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Jrimian Hairig: El padre espiritual del movimiento revolucionario armenio

Sintió la necesidad de encauzar su temperamento y lo hizo a través de las letras y de la docencia.
Jrimian Hairig. Sus restos descansan en la entrada de la Santa Sede de Echmiadzín.

Jrimian Hairig. Sus restos descansan en la entrada de la Santa Sede de Echmiadzín.

Los años ’80 del siglo XIX constituyeron el período de preparación de la inminente lucha armada del movimiento de liberación armenio influenciado por las ideas liberales de intelectuales de la talla de Jachadur Apovian, Mikael Nalpantian, Raffí y Jrimian Hairig.

Mgrdich Jrimian es una de las figuras más importantes de la historia moderna armenia e intérprete de las aspiraciones auténticas de su pueblo. Dotado de muchas facetas, fue enérgico en cada uno de sus actos: severo con sus hermanos de ministerio sacerdotal, a quienes fustigó para despertarlos de la molicie y el conservadurismo retrógrado; firme y voluntarioso en su afán por enseñar e inculcar en sus hijos espirituales el amor a su tierra. Hombre de garra revolucionaria, asumió responsabilidades para dirigir a sus connacionales; no vaciló en abandonar su cargo honorífico cuando comprobó que era inútil investir una función en la que se lo pretendía anquilosar. Golpeó puerta por puerta en las embajadas europeas para clamar por los derechos de su pueblo, y cuando comprobó que su patria era una vez más víctima de la defraudación internacional, convocó a los armenios para asumir las armas y luchar por la fuerza de las mismas en la defensa de sus derechos inalienables e irrenunciables ante la crueldad del gobierno turco y el absorbente despotismo del régimen zarista.

Situación

Las minorías, y en particular la armenia, luchaban por la conquista de los derechos más elementales, por la igualdad ante la ley a la par de los súbditos islámicos del Imperio y la obtención de cierta autonomía interna, por lo menos en el aspecto nacional-religioso, educativo y cultural. No existía ninguna propuesta o exigencia de independencia nacional o separación del Imperio Otomano. Los intentos reformistas del movimiento armenio alcanzaron su mayor intensidad al finalizar la guerra ruso-turca de 1877-78 cuando gracias a los esfuerzos del patriarca Nersés Varyabedian la Rusia triunfante introdujo el artículo 16 en el Tratado de San Stéfano (3/1878) exigiendo reformas para los armenios. A pesar de las renovadas crueldades a que habían sido sometidos durante la guerra, pero entusiasmados por la ocupación de la mayor parte de la Armenia histórica por parte del ejército ruso conducido por generales armenios (DerGhougassian, Lazarian), los armenios habían puesto todas sus esperanzas en el triunfo de Rusia. Sin embargo, el artículo 16 del Tratado de San Stéfano era sólo una promesa de pronta reforma para los armenios occidentales.

Pero las intrigas de la diplomacia británica redujeron las exigencias de San Stéfano en el Tratado de Berlín (7/1878), una suerte de revisión del Tratado de San Stéfano firmado meses antes. El artículo 61 del Tratado de Berlín sólo expresaba un vago anhelo con respecto a las reformas que debía introducir el Sultán en las provincias armenias. La Cuestión Armenia era reconocida internacionalmente, pero quedaba debilitada y se veía privada de la posibilidad de una solución inmediata. El Tratado de Berlín permitió que el Sultán Hamid sacrificara con alevosía al pueblo armenio por las armas, por la deportación y la asimilación.

La cuchara de hierro, un llamado a las armas

Jrimian había sido enviado por la Asamblea Nacional como delegado a Berlín para presentar la cuestión armenia ante el Congreso de las grandes potencias. «En medio del Congreso, sobre una mesa dorada con un tapete verde había sido colocado un gran caldero lleno de harisá (plato nacional armenio hecha con granos de trigo y carne, cocidos y golpeados en un mortero hasta formar una pasta homogénea) del que recibían una parte las grandes y pequeñas naciones o gobiernos del mundo. Algunos de los comensales se inclinaban hacia Oriente y otros hacia Occidente y después de discutir largamente, comenzaron a llamar adentro, por orden, uno por uno, a los representantes de los países pequeños. Llegó el turno del delegado armenio; me acerqué en nombre de la Asamblea Nacional y presenté el petitorio de papel que me habían dado y rogué que llenaran también mi plato con harisá. Entonces los grandes que estaban junto al enorme recipiente me preguntaron: ¿dónde está tu cuchara de hierro? […] Si dentro de poco tiempo este harisá es distribuido nuevamente, no debéis venir sin cuchara de hierro o te volverás nuevamente con las manos vacías». «Querido pueblo armenio, podría haber introducido en el caldero mi cuchara de papel la que se habría mojado o quedado allí, dentro del harisá. Donde las armas son las que hablan, donde el acero es el que suena ¿qué tienen que hacer los ruegos y peticiones?» […] «Amenios: afilad vuestros cuchillos. Vuestra salvación vendrá por el hierro».

 

Ohanian, Pascual: La Cuestión Armenia y las Relaciones Internacionales. Tomo l. Buenos Aires 1975
Hrach Dasnabedian. Historia de la Federación Revolucionaria Armenia. Buenos Aires 2013

 

Cronologia Jrimian Hairig

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