Kemalistas: fingir demencia y hacer la guerra como política de Estado

31 de mayo de 2023

Hace 100 años el Tratado de Lausana pulverizó el Tratado de Sevrès y redibujó las fronteras de Turquía, con todo el costo para armenios, kurdos y griegos. Semejanzas entre Kemal y Aliyev y por qué Armenia no estuvo en la mesa de negociaciones.

La situación actual en el Cáucaso Sur exhibe un notable paralelismo con los hechos que rodearon a la debacle del Imperio Otomano, las firmas de los Tratados de Sevrès y de Lausana, y por fin, el nacimiento de la República de Turquía en octubre de 1923.

Todo ese período estuvo teñido de guerras, enfrentamientos y sangre, impulsados siempre por el Estado belicoso pero manejado estratégicamente por Mustafá Kemal “Atatürk”.

En ese período Armenia pasó de la esperanza de la propuesta wilsoniana en el Tratado de Sevrès, con casi 300.000 km2 de superficie, diez veces más que la actual República de Armenia heredera de la Armenia Soviética y con salida al Mar Negro, a un Tratado de Lausana, que configuró el mapa actual de la República de Turquía, con importante pérdida territorial para Armenia.

El Tratado de Lausana fue el punto culminante de la Conferencia de Lausana, que comenzó el 21 de noviembre de 1922 en esa ciudad suiza y arribó a la firma finalmente el 24 de julio de 1923.

Para entender cómo se llegó a ese punto, vale recordar la dura postura negociadora de los turcos, paradójicamente una potencia derrotada en la Primera Guerra Mundial, pero que logró a base de sucesivas guerras, parir la “nueva Turquía”, expulsando o asimilando a las minorías étnicas.

Todo comenzó con el rechazo del Tratado de Sevrès por parte de la Gran Asamblea Nacional de Turquía, tras su firma el 10 de agosto de 1920. La llamada guerra de la independencia en Anatolia, fue liderada por los kemalistas para evitar el desmembramiento del Imperio Otomano.

De acuerdo a Sevrès la partición del Imperio comprendía sendos mandatos británico y francés, más una zona italiana y otra griega, y el establecimiento de dos nuevos estados, Armenia y el Kurdistán. Pero la oposición de los nacionalistas llevó a una guerra civil y luego en 1922 la guerra greco-turca, en la que vencieron las tropas de Kemal Atatürk.

Cabeza de turco

El punto central aquí es cómo Turquía logró revertir una posición de debilidad, tras la derrota en la Gran Guerra, a una posición de ventaja y un tratado favorable luego de atacar a sus enemigos y utilizar la fuerza bélica como medio de negociación.

En cierta manera, esto puede leerse también en los movimientos de la diplomacia turca actual, bajo el influjo del reelecto presidente Recep Tayyip Erdogan en los últimos años, las continuas amenazas a los griegos en el Mediterráneo Oriental, la invasión de Libia y de Siria, y el apoyo de Ankara a Azerbaiyán en la Guerra de los 44 días contra Armenia y Artsaj en 2020.

Es un modelo que adoptó también el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, quien en el mismo momento em que está negociando un tratado de paz con Armenia, no deja de disparar contra blancos civiles, invadir territorio soberano armenio, secuestrar civiles o soldados armenios y avanzar metro a metro para negociar desde una mayor posición de fuerza.

Es la estrategia de “fingir demencia” o como dicen en el barrio “poner cara de boludo” ante las cámaras cuando está frente a los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Francia, Emmanuel Macron, o el presidente del Consejo de Europa, Charles Michel, argumentando que está a favor de un acuerdo, pero tan pronto como se apagan los reflectores, volver a la política xenófoba y racista contra los armenios.

Agenda precisa

Volviendo al Tratado de Lausana, el que fingía demencia en esa oportunidad fue el jefe de la delegación turca, Ismet Inönü, futuro sucesor de Kemal Atatürk y segundo presidente de la República de Turquía. Inönü estuvo acompañado en las negociaciones por el diplomático Riza Nur y el Gran Rabino Haim Nahum Effendi.

La negociación de Turquía con los representantes del Imperio Británico, el canciller Lord Curzon; de Francia, Raymond Poincaré; y el propio Benito Mussolini por Italia, fue dura y sin resultados concretos durante los primeros meses, hasta marzo de 2023. El proceso se retomó en abril y en once semanas se logró arribar a un acuerdo.

La voz cantante la llevaba Lord Curzon, con mandato para proteger las posesiones británicas en Irak, donde ya se había descubierto petróleo. Logró resguardar la ciudad de Mosul de los intentos de Turquía, y también la libre navegabilidad de los estrechos (Dardanelos y Bósforo) para entrar y salir sin trabas hacia y desde el Mar Negro.

En esta posición también estaba el representante de la Unión Soviética, el Comisario de Relaciones Exteriores en la primera etapa de la URSS, Georgy Vasilyevich Chicherin. La Unión Soviética sólo había sido invitada a renegociar la Convención de los Estrechos que databa de 1841, no el resto de los puntos.

Con la estrategia de no buscar acuerdos, sino intentar imponer su posición y sólo firmar cuando ésta hubiera sido conseguida, Turquía logró arrebatarle a Grecia una parte de Tracia en el continente europeo y así dominar ambas márgenes de los estrechos, además de disolver la zona griega en Izmir.

También logró quedarse con toda la parte que en el Tratado de Sevrès correspondía a Armenia, que a esa altura ya había sido sovietizada por la fuerza, y desconoció los territorios asignados en 1920 al Kurdistán. Esto, además de concesiones arrancadas a británicos, franceses e italianos.

Así nació la República de Turquía. El Tratado de Lausana se firmó el 24 de julio de 1923 y fue ratificado por Turquía el 23 de agosto del mismo año, mientras que las potencias occidentales signatarias lo hicieron el 16 de julio de 1924.

Un punto importante. El Tratado de Lausana incluyó una Declaración de Amnistía y el otorgamiento de inmunidad por crímenes cometidos por los turcos entre 1914 y 1922, incluyendo, lógicamente, el genocidio armenio.

En un ensayo de 2010 el historiador alemán Hans-Lukas Kieser, relacionó este suceso con el Holocausto judío en la Alemania nazi y impacto de este antecedente en la decisión de los genocidas. “El Tratado revisionista de Lausana respaldó tácitamente políticas integrales de expulsión y exterminio de grupos heteroétnicos y heteroreligiosos, con atracción fatal para los revisionistas alemanes y muchos otros nacionalistas”, explicó.

Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar

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