La semilla del negacionismo del Genocidio Armenio

30 de abril de 2026
Parlamento Otomano, noviembre de 1918.

Cómo fue el debate de las masacres de armenios en el último Parlamento otomano en entre noviembre y diciembre de 1918. La teoría de los dos demonios vio la luz en Estambul y en lengua turca.

A menudo se asegura que el inspirador de la política negacionista del Estado turco respecto del Genocidio Armenio fue Mustafá Kemal Atatürk, el “Padre de los Turcos” según se autodenominó este reconocido general del Ejército Otomano y fundador de la República de Turquía en 1923, para dejar atrás la barbarie y el atraso económico, político y social del país, tras la rendición en la Primera Guerra Mundial, un paso clave para “parecerse” a Occidente.

Sin embargo, es importante recordar que los primeros pasos de la política negacionista no los dio Atatürk sino que tuvieron mucho tiempo antes de su ascenso al poder.

Eso sí, Mustafá Kemal no está libre de mancha en este tema, dado que fue responsable de institucionalizar la política negacionista a través de directivas, normas, leyes y reglamentos que fueron dando vida a una verdadera estrategia de ocultamiento y negación del Genocidio Armenio, que dejó como resultado nada menos que el asesinato de 1,5 millón de armenios, el destierro de gran parte de la población que al esparcirse por los cinco continentes dio origen la diáspora, que hoy alberga a entre 10 y 12 millones de armenios, según diversas estimaciones.

A esto hay que sumar la islamización forzada de cientos de miles de armenios, que hoy indican por qué en Turquía se calcula que sus descendientes llegan a los dos millones de personas. Eso explica por qué en los conocidos estudios de ADN en muchísimos casos las personas que creen ser de origen turco tienen elevados porcentajes de trazas genéticas armenias. Pero ésta es otra historia. El punto aquí es que el negacionismo no empezó con Atatürk - que sí lo profundizó- sino mucho antes

Tiempos violentos

Hacía apenas unos días que se había acallado el estruendo de los cañones durante la Primer Guerra Mundial cuando en el recinto del Parlamento Otomano tuvieron lugar arduos debates sobre el desempeño del gobierno de los Jóvenes Turcos durante la Gran Guerra y en los que diputados de origen armenio y griego dejaron asentado en las actas las demandas sobre las matanzas de estas minorías.

Tras la derrota en la guerra y la firma del Armisticio de Mudrós el 30 de octubre de 1918 entre el gobierno turco, representado por Rauf Bey, miembro del gabinete de Ahmet Izzet Pashá a cargo del poder, y Somerset Arthur Gough Calthorpe, en representación del Imperio Británico, comenzaron las deliberaciones en el Parlamento Otomano.

Era claro que luego de la derrota las fuerzas vencedoras ocuparían Constantinopla, y ante esa evidencia los tres pashá, Mehmet Talaat, Ismail Enver y Ahmed Dhjemal abandonaron el país el 1 de noviembre rumbo a Alemania.

El primer punto a destacar es que en esos momentos se vivía un cierto aire de libertad luego de la dura censura a la prensa impuesta desde 1912 y profundizada durante los años de la Primera Guerra Mundial. La oposición política y la prensa empezaron a batir el parche sobre la responsabilidad del Comité Unión y Progreso (CUP) en la derrota en la guerra y también en las matanzas de los armenios.

Apenas una semana después de la firma del Armisticio de Mudros el CUP se autodisolvió y sobre sus bases se creó el Partido Renovador (Teceddüt Party), quedándose con todos los diputados del CUP. Sin embargo, en diciembre el sultán Mehmet Vahdettin disolvió el Parlamento con el argumento de que llamaría a nuevas elecciones, cosa que no ocurrió.

Entretanto, en la sociedad turca iba madurando la idea, plasmada en entrevistas periodísticas y reuniones de la alta sociedad, a la que eran invitados importantes representantes de las fuerzas de ocupación, de que el manejo de la guerra, así como las deportaciones y las matanzas de armenios eran responsabilidad de la pequeña élite gobernante en esos años, y que era injusto acusar a todos por ello. Ése fue el huevo de la serpiente. Desterrados los responsables, se terminaba el problema.

Los primeros pasos

El 4 de noviembre de 1918 el Parlamento comenzó a debatir una moción, presentada días antes por Fuat Bey, diputado del distrito Bagdad-Divaniye, que imputaba a las autoridades del CUP por 10 hechos relevantes y pedía que los miembros de los gabinetes de Sait Halim Pashá y Talaat Pashá fueran juzgados por el Tribunal Supremo.

Entre los aspectos que les imputaba por haber llevado a la destrucción del país e mencionan:

La cláusula 10 hacía referencia directa a las deportaciones de armenios y a la Teshkilat-ı Mahsusa (la Organización Especial), una fuerza militar irregular organizada por la dirección del CUP, que había llevado a cabo deportaciones y masacres”, menciona el investigador turco Ayhan Aktar en su ensayo “Debatiendo las masacres de armenios en el último Parlamento Otomano, noviembre-diciembre de 1918”.

