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Inminente cierre del Ministerio de la Diáspora

Opinión

Contradicciones o mentiras. Difícil es analizar el presente del actual gobierno de Armenia. Su líder Nigol Pashinian cautivó con su encendida verba a cientos de miles de armenios que vieron en él la figura política que los sacaría del permanente estado de crisis socioeconómica que atraviesa el país desde hace años.

Esa fe recibió un impresionante apoyo en las elecciones a intendente de la capital armenia donde su candidato, un entusiasta actor con poco recorrido político fue finalmente ungido alcalde.Min_Diaspora

Sin dejar de considerar el ímpetu victorioso de nuestros hermanos armenios, desde la Diáspora la visión sobre el nuevo gobierno fue menos optimista, no porque se deseara su fracaso, sino tal vez porque la experiencia de vivir en diferentes países con políticas diversas, nos permitía identificar algunas señales que tarde o temprano nos mostrarían el verdadero rostro de quien impulsó la llama Revolución de Terciopelo.

Desde el primer día el autoritarismo de Pashinian se mostró sin tapujos. Fueron varias las ocasiones donde amenazó al gobierno anterior diciendo que si el no resultaba designado primer ministro, no permitiría que otro candidato ocupara ese cargo. Por supuesto ante el tono de esas declaraciones las interpretaciones pueden ser variadas, pero sus desaforados gritos no dejan demasiadas dudas al respecto.

Luego de armar un gobierno de acuerdos como lo calificara él mismo al gabinete que armó incluyendo al Tashnagtsutiún y a Armenia Próspera, pronto decidió que ya no necesitaba esos ministros y no dudó en apoyarse en las multitudes que todavía lo apoyaban para romper el trato y “expulsarlos”. La excusa que esgrimió fue una modificación que el Parlamento, donde aún es minoría, intentó aplicar a las leyes para asegurar la gobernabilidad del país.

Pero vayamos al título de esta nota. Tuvimos la oportunidad de conocer al ministro Mekhitar Hairabedian, un joven seguidor de Pashinian que fuera designado en reemplazo de Hranush Hakobyan, la eterna dueña de esa cartera que se creó hace una década merced a su impulso y experiencia anterior.

En ese encuentro con integrantes de la comunidad armenia, el nuevo funcionario aseguró que su llegada al ministerio de la Diáspora era para impulsar aún más los vínculos con los armenios del exterior y que los programas vigentes podrían sufrir cambios pero que ellos iban a ser para mejorarlos o ampliarlos. Poco duró esa promesa porque casi de inmediato se suspendió el exitoso emprendimiento Arí Dun, programa que acercó a la Madre Patria a miles de jóvenes armenios de todo el mundo.

Días atrás, el propio Hairabedian se encargó de desvalorizar el Ministerio de la Diáspora al afirmar en público que su cartera era algo “simbólico” y que pronto se tomaría la decisión de cerrarla o reducirla a un estatus de menor categoría.

Entre las especulaciones políticas sobre el caso, se afirma que dicho organismo ingresaría bajo la órbita de la Cancillería armenia que sería la encargada de aquí en más de los vínculos con las comunidades. Si esto sucede realmente, es posible pensar que las relaciones con las comunidades serán postergadas y hasta llevadas a un vergonzoso mínimo.

Creo que si bien el ministerio mencionado no era la panacea absoluta, cumplía -de acuerdo a los medios económicos a su alcance- con la importante tarea de sostener la identidad de las comunidades aportando un ida y vuelta en las áreas culturales, artísticas y sociales, muy útil para Armenia y su Diáspora.

Pashinian puede argumentar la necesidad de reducir el tamaño de su gobierno, pero sinceramente cometerá un enorme error si desmantela la cartera de la Diáspora. Todo lo logrado en el último decenio quedará sepultado bajo la burocracia de la política exterior armenia.

Pero ese tema será motivo de otro análisis.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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