Najicheván, el dron y el riesgo de que la guerra regional alcance el sur de Armenia

El ataque con drones contra el aeropuerto de Najicheván informado por Azerbaiyán podría parecer, a primera vista, un episodio más dentro de la guerra que enfrenta a Irán con Israel y Estados Unidos. Sin embargo, en el mapa del Cáucaso Sur ese incidente adquiere un significado mucho más profundo.
Si ese incidente terminara siendo utilizado como excusa para una escalada regional, la consecuencia inmediata sería trasladar la tensión militar hacia el sur de Armenia, colocando nuevamente a Syunik en el centro de una disputa geopolítica que podría alterar el equilibrio del Cáucaso.
Najicheván formó parte de la Armenia histórica durante milenios y tuvo una fuerte presencia cultural, religiosa y demográfica armenia que desapareció progresivamente a lo largo del siglo XX. Tras quedar bajo control de Azerbaiyán durante el período soviético y convertirse luego en una república autónoma separada territorialmente del resto del país, la región fue vaciada de su población armenia y fue escenario de una destrucción sistemática de su patrimonio histórico.
El caso más emblemático fue el del antiguo cementerio armenio de Julfa, donde miles de khachkars medievales fueron demolidos por el ejército azerbaiyano a comienzos de los años 2000, en uno de los episodios más graves de destrucción deliberada del patrimonio cultural armenio. Distintos estudios sobre los sitios armenios de Najicheván señalan que en esa región existieron alrededor de 90 iglesias armenias, casi 6.000 khachkars y más de 20.000 lápidas históricas, la mayoría de las cuales desaparecieron durante el siglo XX.
El incidente que volvió a colocar a Najicheván en el centro de la atención regional ocurrió el 5 de marzo, cuando Azerbaiyán denunció que drones lanzados desde territorio iraní impactaron contra infraestructuras civiles en la república autónoma. Según Bakú, uno de los aparatos cayó sobre el edificio de la terminal del aeropuerto de Najicheván y otro cerca de una escuela en el distrito de Babek, provocando daños materiales y dejando dos civiles heridos. El gobierno azerbaiyano condenó el ataque y advirtió que estos hechos “no quedarán sin respuesta”.
Irán, por su parte, negó cualquier participación en el incidente. Funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní señalaron que Teherán no ataca a países vecinos a menos que exista una agresión previa y que es necesario investigar el origen de la información difundida por Bakú. Al mismo tiempo, recordaron que la estrategia militar iraní contempla atacar infraestructuras de países desde cuyo territorio se lancen operaciones contra Irán, una referencia que en el contexto regional apunta inevitablemente a la estrecha cooperación militar entre Azerbaiyán e Israel.
Algunos analistas no descartan que el incidente pueda formar parte de una operación de “falsa bandera”, es decir, una acción destinada a atribuir un ataque a un adversario con el fin de justificar una escalada política o militar. De hecho, antes de la guerra de 2020 contra Artsaj y Armenia, Azerbaiyán denunció un supuesto ataque armenio que posteriormente el propio presidente Ilham Aliyev reconocería como parte del contexto previo al inicio de las hostilidades. Las versiones contradictorias sobre el origen del dron en Najicheván inevitablemente vuelven a colocar ese antecedente en el debate y alimentan la sospecha de que el incidente pueda ser utilizado políticamente en el marco de la actual tensión regional.
La mención de Najicheván en este contexto tampoco es casual. Su ubicación, frente a la provincia armenia de Syunik, la convierte en un punto sensible dentro del actual tablero regional. Desde ese enclave, que está separado del resto de Azerbaiyán por territorio armenio, convergen intereses estratégicos de Bakú y Ankara, pero también se proyectan tensiones más amplias que atraviesan la región.
En ese marco aparece Israel, el otro actor clave. Azerbaiyán mantiene desde hace años una estrecha relación estratégica con Tel Aviv que incluye cooperación militar, tecnológica y energética. Israel obtiene una parte significativa de sus importaciones de petróleo desde Azerbaiyán, mientras que Bakú adquirió sistemas de armamento israelí, incluidos drones y tecnologías de inteligencia que jugaron un papel central en la guerra de 2020 y en las operaciones militares posteriores contra Artsaj.