En esta última cláusula, los crímenes de los gobiernos respaldados por el CUP, se resumían así: 

“Generar caos administrativo en el país y facilitar los ataques de ciertas bandas contra la seguridad de la vida, la propiedad y la castidad [de la población], contribuyendo así a las atrocidades que estas bandas perpetraron”.

En el mismo sentido, el diputado de Aydin, Emanuel Emanuelidis, el diputado Vangel de Izmir y el diputado Tokinidis de Çatalca, hicieron una moción de ocho puntos sobre las persecuciones a las minorías, con foco en las comunidades griegas, aunque no exclusivamente. En el primer punto precisa que “un millón de personas, sin otro delito que pertenecer a la nación armenia, fueron masacradas y exterminadas, incluyendo incluso mujeres y niños”. 

El punto siguiente habla de “250.000 personas de la minoría griega, que han sido verdaderos agentes de civilización en este país por al menos cuatro siglos, han sido expulsados del Imperio Otomano y sus propiedades confiscadas”. Y en el punto 5 mencionan el asesinato de “Zohrab Efendí y Vartkés Efendí”, dos miembros del Parlamento Otomano.

Se cae la máscara

Como se ve, ya en noviembre de 1918 en el propio recinto del Parlamento Otomano se hablaba de al menos un millón de armenios masacrados.

Durante su comparecencia ante los legisladores el ministro del Interior, Fetih Bey, hizo pública la teoría de que hubo “sufrimiento de ambas partes”, que tanto turcos como armenios tuvieron víctimas y, en suma, que hay que dar vuelta la página y mirar hacia adelante.

Un grupo de diputados de origen armenio, Matyos Nalbantyan (Kozan) y Artín Bosgezenyan (Aleppo), Medetyan (Erzerum), Dikran Barsamyan (Sivas), Onnik (Izmir) y Agop Efendi (Marash), tomaron la palabra para pedir no sólo el castigo a los culpables de asesinato, sino también por las propiedades confiscadas, pidiendo la revocación del decreto del 27 de septiembre de 1915 que estipulada esa medida.

En la sesión del 4 de noviembre, el ministro del Interior, Fetih Bey, incluyó en el orden del día la derogación del decreto del 27 de septiembre de 1915 relativo a la venta de propiedades abandonadas y las deportaciones de armenios. El diputado de Aleppo, Artin Bosgezenyan Efendi, pronunció un discurso sobre esta ley provisional:

“Es un cuchillo, un hacha que ha causado gran crueldad. No podemos acabar con esa crueldad deshaciéndola, aunque la debilitemos... Todavía está la sangre de quienes la sufrieron... Las casas que demolió son incontables... No solo debemos derogarla, sino también exigir que se castigue a quienes se valieron de esta ley para arruinar el país; quienes la aprobaron y la utilizaron con fines de asesinato también deben ser castigados”, señaló.

Los turcos contraatacan

El diputado de Mush, Ilyas Sami Bey, se refirió a la autodefensa de Van como una revuelta provocada por los armenios, que sumió al país en el caos, por lo que en verdad acá hubo “muertes mutuas”, por lo que no es posible avanzar en responsabilidades y además “los armenios empezaron primero”, destacó.

Ilyas Sami Bey, diputado del Parlamento de Turquía de Mush, y de Bitilis.

Tras resumir el desarrollo del movimiento nacionalista armenio, con referencias a la Federación Revolucionaria Armenia, Ilyas Sami Bey dijo que durante la rebelión de Van, ocurrida al comienzo de la Primera Guerra Mundial, afirmando que el 70% de la población musulmana de Van fue asesinada. Dicha rebelión, según él, es “el arma clavada en el corazón y el alma del gobierno otomano por los armenios”, y había “provocado las trágicas consecuencias que yo mismo odio y me repugnan”, cuando el bando turco respondió con masacres.

Según Ilyas Sami Bey, se produjo una masacre mutua, pero fueron los armenios quienes la iniciaron y exigió el castigo de todos los implicados, de ambos bandos, declarando: “Musulmanes o armenios, sean quienes sean, deben ser decapitados como dragones; deben ser aplastados. Esto debe quedar registrado con estas mismas palabras”.

Le contestó el diputado Nalbantyan: “El gobierno no puede ejecutarme por los crímenes cometidos por mi hijo. Tampoco puede decapitarme ni destruirme de ninguna manera. Esto es inaceptable. Decir que los armenios causaron todo esto no es razonable ni aceptable. Castigaremos a los responsables y devolveremos las propiedades dañadas a sus dueños. Debemos dejar claro que devolveremos a sus esposas legítimas, a sus hijas y a los niños pequeños que aún están en manos de los salvajes. Debemos demostrar nuestra sensibilidad hacia el mundo civilizado, nuestra humanidad y nuestro respeto por todo lo sagrado”.

Fue un debate caliente y tenso con las heridas aún abiertas a flor de piel y las pulsaciones a mil. La dirigencia turca vivió esos debates como el origen de la política negacionista, que intentó barrer debajo de la alfombra toda la basura del Imperio, pretendiendo que embarrando la cancha y negando todo, los crímenes se olvidan y prescriben.

Carlos Boyadjian

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