Integración económica con Rusia, presión de Moscú para mantener las riendas de su patio trasero

14 de mayo de 2026

El primer ministro Nikol Pashinyan parece estar jugando con fuego al hacer movimientos políticos que molestan a Rusia. La dependencia económica de Moscú es un lastre muy pesado para sus ansias de mayor autonomía.

La reciente Cumbre de la Comunidad Política Europea en Ereván puso en alerta, una vez más, al gobierno del presidente ruso Vladimir Putin, reforzando el deterioro de las relaciones bilaterales desde que Nikol Pashinyan asumió como primer ministro, pero fundamentalmente tras las desaveniencias que tuvieron lugar a partir de la Guerra de los 44 días en 2020 y el rol que jugaron las tropas rusas en el conflicto.

El último episodio de la escalada verbal, que deviene en una clara señal hacia el gobierno armenio, tuvo como protagonista al propio Putin durante el desfile y las celebraciones del 9 de mayo por el Día de la Victoria de las tropas soviéticas sobre la Alemania nazi. 

Por cierto, se trata de una fecha y un acto simbólico muy valorado por el Kremlin, al que Pashinyan se excusó de asistir argumentando el inicio de la campaña para las elecciones parlamentarias del próximo 7 de junio.

La primera cosa que Nikol Pashinyan debiera saber, por haber nacido durante el período soviético, por ejercer el poder en Armenia desde hace ocho años y por haber mantenido innumerables encuentros cara a cara y charlas telefónicas con Vladimir Putin, es que en el espacio soviético y post soviético los silencios, las miradas, el tono de voz y los mensajes entrelíneas son tanto o más importantes que las declaraciones públicas.

Mojando la oreja

Sin dudas, no asistir en forma presencial a un evento de la magnitud de las celebraciones que recuerdan el fin de la Guerra Patriótica, tal la denominación y la referencia a la Segunda Guerra Mundial en clave soviética y ahora rusa, no es un hecho que el Kremlin dejará pasar por alto.

Además, el primer ministro armenio ya anunció que tampoco asistirá a la Cumbre de la Unión Económica Euroasiática del 28 y 29 de mayo en Astaná, Kazajistán, donde enviará a su vice Mher Grigoryan.

Y para complicar más las cosas, durante la reciente Cumbre de la Comunidad Política Europea en Ereván, el primer ministro armenio recibió al presidente ucraniano Volodímir Zelenski, se sacó una foto sonriente en un encuentro en el que aseguró que continuará enviando ayuda humanitaria a Ucrania, pero además, adujo que Armenia “no es un aliado de Rusia en la cuestión de Ucrania”.

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, María Zajárova, calificó de “incomprensible” la actitud de su aliado Armenia de recibir a Zelenski y sentar su posición favorable a ese país. No está claro qué espera ganar Armenia con este tipo de declaraciones, como no sea empedrar aún más la compleja relación entre Ereván y Moscú.

El zar Vladímir

Hace rato que Putin está molesto con los arrebatos autonomistas de Pashinyan. Fundamentalmente, el “coqueteo” con el ingreso a la Unión Europea, que el nuevo zar ruso considera una intromisión en su patio trasero. 

Ahí mismo, en caliente, llegó la respuesta de Putin a los últimos movimientos del mandatario armenio, reiterando un concepto que ya había acuñado y transmitido al gobierno de Ereván hace algunos meses, respecto de que no es posible pertenecer simultáneamente a la Unión Europea y a la Unión Económica Eurasiática.

En este punto, Putin puso la pelota en el campo armenio, generando un ruido importante en el debate público en medio de la campaña electoral. El líder ruso propuso que Armenia celebrara un referéndum para que el pueblo decidiera si aspira a ingresar en la UE o permanecer en la Unión Económica Euroasiática. Según Putin, Ereván, la capital de Armenia, debe «decidir cuanto antes» sobre su participación en la UE o en la Unión Económica Euroasiática.

Agregó que Moscú respaldaría “todo aquello que beneficie al pueblo armenio”, con el que Rusia ha mantenido “relaciones especiales durante siglos”. Sin embargo, el líder dijo que era fundamental “tener en cuenta ciertas circunstancias importantes tanto para nosotros como para nuestros socios”.

