La victoria de Pashinyan vista desde Bakú

Una práctica habitual después de una elección importante es observar cómo fue interpretada por políticos y medios fuera de las fronteras del país. En el caso de Armenia, esa lectura resulta especialmente relevante en Azerbaiyán, Turquía y Rusia, tres actores que siguieron con atención una elección atravesada por las consecuencias de la guerra de 2020, la caída de Artsaj y las negociaciones actualmente abiertas en la región.
La victoria de Nikol Pashinyan en las elecciones parlamentarias del 7 de junio fue recibida con satisfacción por buena parte de la prensa y de los centros de análisis azerbaiyanos. En líneas generales, interpretaron el resultado como una ratificación del rumbo adoptado por Armenia después de la guerra de 2020.
La reacción favorable no se limitó a los medios. Pocas horas después de conocerse los resultados, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, felicitó a Pashinyan por la victoria de Contrato Civil y expresó su confianza en que avanzará en su proyecto de paz y cooperación regional. En el mensaje difundido por el gobierno armenio manifestó su “plena confianza” en que la visión del Primer Ministro armenio para establecer una paz duradera y profundizar la cooperación en la región será completada con éxito. Al momento de publicación de esta nota, una semana después de las elecciones, el presidente ruso Vladimir Putin no había difundido un mensaje público de felicitación similar.
Uno de los primeros análisis publicados tras las elecciones fue elaborado por el Centro de Análisis de Relaciones Internacionales (AIR Center), un think tank vinculado al gobierno azerbaiyano que Diario ARMENIA denunció por haber hecho inteligencia en la colectividad armenia de Argentina. En la nota de las elecciones sostuvieron que la sociedad armenia había respaldado la agenda de paz impulsada por Pashinyan y que el siguiente paso debía ser la resolución de las cuestiones pendientes entre ambos países, incluida la reforma constitucional exigida por Bakú.
Una interpretación similar se publicó en distintos artículos de AzerNews. El medio presentó el resultado electoral como una confirmación de la nueva realidad regional surgida después de la guerra de 2020 y sostuvo que la continuidad de Pashinyan podía facilitar la apertura de comunicaciones, el desarrollo económico y la firma de un acuerdo de paz.
El portal regional OC Media hizo hincapié en el respaldo explícito o implícito que distintos medios oficialistas azerbaiyanos brindaron al oficialismo armenio durante la campaña. En un artículo titulado “El aparato mediático de Azerbaiyán apuesta todo por Pashinyan”, señaló que medios como Caliber, AzTV y la televisión pública reprodujeron una narrativa muy similar a la utilizada por Contrato Civil, presentando la elección como una disyuntiva entre paz y guerra y presentnó a los principales referentes de la oposición como representantes de un supuesto “partido de la guerra”. Muchos de esos argumentos fueron idénticos a los utilizados por el oficialismo armenio durante la campaña electoral.
Según OC Media, ese cambio resulta llamativo porque durante años muchos de esos mismos medios habían mantenido una postura extremadamente crítica hacia el Primer Ministro armenio. Tras la guerra de 2020, la desaparición de Artsaj y los avances en las negociaciones bilaterales, comenzaron a presentarlo como el dirigente armenio más dispuesto a aceptar las nuevas condiciones regionales. De enemigo irreconciliable Pashinyan pasó a ser evaluado positivamente en función de su disposición a aceptar o cuestionar la agenda impulsada por Bakú.
Carnegie Politika aportó una lectura diferente. El analista Bashir Kitachaev sostuvo que Azerbaiyán tiene interés en la continuidad de Pashinyan porque lo considera “un interlocutor dispuesto a asumir costos políticos para avanzar en acuerdos con Bakú”. El análisis agregó que el objetivo azerbaiyano no sería únicamente garantizar su reelección, sino que esa reelección se produzca “con un mandato limitado y bajo presión interna”. Según esa interpretación, Azerbaiyán necesita un Pashinyan reelegido, pero políticamente condicionado.
La reacción más contundente provino del portal Minval.az, uno de los medios de análisis político que se presenta independiente pero que está alineado con las posiciones del poder político de Bakú. En un artículo publicado después de las elecciones, afirmó que los resultados podían considerarse una “victoria estratégica” del presidente Ilham Aliyev. El texto sostiene que la política impulsada por Azerbaiyán había llevado a la sociedad armenia a aceptar las nuevas realidades regionales y presentó la victoria de Pashinyan como una consecuencia directa de la estrategia desarrollada por Ilham Aliyev después de la guerra de 2020. Además, enumeró una serie de expectativas para la nueva etapa política: la eliminación de todas las estructuras vinculadas a Artsaj, el cierre de las representaciones de Artsaj en distintos países, la aprobación de una nueva Constitución y la firma de un tratado de paz definitivo.
Sin embargo, aunque Contrato Civil obtuvo una victoria clara y podrá gobernar sin necesidad de una coalición, no consiguió la mayoría especial necesaria para impulsar por sí solo una reforma constitucional. Justamente esa reforma constituye una de las principales exigencias planteadas por Azerbaiyán en las negociaciones actuales.
La primera reacción de gran parte de la prensa azerbaiyana fue de satisfacción, pero varios de los análisis publicados daban por descontado avances rápidos en cuestiones como la reforma constitucional. Los resultados finales muestran un escenario más complejo ya que Pashinyan conservará el gobierno pero, en la nueva composición parlamentaria, no cuenta con los votos necesarios para avanzar en ese tipo de cambios.
Pablo Kendikian