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La estética de la política y las estatuas de Ereván

Interesante perspectiva

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Ereván (EVNReport).- El estado tiene el monopolio de la construcción de monumentos y estatuas en espacios públicos, y cada uno de estos viene con un mensaje ideológico particular que le sirve al gobierno en funciones en el momento de su instalación.

Si miramos cuántos de estos se han erigido en Ereván y cuántos terminaron siendo desmantelados, cuántos fueron trasladados o modificados, tendremos una visión general de las corrientes ideológicas y políticas por las que atravesó el país desde su independencia.

Según la lista proporcionada por el municipio de la capital a EVN Report, 51 estatuas y bustos se colocaron en la ciudad desde 1991. Estas eran imágenes de hombres: personajes de novelas o de películas, artistas (William Saroyan, Arno Babajanyan), figuras militares (Karekín Nshté, general Antranik, mariscal Baghramian) y filántropos (Alexander Mantashev, Calouste Gulbenkian).

Solo una corresponde a una mujer y es “Armenuhi”, una imagen colectiva de las armenias, pero que no fue encargada oficialmente, sino encontrada por una nieta en el estudio de su abuelo. Casi todas estas se encuentran en el centro de la ciudad.

Desmantelando la memoria

Levantamos esculturas para fortificar el pasado, o al menos para salvarlo del olvido, pero cuando lo deconstruímos llega el momento de revaluar la historia.

Seis estatuas (sin contar la de Stalin desmantelada de 1962 y reemplazada por la Madre Armenia en 1965) han sido eliminadas de la historia reciente, y si bien cada una tiene un poco de misterio a su alrededor, su quita no es ninguna sorpresa.

Lenin_plaza-de-la-repúblicaA nadie le llamó demasiado la atención la remoción del histórico homenaje a Lenin de la Plaza de la República después de la independencia (foto izquierda). El cuerpo decapitado del mismo yace hoy en el patio trasero de la Galería Nacional de Armenia con tres disparos aún visibles en su estructura de hierro. Quién y por qué abrió fuego contra la misma sigue siendo un enigma.

Pero esta no fue la única “víctima” del cambio de gobierno. Mientras en 1988 el Movimiento Karabagh unió a los armenios en torno a la reunificación de este territorio, la actual Plaza Sakharov recibió el nombre y presentó un busto del reconocido marxista azerí Meshadi Azizbekov (foto derecha). Una mañana de 1988,Azizbekov Ereván se despertó con la noticia de que un camión chocó contra este y lo volcó. Se dijo, aunque nunca se confirmó, que el conductor tuvo un ataque cardíaco y perdió el control. Sin embargo el monumento nunca fue reinstalado.

En 1991 esta plaza fue renombrada como Andrei Sakharov, ganador del Premio Nobel de la Paz, físico nuclear y activista de derechos humanos que habló abiertamente sobre los pogromos a los armenios en Azerbaidján. El busto de este último fue instalado en 2001.

La de Ghugas Ghugkasyan fue la siguiente. En 1990, en medio de la noche, personas desconocidas volaron este recuerdo al revolucionario soviético ubicado en la calle Apovian, en el Parque de los Estudiantes. En 2009, el espacio fue convenientemente adaptado para una distinción similar pero dedicada al famoso astrofísico Víctor Ambartsoumian, dado que el lugar cuenta con un pequeño observatorio.

Según el artista y crítico de arte Ruben Arevshatyan, las modificaciones contextuales y paradigmáticas derivadas de un cambio de régimen político desembocan en la consecuente eliminación de ciertos símbolos. Las estatuas, como elementos de veneración de los individuos, son las primeras en irse.

TrabajadorOtra razón para la quita de monumentos puede ser que algunos no están articulados adecuadamente y su estética y simbolismo producen vibraciones mixtas. Un ejemplo de esto es “Gloria Trabajadora” que se ubicaba cerca de la estación Kordznaraín (Del Trabajo) y que fue construida para representar al trabajador soviético, aunque su constructor aseguró que no tenía una ideología socialista sino que era un hombre que caminaba hacia Armenia Occidental.

Esta discrepancia surgió de una leyenda urbana que decía que la misma sostenía el periódico Pravda y un martillo. Sin embargo, fotos de su instalación, muestran que siempre tuvo las manos vacías.

