La elección terminó, los desafíos continúan

Los ciudadanos de Armenia hablaron en las urnas y otorgaron una nueva victoria al primer ministro Nikol Pashinyan y a su partido Contrato Civil. Después de una campaña marcada por fuertes tensiones políticas, la sociedad armenia tomó una decisión que tendrá consecuencias para los próximos años.
La elección se celebró en un contexto excepcional. Fue la primera parlamentaria ordinaria después de la limpieza étnica de Artsaj y del desplazamiento forzado de más de ciento veinte mil armenios de su tierra ancestral. También estuvo atravesada por detenciones de dirigentes y militantes opositores, por el enfrentamiento abierto entre el gobierno y la Iglesia Apostólica Armenia, por acusaciones de persecución política y por un clima de mucha hostilidad en el debate público. Incluso antes de concluir el escrutinio, Pashinyan se proclamó vencedor y anunció la formación de un gobierno en solitario cuando todavía faltaba contabilizar la inmensa mayoría de los votos.
Aún en ese contexto, una parte importante de la sociedad armenia optó por renovar el mandato del actual Primer Ministro. Sin embargo, el resultado electoral no resuelve por sí mismo las cuestiones que siguen marcando el presente y el futuro de Armenia. Artsaj continúa vacía de población armenia. Los cautivos armenios siguen detenidos en Bakú. Azerbaiyán mantiene abiertas exigencias que afectan cuestiones sensibles para el futuro del Estado armenio, mientras tropas azerbaiyanas continúan ocupando sectores del territorio soberano de Armenia y consolidando posiciones en zonas estratégicas de Syunik.
Tampoco puede ignorarse que el resultado fue recibido con satisfacción en Bakú y seguido con atención en Ankara. Desde Azerbaiyán no tardaron en aparecer interpretaciones que presentan la reelección de Pashinyan como una oportunidad para avanzar en objetivos planteados desde hace años, entre ellos las reformas constitucionales reclamadas por ese país, el reclamo de Azerbaiyán de facilitar el asentamiento o retorno de azerbaiyanos en territorio armenio y el cierre definitivo del capítulo de Artsaj.
Aunque Contrato Civil obtuvo una mayoría suficiente para gobernar en solitario, no alcanzó por sí misma el nivel de representación parlamentaria necesario para impulsar una reforma constitucional sin acuerdos políticos más amplios. Al momento de escribir estas líneas, algunas impugnaciones y pedidos de revisión de resultados continuaban bajo análisis de las autoridades electorales.
Sería simplista interpretar el resultado únicamente desde la mirada de Bakú. Para una parte importante del electorado pesaron la promesa de paz impulsada por el oficialismo, la situación económica y el rechazo que generan algunos referentes opositores. Esas motivaciones ayudan a comprender el resultado pero no agotan el debate que Armenia seguirá enfrentando en los próximos años.
El gobierno tiene ahora la responsabilidad de conducir una nueva etapa. La victoria electoral no equivale a un cheque en blanco. Debe demostrar que la mayoría obtenida en las urnas no será utilizada para profundizar divisiones o para perseguir a quienes piensan distinto. También que es capaz de recomponer una relación deteriorada con amplios sectores de la diáspora y afrontar los desafíos que tiene por delante sin renunciar a intereses esenciales del Estado armenio.
La elección terminó. Los desafíos continúan.
Pablo Kendikian