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Lilit Makunts: del compromiso cívico al político

La cultura y la revolución de terciopelo

Makunts-LilitFue en su segundo año en la universidad que Lilit Makunts se dio cuenta de que luchar por la justicia no era simplemente un lema. Desde su primera participación en una iniciativa cívica hasta su incursión en la política, ella ha estado “presente” todo el tiempo, aunque tal vez ligeramente fuera del radar público. Eso hasta que fue nombrada ministro de Cultura de Armenia el 12 de mayo pasado.

“Estaba en mi tercer año de universidad cuando me di cuenta de que tengo el alma de un soldado justo que quiere luchar por cosas que beneficiarán a la gente”, dice. Esa realización la llevó a ser una participante activa en la lucha cívica, “En nombre del progreso científico (Հանուն գիտութեան զարգացման). Así es como me involucré en el activismo”, señala.

Lingüista especializada en el discurso político, fue educada para analizar como el lenguaje, la política y la diplomacia están conectados. Fue cuando cursaba su maestría en 2004 que decidió hacer su transición a la política. Primero se convirtió en miembro del Partido Liberal, cuando sus fundadores se pusieron en contacto con ella. “Dije, está bien, ¿por qué no? Si queremos promover cambios, entonces necesito ser parte de esto institucionalmente”, explica. A partir de allí no solo se convirtió en un miembro de la cúpula del partido, sino que más tarde se sumó a su junta y dirigió su organización juvenil.

Las masivas protestas luego de las disputadas elecciones presidenciales de 2008 fueron su punto de inflexión. Los liberales se unieron a la alianza opositora que realizaba actos las 24 horas en la Plaza de la Libertad en Ereván para protestar por los resultados que habían dado la victoria a Serge Sarkissian. “Fuimos parte de este bloque y colaboramos con todos los movimientos juveniles. Fue entonces cuando me convertí en parte del Movimiento HIMA (Ahora).

La iniciativa juvenil HIMA se lanzó en abril de 2008, después de que las fuerzas de seguridad tomaran dicha plaza para dispersar a los manifestantes el 1º de marzo. Esto dio lugar a una serie de trágicos eventos que dejaron diez personas muertas y se conocen en Armenia simplemente como Mardi Meg (1º de marzo). La agrupación se componía principalmente de estudiantes y su agenda se centraba en tres cuestiones claves: la liberación de presos políticos, la libertad de reunión y el pluralismo en la prensa, incluido el fin del hostigamiento fiscal a los medios tradicionalmente opositores.

Makunts asegura estar orgullosa de esos tiempos. “Gané mucho en términos de comprender lo que estaba sucediendo en la vida política de Armenia y cuál era la forma correcta de abordar las cosas”, explica y agrega que en ese momento también estaban luchando contra cuestiones ajenas a la política en sí, incluida la destrucción de monumentos históricos en el país.

Luego vino la desilusión y la fatiga. Después de las elecciones parlamentarias de 2012, sintió que continuamente chocaba contra las paredes: “Necesitaba un descanso y decidí abandonar la política y volver al sector cívico. Al ver que la gente aceptó votar con sobornos, me sentí impotente y me di cuenta de que primero teníamos que trabajar con estas personas y luego volver a la política”.

Eso es lo que hizo. Trabajó en diferentes ONG que se dedicaban a educación y empoderamiento de los jóvenes, brindándoles las habilidades y herramientas que necesitaban para promover el cambio. “Entendí que necesitábamos hacer modificaciones de abajo hacia arriba”, detalla.

Su cooperación con Nigol Pashinian comenzó mientras estuvo en el movimiento HIMA y con su posterior participación en la iniciativa Contrato Cívico, que luego devendría en el partido. Si bien entendió rápidamente que era necesario volcar el activismo político a un nivel institucional, eligió no convertirse en miembro del partido. “Mi posición era personal”, explica. “Yo pertenecía al Partido Liberal, no estaba en contra de la idea del Contrato Cívico y de hecho los apoyé, pero no me sentía preparada para cambiar de un lado al otro”.

Compromiso Cultural

En el momento que Makunts fue nombrada como ministra de Cultura, las redes sociales se llenaron de preguntas, sobre todo vinculadas a quién era y cuáles eran sus antecedentes en el sector. Comprendiendo la presión pública, la ministro comenta que no fue un camino sencillo: “Mi perspectiva personal es que quienquiera que ocupe el cargo, debe ser alguien que no esté directamente involucrado en acciones culturales. Llegué a esta certeza una semana después de haber sido nombrada”.

Según su pensamiento, si hubiera estado directamente involucrada en la vida política del país, podría haber sido difícil tener una opinión más amplia. Es por eso que de inmediato comenzó a reunirse con diferentes referentes y figuras para interactuar con ellas. “Es importante escuchar a los que trabajan en el campo todos los días y comprender las problemáticas”, señala.

Pero, ¿es el Ministerio de Cultura una institución lo suficientemente fuerte como para tener una ministro sin demasiada experiencia en actividades culturales? Makunts argumenta que la cartera no tiene una sola persona, sino más bien la colaboración de muchas, con una visión y pasión similares por las artes. Sin embargo, también admite que cuando esta es débil, puede generar problemas al formular políticas y una agenda para su revitalización. Es por eso que se está formando un cuerpo consultor compuesto por representantes de todas las esferas de la cultura para promover ideas, pensamiento crítico y cooperar con el ministerio.

Los recursos y la financiación son un dilema perpetuo para el nuevo gobierno de Armenia. La ministro cree que la creación de fundaciones que apoyen las artes es fundamental teniendo en cuenta la valiosa herencia cultural de Armenia y el hecho de que realmente hay muy pocos fondos. En este sentido, ella espera abordar este problema creando puentes entre el sector público y el privado para cooperar no solo financieramente, sino también para conseguir un flujo de nuevas ideas. “Necesitamos cambios conceptuales y uno de ellos es esta conexión entre ambos sectores”, dice.

Corrupción cultural

Desde que se convirtió en ministro, Makunts se ha enfrentado al problema de la corrupción, la real y la percibida. En conversaciones y discusiones con el personal del ministerio, la actitud predominante era que cada decisión tenía que estar vinculada a la lucha contra la corrupción. “Si solo pensamos en el dinero y la corrupción, no vamos a hacer nada. Nuestro ministerio debe brindar igualdad de oportunidades para todos, organizaciones estatales y privadas. La única manera de combatir la corrupción es el estado de derecho. En general, nuestras leyes son bastante buenas, ha sido la falta de voluntad política para implementar normativas lo que condujo a este problema”, concluye.

La funcionaria cree que la demanda de profesionalismo eliminará muchos de los elementos de corrupción en el sector, pero ante todo debe existir el diálogo. “Las personas necesitan compartir ideas, deben ser apreciadas por el trabajo que están haciendo”, dice ella, quien agrega que hasta ahora sus encuentros con artistas han sido beneficiosos para ayudarla a idear estrategias. “Hago un mapa de los problemas que se expresan con más frecuencia para que sean efectivos y productivos”.

Sin embargo, la mayoría de los días, Makunts se siente como un bombero que tiene que apagar incendios en todas partes. “Parece que estás progresando y te distraes todo el tiempo. Esto hace las cosas difíciles “, admite.

A su vez, la dificultad para garantizar la profesionalidad, eficiencia y productividad vendrá con muchas decisiones difíciles. Actualmente, el Ministerio de Cultura tiene setenta organizaciones estatales sin fines de lucro bajo su ala. Estas incluyen orquestas estatales, teatros, galerías de arte, casas museo, etc. El ministerio proporciona subsidios a todas ellas, incluidos los edificios, proporcionando el 90 por ciento de los costos de servicios públicos, salarios, etc. “Básicamente, sostenemos esas organizaciones. Estoy de acuerdo en que debemos revisarlo, algunas deben combinarse y nuestro enfoque debe basarse en la efectividad de estas, claramente será un proceso doloroso”.

Los cambios estructurales serán necesarios y aquí es donde surge el tema de la falta de experiencia en gestión cultural, y como la capacitación a tales organizaciones debe ser una de las muchas prioridades del ministerio. Ella da el ejemplo del Teatro Ajemyan en Gyumrí que tiene un extenso repertorio: “Su audiencia es la más grande y tienen más actuaciones que cualquier otro teatro en Armenia”, comenta señalando que este teatro en particular recibe la misma cantidad de subsidios que el resto.

Al igual que otros ministerios en Armenia, después de la revolución Lilit Makunts enfrenta muchos desafíos serios, desde la mala gestión hasta la falta de profesionalismo. Sin embargo, confía en que a través de la voluntad, determinación, el trabajo arduo y, lo más importante, la confianza del pueblo, será posible emprender los cambios que deben llevarse a cabo. Y aunque ella no ha sido parte de la escena cultural en el país, su activismo político y cívico le ha dado la oportunidad de comprender el papel fundamental que la cultura puede desempeñar en la educación, la economía, la política y especialmente la diplomacia: “Cuando tenemos reuniones con embajadores o diplomáticos, destaco que la cultura es tan importante que sirve como un puente entre los pueblos y las naciones, para la construcción de la paz”.

María Titizian

EVNreport

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