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Hiere Encore (Ayer aún)

Murió Charles Aznavour, la música universal está de duelo
Con Edith Piaff, el Gorrión de París

Con Edith Piaff, el Gorrión de París

En aquel París de posguerra, donde mis padres Misha y Knar se habían refugiado escapando del Genocidio, nací un 22 de mayo de 1924 en el Quartier Latin.

Era jueves, y según el zodíaco bajo el signo de Géminis e influenciado por Júpiter, lograría todo lo que me propusiera. Por más que no crea demasiado en el horóscopo, me parece que no se equivocó. Desde muy chico, con mi hermana mayor Aída, disfrutábamos de las obras de teatro que se preparaban en la trastienda del restaurante de mi padre, con emigrantes del Cáucaso, habladas en ruso o en armenio. Di mis primeros pasos en el teatro a los 11 años. Fui admirador de Charles Trenet y Maurice Chevallier y con mi juventud a cuestas armé un dúo con el pianista Piere Roche y nos fuimos a EEUU y Canadá a probar suerte con la música.

Fui chofer y asistente de Edith Piaf. También escribía canciones para ella. La famosa “Jezabell” es de mi autoría. El gorrión de Paris me mostró el camino para alcanzar la cima en el mundo de la música. Y le hice caso. “Operate la nariz y largate solo- me dijo- el aspecto exterior es muy importante”.

Charles y su padre Misha

Charles y su padre Misha

Ahora a la distancia me pregunto, si ella con un metro y medio de altura y su escuálida figura me hablaba de aspecto exterior, que me quedaba a mí con algunos centímetros más de estatura y un físico poco generoso. Había algo más que esas premisas. El afán de llegar. Las ansias de alcanzar la meta. Así, fui superando escollos.

La crítica me condenaba con el “Aznovoice” Has no voice (no tiene voz), pero después de presentar el “One man show” con la gran orquesta de Paul Mauriat durante un mes seguido en el Alhambra, llegué al Olympia para seguir con el espectáculo con dos funciones diarias. Y no paré más.

Compuse más de mil canciones. Mis discos se vendieron por millones. Así como me ayudaron a triunfar, hice lo propio con aquellos que se iniciaban en el espectáculo. Escribí canciones para Johnny Halliday, Silvie Vartán, Gilbert Becaud y les abrí las puertas a Jairo y a Susana Rinaldi en Paris y canté con grandes como Sinatra, Pavarotti y tantos otros. Algunas de mis canciones fueron banda de sonido de películas, y otras fueron éxitos en las voces de otros cantantes como Shirley Basey, Bing Crosby, Elvis Costello, Ray Charles y muchos más.

Con Mirelle Mathieu

Con Mirelle Mathieu

Filmé decenas de películas. Francois Truffaut, Atom Egoyan y Volker Schlondorff me incluyeron en sus filmes y gané el premio al mejor actor de reparto en “La cabeza contra el muro”. Me casé tres veces, Michelin, Evelyn y Ulla fueron mis esposas que me dieron seis hijos, Seda, Charles, Patrick, Katia, Nicola y Misha

Aznavour, su esposa y Maurice Chevallier

Aznavour, su esposa y Maurice Chevallier

Canté para reyes y presidentes. Di la vuelta al mundo varias veces con mis canciones, desde Japón a los EEUU, de Paris a la América del Sur, el Norte de África, el Medio Oriente y el resto de Europa. Allá por los años 60, cuando “Venecia sin ti ” sonaba en todas las radios, me recibió Nicolás “pipo” Mancera en sus Sábados Circulares por TV en Buenos Aires, adonde volví muchas veces. Incluso en una de esas giras en 1968 visité el Colegio Jrimian. El idioma francés fue con el que trabajé y compuse mis canciones. Sin embargo fiel a mis raíces, grabé junto a Seda, algunas canciones del trovador armenio Sayat Nová. En 1975 con “Ils ont tombe” (ellos cayeron), rendí mi homenaje al millón y medio de mártires armenios muertos durante el genocidio cometido por Turquía en 1915.

Charles con Liza Minelli

Charles con Liza Minelli

Cuando la tragedia asoló nuevamente a Armenia el 7 de diciembre de 1988, con el terremoto que se llevó la vida de 30.000 compatriotas, invité a un centenar de cantantes amigos-Jairo entre ellos- para grabar el disco “Pour toi Armenie”, y cuya utilidad sería destinada para ayudar a los sobrevivientes.

Fundé “Aznavour pour Armenie” para auxiliar a los necesitados. Me honraron nombrando plazas y calles con mi nombre en Ereván y con un monumento en Gyumrí. Tengo una estrella en el paseo de la fama en Hollywood, y fui tapa de la revista Time. Cuando me preguntaban si era un nuevo rico, yo respondía que era un antiguo pobre. La vida fue generosa conmigo. Me parece que muchos pensaban que me iba a quedar para siempre. Me hubiera gustado. Pero cuando te llaman de la oficina de arriba, debes presentarte.

Veo que me despiden con honores de héroe en Les Invalides. La fanfarria toca el Mer Hairenik junto a La Marsellesa. Mi familia, mis amigos y muchas figuras importantes han venido a despedirme. Voy para encontrarme con Edith que se marchó de Paris hace 55 años, con Dalidá, Gilbert, Johnny, Charles (Trenet), Maurice. George Garvarentz mi hermano del alma y mon chef d´orchestre Paul Mauriat. No me extrañen, no me lloren, aquí les dejo esta canción que hace tiempo escribí… Que viví.

Edgar D’Armain en el espíritu de Charles

 


Que Viví

Cuando tome en solitario el camino hacia Dios

y que cierre el calendario que Él me dio,

he de hacerle el inventario de mi vida por aquí…

Le diré si es necesario que viví!

Que nací de carne y hueso como todos los demás,

que viví cada segundo y algo más,

que viví gracias a eso que la vida me ofreció!

Porque el hombre, el más bueno y el peor

por el hecho de nacer ya es pecador!

Sin ser menos optimista que la media general,

le diré en mi entrevista al tribunal,

que yo he sido un artista y que un santo nunca fui

y aunque sea egoísta diré que viví, ¡que viví!

Y no pedía más que un poco de amistad

que viví solo por la felicidad

que viví sin beatitud

y eso es lo que temo más,

aunque sé que Dios sabría perdonar,

como manda a los hombres observar…

Si mis cartas credenciales

fuesen poco para Él

o si son superficiales le diré,

que entre todos los mortales

yo he sido el más feliz

y no temo confesarle que viví,

que viví a toda vela,

cada día un nuevo amor,

que viví de las mujeres lo mejor,

que viví en nombre de ellas

y he llevado siempre en mí,

la mayor pasión ardiente y frenesí…

Sin haber vivido mucho he de decir, que viví… que viví…

¡Feliz!

 

Charles Aznavour

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