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Hasta pronto, querido compañero Carlos

En memoria

Carlos-3Estas líneas son las que jamás hubiera querido escribir. Murió Carlos Luis Hassassian, un verdadero luchador por la causa de todos los armenios, un hombre que dejó de lado su vida personal, abandonó la idea de ir por riquezas y comodidades y vivió una vida frugal y modesta entregándose al servicio de sus profundos ideales armenios.

Murió Carlos Luis Hassassian y con su desaparición la comunidad armenia de toda nuestra región perdió tal vez a su máximo exponente periodístico. Su profundo conocimiento de los recodos de nuestra historia, su enorme sapiencia de la cultura armenia y su permanente apego a la lectura y aprendizaje diario al que se obligaba, lo transformaron en el referente imprescindible y casi único para acceder a la respuesta de cualquier interrogante relacionado con cuestiones armenias.

Hombre de profundas convicciones políticas progresistas, militante por más de medio siglo en las filas de la FRA-Tashnagtsutiún, no antepuso jamás esa condición al informar sobre las actividades de otras agrupaciones políticas u organizaciones de nuestra colectividad.

Carlos fue un verdadero periodista, investigador por naturaleza y hasta un historiador sesudo dedicado a impedir el olvido al que a veces nuestra propia indolencia nos empuja, cuando vamos dejando de lado nuestras antiguas tradiciones y costumbres propias de nuestra identidad.

Terco, discutidor hasta el cansancio. Sus compañeros políticos, conocedores de sus inesperadas y muchas veces utópicas propuestas, tenían en él un protagonista imprescindible en las reuniones partidarias.

Llegó al Diario ARMENIA en sus años muy jóvenes y ya nunca más se fue. Recorrió todas las etapas y estaciones del taller gráfico primero y la redacción después. Inteligente autodidacta, supo capitalizar los conocimientos adquiridos junto a verdaderos próceres de nuestra prensa como Vartán Kevorkian, Hovhannés Devedjian, Ashot Arzruní y Madeleine Arissian, entre otros. Y con absoluta naturalidad y gran humildad supo compartir esa invaluable experiencia en sus numerosas notas editadas por ARMENIA a lo largo de los últimos años.

Nuestro periódico acaba de cumplir sus primeros ochenta y siete años de existencia ininterrumpida y definitivamente podemos afirmar que Carlos, partícipe y protagonista de más de cinco décadas de ese recorrido de servicio a todos los armenios, resultó ser una pieza esencial.

También fue hombre de radio, medio en el que primero colaboró desinteresadamente durante varias décadas hasta insertarse en Armenia, Aquí Estoy, una audición que pronto cumple un cuarto siglo de vida.

Su desaparición afectó a toda la comunidad, pues su hombría de bien y su entrega total a la lucha por la subsistencia de nuestra cultura e identidad armenia a través de su actuación en Hamazkaín o su compromiso con todo el accionar comunitario, lo hicieron ser merecedor de la profunda amistad de muchas personas. Imposible recordar todas y cada una de las palabras vertidas por aquellos que lo despidieron en su velatorio o través de las redes, demostrándole afecto y sentida emoción.

Estas líneas son las que jamás hubiera querido escribir. Carlos Luis Hassassian era mi amigo y compañero. Lo conocí hace más de cincuenta años y muy pronto compartí con él mi militancia adolescente en Unión Juventud Armenia primero, y el Tashnagtsutiún después. Quiso la vida que en la madurez fuéramos compañeros en la tarea de informar. Fueron casi dos décadas de trabajo juntos. Tarea profunda, comprometida y hasta polémica porque nuestros desencuentros eran frecuentes, pero siempre terminaban como debían hacerlo, en total concordancia, porque por encima de todas las cosas, estaba nuestra relación de vida junto a los ideales armenios.

Difícil vida tuvo Carlos. Su renunciamiento a lo material le privó de algunas cosas buenas de la vida, pero como contrapartida, su total entrega a la lucha por sus convicciones, resultaron para él los placeres del deber cumplido, los objetivos alcanzados y la seguridad de haber dado todo de sí, sin esperar reconocimientos ni recompensas.

Carlos Luis Hassassian ya no está físicamente para nosotros, pero nunca estará ausente en nuestro trabajo diario porque sus huellas están en nuestra historia, en nuestros archivos gráficos y digitales, tesoros que custodiaremos por siempre, dándolos a conocer nuevamente cada vez que sea necesario hacerlo.

Hasta siempre, querido amigo y compañero, jamás te olvidaremos.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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