La escultura, que fue incluida en la lista de monumentos protegidos por el estado, pero fue desmantelada de la noche a la mañana por decisión del gobierno en 1997. La razón es que no era suficientemente sólida y corría el riesgo de colapsar. Muchos estuvieron en desacuerdo en ese momento, ya que estaba firmemente unida a su base con barras de metal. Tal vez no valió la pena el esfuerzo por fortalecerla, o quizás representaba el colapso de la economía armenia, recordando tiempos de empleo y una vida más fácil.

Sobresaturación de imágenes y simbolismos

Otro problema en relación a este tema es la aglomeración de imágenes y elementos simbólicos. Arevshatyan explica: “Esto sucedió varias veces en la Unión Soviética, con Stalin, Kruschev y Brézhnev. El simbolismo necesita un espacio y cuando unas representaciones se colocan muy cerca de otras, el simple hecho de su proximidad hace que se observen relacionadas entre sí, lo que tiene como resultado un contexto incómodo”.

Intente leer una ciudad a través de sus monumentos, claramente hay una acumulación de contextos diferentes, al menos en Ereván. Céntrese por ejemplo solo en una parte del Parque Circular, allí están representados el escritor Mikael Nalbandian, el callejón de los filántropos de la diáspora, el monumento a la amistad entre el pueblo ruso y armenio, y en frente un recuerdo al genocidio asirio. Caminando un par de metros más está el famoso pintor armenio Hovhannés Aivazovsky y cruzando la calle el poeta Avedik Isahakyan. Las manos que simbolizan la amistad armenio-italiana están opuestas al poeta Vahán Deryan. Si mira a la izquierda verá la escultura en honor a las víctimas del Holocausto y del Genocidio. Yendo incluso un poco más allá hay mucho más, como una estatua en honor a la mujer y un árbol de la vida, todo esto en un trayecto de no más de diez minutos.

La saturación del espacio urbano, sin considerar la colocación correcta de estos homenajes, su tamaño y su estilo, es exactamente lo que hará que el propio entorno afecte a estas obras, detalla el especialista.

“Si se toman las estatuas de Aram Manukyan, del almirante Isakov o de Hovhannés Aivazovsky, se puede ver que todas intentan reproducir la estética del Monumentalismo Soviético. Pero esta posee su propia situación social, política y económica”, explica Arevshatyan. “Cuando este contexto ya no existe, el uso de la estética derivada de este deja de tener sentido. El problema es que el nuevo trabajo se convierte en una copia de la copia. Aquí es donde más a menudo vemos el simbolismo banal, casi anecdótico, como cuando se tiene una estatua de Aram Manukyan que emerge de una base tricolor”.

También se debe notar que el lugar donde está ubicada también fue motivo de críticas severas, ya que este recordatorio al fundador de la Primera República fue levantado en el complejo de la estación del metro Plaza de la República, que tiene un estilo ligado al Modernismo Soviético y es obra de los famosos arquitectos Jim Torosyan y Mgrdich Minasyan.

Choque entre las estatuas y los estereotipos

Al contrario de los monumentos soviéticos antes nombrados es interesante observar la vida de otro tipo de estatuas, las móviles del Centro de Artes Cafesjian que se colocan sin un “significado político” en la capital.

“La sociedad sigue percibiendo estas obras como herramientas ideológicas, pero las mismas tienen una característica importante, no son estáticas y cambian siempre de lugar. ¿Cómo puede ser que sean trasladadas de una esquina a otra? Este es un ejemplo del profundo conflicto cultural que ocurre cuando se mantiene la percepción postsoviética de las cosas”, agrega el artista. Independientemente si gustan o no, estas se han convertido en el espacio donde chocan los monumentos y los estereotipos que la gente tiene sobre ellos”.

En el undécimo minuto de la caminata desde la escultura de Nalbandian a través del Parque Circular, se encuentra el último agregado, presentado el 23 de agosto de 2018, que homenajea al perro armenio Gampr, un regalo de la diáspora de Ámsterdam con motivo del 2800° aniversario de la ciudad. La idea es que el animal está destinado a proteger la capital, como lo ha hecho con las familias armenias y su ganado durante siglos.

La mayoría de las estatuas en Ereván parecen elementos insertados para rememorar personas y valores del pasado, recuerdos tridimensionales de la historia que sirven de herramientas para la educación. Pero esto habilita un interrogante: ¿Hay espacio para que estos monumentos, como el tipo de arte que son, empujen los límites de la forma y la imaginación, hablen sobre el sentimiento humano y aporten una visión del futuro?

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