Este acercamiento es observado con recelo por Teherán, que desde hace años mantiene tensiones con Bakú. En Irán vive además una importante población de origen azerbaiyano, un factor que siempre ha agregado sensibilidad política a la relación bilateral. En ese contexto, el incidente de Najicheván vuelve a reavivar una tensión latente entre ambos países. Diversos informes también señalaron la posibilidad de cooperación operativa y el uso de infraestructuras militares, incluidos aeródromos en territorio azerbaiyano, en el marco de esa estrecha relación estratégica.
Durante años, Teherán sostuvo con claridad que cualquier modificación forzada de fronteras en el sur de Armenia o la imposición de un corredor extraterritorial constituiría una línea roja. El ayatolá Alí Jamenei había reafirmado en reiteradas ocasiones esa posición, oponiéndose firmemente al llamado “corredor de Zangezur”, impulsado por Azerbaiyán y respaldado por Turquía. El propio presidente turco Recep Tayyip Erdogan admitió que el líder iraní asesinado se había convertido en uno de los principales obstáculos para la concreción de ese proyecto.
La guerra actual introduce una incógnita inevitable: si Irán se ve obligado a concentrar sus recursos en un conflicto prolongado o su posición regional se debilita, ese factor de contención podría reducirse y alterar el delicado equilibrio geopolítico del Cáucaso Sur.
En ese escenario, el riesgo más serio es que la tensión en torno a Irán termine extendiéndose al Cáucaso. Si ese escenario se materializara, Syunik quedaría inmediatamente en el centro de una nueva presión geopolítica. La provincia armenia de Syunik separa al enclave de Najicheván del resto de Azerbaiyán y constituye el punto clave en el proyecto turco-azerbaiyano del llamado “corredor de Zangezur”. En un contexto de guerra regional, una eventual implicación directa de Azerbaiyán en el conflicto contra Irán podría convertir esa franja del territorio armenio en una zona de máxima tensión estratégica.
El experto militar David Jamalyan considera que la actual coyuntura podría abrir dos escenarios particularmente sensibles para Armenia. El primero sería un intento de Azerbaiyán de aprovechar la crisis regional para lanzar una operación militar contra Syunik o sobre el valle de Vayots Dzor. El segundo escenario, más indirecto pero igualmente preocupante, sería una solicitud formal de Turquía o Azerbaiyán para utilizar territorio armenio con fines logísticos o de transferencia militar en el marco de los compromisos estratégicos mutuos establecidos en la Declaración de Shushí, el acuerdo de alianza firmado en 2021 entre Turquía y Azerbaiyán.
En ese caso surgiría una pregunta inevitable: qué haría el gobierno de Nikol Pashinyan si Ankara o Bakú solicitaran el tránsito de pertrechos militares a través del territorio armenio. Aceptar un pedido de ese tipo colocaría a Ereván en una situación extremadamente delicada. Podría interpretarse en Teherán como una ruptura del equilibrio que Armenia intentó mantener con su vecino del sur, cuya relación económica y energética resulta vital para el país.
Mientras tanto, el conflicto comienza a tener efectos inmediatos también en la frontera armenio-iraní. El paso fronterizo de Meghrí, principal conexión terrestre entre ambos países, registró en los últimos días un aumento del tránsito de personas que cruzan desde Irán hacia territorio armenio. Según autoridades locales, la mayoría son ciudadanos de terceros países que utilizan Armenia como ruta de evacuación hacia Europa, aunque un incremento mayor del flujo no puede descartarse si la guerra se intensifica.
La dimensión económica tampoco es menor. Armenia mantiene con Irán un intercambio comercial que en los últimos años alcanzó aproximadamente mil millones de dólares, incluyendo importaciones de gas natural y materias primas desde territorio iraní, así como exportaciones de electricidad y productos industriales. En un país que mantiene cerradas sus fronteras con Turquía y Azerbaiyán, la conexión con Irán constituye un eje comercial y energético fundamental.
Por ahora, el incidente del dron en Najicheván sigue rodeado de incertidumbre. Las versiones contradictorias entre Bakú y Teherán, sumadas a la falta de información clara propia de un conflicto en curso. Más allá de su origen concreto, el incidente revela que la guerra entre Irán, Israel y los Estados Unidos ya empieza a proyectar sus ondas de choque hacia el Cáucaso Sur.
Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA