y Karakilisé le mostraron al mundo su inquebrantable voluntad de vivir libre y soberano.


Cierto que la defensa de Armenia y su resurrección fue un logro de todo el pueblo unido, pero también es cierto que la conducción de ese pueblo tuvo como timón indiscutido al Tashnagtsutiún, y sus hombres, esos hombres que hoy también son venerados en Armenia como héroes con el merecido reconocimiento que se les debía tributar.


Mucho se puede hablar de los 2 años y medio de vida independiente. Reconstruir una nación con el enemigo acechando en las fronteras, edificar sobre la nada, fue tarea titánica.
Sin embargo, en ese corto período, la pequeña Armenia, una vez más dueña absoluta de su destino, logró darle un marco político democrático y republicano al país, sesionó su parlamento en el que había representantes femeninas, estableció relaciones diplomáticas, formó un ejército profesional, fundó la Universidad, sancionó varias leyes revolucionarias para principios de siglo en las que destacamos el voto universal y el voto a la mujer y tantos otros logros imposibles de pensar en el contexto de miseria, falta de fondos públicos, falta de trabajo y medios para implementarlos, caos social y la permanente amenaza en las fronteras.


Finalmente, las circunstancias exteriores y el marco geopolítico regional, hicieron sucumbir la independencia y se abrió para Armenia otro período, en su historia.-


¿Pero entonces qué significó en la historia milenaria de Armenia ese breve espacio de 1000 días de vida independiente?
El 28 de mayo de 1918 marcó en el pueblo armenio un espíritu indoblegable, revolucionario, rebelde y esperanzado en un futuro de libertad que marcaría su historia para siempre.


Ese espíritu, esa semilla de 1918, cuidada por la memoria colectiva del pueblo, dentro y fuera de fronteras, resurgió y estalló en 1991, dándole a Armenia la segunda independencia.
Pero hoy, no es un 28 de mayo como todos. Hoy nuestra Patria vive las secuelas de una agresión infame y la pérdida de gran parte del territorio de Artsaj, con miles de víctimas, desplazados, heridos, mutilados, huérfanos y cientos de prisioneros en manos de Azerbaiyán sometidos a torturas y vejámenes de todo tipo.
Armenia vive las consecuencias de una vergonzosa capitulación firmada a espaldas del pueblo, del parlamento y de sus ministros.
Una rendición humillante, que nos hizo retroceder 100 años en nuestra historia. Y como si ello no alcanzara, la pesadilla de la guerra de 44 días continúa porque en los últimos días el enemigo sigue avanzando, esta vez sobre territorio armenio, ante la absoluta inoperancia del primer ministro interino Nikol Pashinyan y la pasividad de la mayoría del pueblo.


Son horas extremadamente peligrosas para nuestra nación. Cada día representa un avance más de Azerbaiyán sobre Armenia con la amenaza de firma de documentos de un nuevo trazado de fronteras que nadie conoce, pero todos imaginamos que serán nuevas concesiones en desmedro de Armenia y su integridad territorial.


Ojalá el espíritu del 28 de Mayo resurja en los corazones armenios y de una vez por todas se ponga fin al régimen de Pashinyan y su secuela de errores y horrores que nos ha hecho pagar un precio tan alto en vidas y soberanía.
Ojalá la memoria de nuestros héroes de ayer y de hoy aliente en el espíritu indoblegable de nuestro pueblo y, una vez más, sepa y pueda enfrentar al enemigo interno y externo para salvaguardar la nación.


Ojalá vuelvan a resonar en la patria y en cada armenio, las inolvidables palabras de Aram Manukian en las horas más difíciles de 1918:
«Հայրենի հողը չէնք դատարկի մինչեւ մեր վերջին գնդակը»
NO VACIAREMOS LA TIERRA PATRIA HASTA LA ULTIMA BALA


Porque también hoy, como en aquellos días, está en juego el destino de Armenia y la supervivencia de nuestra nación.


Gomidé Vramian de la FRA-Tashnagtsutiún – Montevideo

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