Llegada a esta situación, Rusia va dejando en claro algunas trazas de su estrategia, y sin vueltas y peligrosamente, lo expuso el propio mandatario ruso, al comparar el sendero que está recorriendo Armenia con lo que pasó en Georgia en 2008 y los sucesos que desencadenaron la agresión rusa a Ucrania.

“Estamos experimentando ahora todo lo que está sucediendo en Ucrania. Pero, ¿dónde empezó todo? ¿Con la adhesión de Ucrania o sus intentos de unirse a la UE?”, declaró Putin. Mensaje para Pashinyan, pero también para el resto de los candidatos que competirán en las cruciales elecciones del 7 de junio.

El aliado de Moscú

Desde la independencia de 1991 la Federación Rusa ejerció sobre Armenia -también las otras exrepúblicas soviéticas- una suerte de condicionamiento económico, siendo su principal socio comercial y origen de las inversiones extranjeras, en sectores estratégicos como la minería, el sector energético incluida la energía atómica, metalurgia, transporte y logística, el sector financiero, así como tecnologías de la información y la comunicación.

En 2025 Rusia representó el 35% del comercio exterior de Armenia y se mantuvo como el mayor socio comercial, con un intercambio basado en alimentos y productos primarios, bienes de consumo masivo y sectores industriales vitales para la vida económica armenia.

Analistas internacionales destacan que Rusia continúa ejerciendo una importante influencia a través de la preponderancia comercial y la inversión sectorial, al tiempo que “la dependencia económica condiciona y limita el alcance y la velocidad de la reorientación geopolítica de Armenia”.

Un ejemplo de esta dependencia se observa en la industria de energía atómica. La planta nuclear de Metsamor necesita una actualización para extender su vida útil hasta 2036. Metsamor fue construida en época soviética, continúa bajo concesión de operaciones de una empresa rusa (Rosatom) y utiliza combustible específico ruso, aunque existen otras opciones.

El gobierno armenio busca ahora construir una segunda central nuclear (en este caso con reactores modulares), y para ello está en conversaciones con Estados Unidos, Francia y la India, entre otros países. Pero la presión de Rusia es enorme para mantener a los otros países fuera del negocio.

También en materia de exportaciones Rusia hace sentir su presión, hace ya más de dos años, como “castigo” por los movimientos de Armenia hacia Occidente. El paso terrestre de Alto Lars, que conecta el sur de Rusia (República de Kabardino Balkaria) con Georgia, por donde pasan los bienes que exporta Armenia, se ha transformado en un check point, que ocasionalmente controla toda la carga que viene de Armenia y los camiones quedan varados por semanas.

Ni que hablar de la provisión de gas natural desde Rusia, cuyo precio llegó a subir el año pasado hasta 50% y que en ocasiones, Rusia corta el suministro inexplicablemente.

La traición rusa

Como es sabido, el punto de quiebre de la relación entre Armenia y Rusia fue la no intervención de tropas rusas en defensa de Armenia en setiembre de 2020 en Artsaj, ni en mayo y setiembre de 2021 tras la invasión de tropas azeríes en las provincias de Syunik y Gegharkunik, situación que mantiene hasta hoy en día bajo dominio azerí 240 km2 de territorio soberano armenio.

Según lo estipulado por el documento constitutivo de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) Rusia y los otros países signatarios debieron haber acudido en apoyo de su socio Armenia, pero eso no ocurrió, con el resultado conocido en la Guerra de los 44 días.

Hoy la presión de Rusia se ejerce en todos los terrenos posibles y la última batalla es la de empujar a Armenia a un referéndum vinculante para que la población decida si quiere una integración con la Unión Europea o con la Unión Económica Euroasiática.

Es un juego peligroso en el que, una vez más, estará en jaque la seguridad nacional, como quedó claro días pasados con las declaraciones del presidente azerí, Ilham Aliyev, con quien Pashinyan quiere firmar la paz, cediendo en casi todos los capítulos y sin obtener nada a cambio.

En ese contexto, Aliyev fue tajante al afirmar que “el pueblo armenio estará en problemas” si en las elecciones de dentro de tres semanas ganan los “sectores que viven con odio hacia el pueblo y el Estado azerbaiyano”, en clara alusión a la alianza que encabeza el expresidente Robert Kocharyan. 

Habrá que ver en ese caso qué dice y hace Vladimir Putin y si empieza a desplegar en el Cáucaso Sur la jugada que tiene in pectore hace ya bastante tiempo.

Carlos Boyadjian

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