Entrevista con Paulina, su hija

Martín Karadagian: el campeón armenio

17 de mayo de 2018

Karadagian-3Una infancia feliz es la clave de cualquier ser humano de bien. La memoria es disparador de mil y un sentimientos, tanto, que cuando somos niños, los recuerdos se pelearán por mantenerse presentes, vivos, hasta eternos. Quienes transitamos ese espacio de tiempo de mano de Titanes en el Ring, con esos locos y coloridos luchadores, con su música rimbombante hasta la aparición de Martín Karadagian al final, sabemos que la inocencia es el bien más preciado.

Además, los herederos de la cultura armenia lo vivimos sentados frente al televisor al lado de nuestros abuelos, sobrevivientes ellos de tanta desgracia que encontraban en la televisión argentina un representante -¡el mejor!- de nuestra civilización.

Antes de la baldosa inaugurada en la Plaza Armenia en honor a su memoria, hablamos con la hija de Martín Karadagian, Paulina, quien lleva en su semblanza los ojos bondadosos de su padre. No es poca la emoción.

Contanos pormenores, anécdotas íntimas.

Empiezo con Ararat. Ararat era un amigazo de papá, Khatchik Yeladian. Pasábamos juntos las navidades, los año nuevos, vacaciones, se trataban de usted y hasta se insultaban de usted (risas). Khatchik sobrevivió al genocidio, era de Marash, y tenía los números tatuados. Mi papá era padrino de una de sus hijas, murió poco después del bautismo.

Recuerdo Titanes en la costa...

Como Titanes hacía temporadas en Mar del Plata, con carpa frente al Casino, se hacían varias funciones por día: la cola para entrar daba vueltas a la manzana entera. Así nos íbamos todas las familias juntas a veranear.

Titanes en el Ring comienza en la década del sesenta...

Martin-1Titanes debuta en la televisión el 3 de marzo de 1962 pero ya luchaba en el Luna como El campeón armenio desde fines de la década del 40. En ese momento el catch era más importante que el boxeo. En el Luna eran cuatro días para el catch y tres para el boxeo y la mayoría de los luchadores eran de Europa del Este, en una de las cuatro esquinas del Luna está la imagen de papá. Una anécdota divertida: la gente que asistía a las luchas era muy diversa y en una de ellas estaba Tita Merello que se sienta al lado de una novia de papá del momento.

Martín estaba por salir a luchar y una polilla lo rondaba molestándolo, le pega un escupitajo con tanta puntería que acierta y la Merello le dice a esta chica: “Mirá qué turco atorrante” convencida que estaba todo armado porque él la iba de malo, pero de malo picarón. Cuando se tiraba de rodillas en el ring yendo de esquina a esquina pidiendo clemencia lograba ser el malo que todos adoraban. Cuando yo nací pasó a ser el bueno.

Mi viejo nació en Argentina pero siempre se mostró como “el armenio”, su familia era de Hadjín. El colegio Arzruní le puso su nombre al gimnasio y se iba con toda la troupe una vez al año a hacer un show, lo mismo en San Gregorio.

¿Cómo vivió la armenidad?

Martin-2La comida armenia siempre estuvo presente. Mi mamá que era judía aprendió a cocinar, hacía chikefté, lo que fuera. Tito Lectoure venía a comer todos los sábados, ¡un fanático! Papá casi no estudió, hizo hasta primero inferior y ya luego salió a trabajar. Laburaba con mi abuelo en el Mercado de Flores, como carnicero. Vivían en San Telmo pero se iba caminando para dejarle el peso del tranvía a la madre. Eran muy humildes. Cuando hizo plata, la regaló para todos lados. Prestó plata que nunca le devolvieron, ni le importaba.

Con ese primer dinero le compró un lavarropas a mi abuela. Seguían viviendo en un conventillo que tenía salida para dos calles, era por Carlos Calvo y Defensa. Mi abuelo Hampartsum era muy orgulloso y cabeza dura, tenían una relación muy dura con papá. En un momento Martín le dice que debía jubilarse, que ya bastante había trabajado toda su vida. La verdad es que le “tramita” los papeles de la jubilación que nunca fueron tales, cada mes lo hacía ir a la oficina con su “carnet”, papá hacía como que mandaba a cobrar a algún empleado y en realidad era él que le daba plata todos los meses. Murió sin saber nunca la verdad.

¿Hablaba armenio?

No hablaba casi armenio, algunas expresiones… Cuando murió, lo velamos en San Gregorio cuando nos habían pedido de hacerlo en el Luna Park. Vino todo el mundo, ¡hasta Pipo Cipollatti!

Tenés junto a tus socios un proyecto de vuelta de Titanes en el Ring.

Martin-3Tenemos idea de hacer una plataforma digital, un canal propio vía streaming, con perlas de backstage y cosas de Martín, un programa semanal como era el original, que las viejas generaciones acerquen a sus hijos, pero con personajes nuevos y pocos de los clásicos.

Buscamos gente joven para hacer un buen espectáculo. Esto está basado en una vieja idea de papá: durante un verano él grabó dos temporadas completas con audios en español y en inglés, la repartió -las regaló- por toda Latinoamérica, y luego se fuera de gira.

¿Estará la Momia? (Risas)

La momia hará alguna que otra presentación pero hoy un chico de diez años se ríe de eso.

Era mi favorita.

La Momia negra era mi favorita, con el tema a gogo cuando entraba, me encantaba.

¿Cómo suplimos a Martín Karadagian en un nuevo Titanes en el Ring? ¿Quién será el campeón armenio?

Martín estará presente de otro modo, no habrá un campeón del mundo. Habrá más campeonatos, distintos títulos. Estamos desarrollando la idea. Habrá un hall de fama para papá, Ararat, el Ancho... La gratitud ante todo.

Entrevistó Lala Toutonian

Foto Martín Karadagian, gentileza Diario La Nación

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