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No basta ser moral

Mensaje basado en el relato bíblico de Marcos 10:17-27

Evangélicos-qNo fue un encuentro ordinario, del estilo de aquellos que dieran a Jesucristo la fama de “amigo de pecadores”. Fue un encuentro con un joven que tenía todo cuanto el hombre común ambiciona tener: buena posición social, riqueza acompañada por una conciencia de no haber defraudado a nadie, moralidad intachable. A estas virtudes se añadía un sentido de urgencia de hablar con Jesús y una actitud de profunda reverencia hacia Él; vino corriendo e hincó la rodilla ante su interlocutor. Traía una pregunta cuyo alcance trascendía todo interés material; una pregunta de carácter moral que muestra tanto su incertidumbre de haber alcanzado el bien supremo de la vida como su optimismo de poder alcanzarlo mediante su propio esfuerzo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?

Vale la pena preguntarnos: ¿por qué su incertidumbre? ¿No era su moralidad de la clase que la mayoría de los hombres considera suficiente para alcanzar el favor de Dios? ¿No era con honradez que refiriéndose a los requerimientos de la ley mencionados por Jesús, podía decir: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud”? ¿Por qué su inseguridad en cuanto a su posesión de la vida eterna?

Aquel joven estaba experimentando la insuficiencia de la moralidad divorciada de un carácter forjado al calor de una relación personal con Dios. Su moralidad estaba reducida a muy poco más que la que puede resumirse en esta sola expresión “No hacer mal a nadie”. No Adulteraba, no mataba, no decía falso testimonio contra nadie, no defraudaba. Y a todo eso sumaba el cumplimiento de sus deberes para con sus padres, a quienes honraba en obediencia al quinto mandamiento del Decálogo. Pero su moralidad era del tipo que no necesita de Dios, porque es sólo obediencia a normas externas posibles a base del esfuerzo de la voluntad. Si bien es cierto que sus principios pertenecían a la ley revelada por Dios en el Antiguo Testamento, habían sido tomados fuera del contexto del diálogo íntimo entre Dios y cada hombre.

No hay razón para pensar que la afirmación que el joven hiciera de haber guardado los mandamientos desde edad temprana fuera una pretensión. Jesucristo no niega la verdad de sus palabras. “Mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”. En su demanda toca la base misma del problema. El mal de aquel joven no era las muchas posesiones: era el lugar que había concedido a esas posesiones en su vida. Era su ambición, su egoísmo que le impedía actuar inspirado por el amor. En una palabra, su carácter. Lo que necesitaba no era más moralidad definida en términos de hacer, sino una nueva orientación de todo su ser.

Es por ello que Jesús no le exige un cumplimiento más estricto de la ley; le exige algo que tiene que ver con lo más íntimo de su naturaleza; le pone por delante una demanda cuyo cumplimiento no sería posible sin una previa transformación interior radical. Y ese es el tipo de exigencia que Dios coloca siempre por delante del hombre: no la simple obediencia a normas morales mediante la cual trata de complacer a Dios, sino la obediencia concreta que es el fruto de un carácter tocado por su propio poder y en el cual priva el amor a Dios y el amor al prójimo. Para eso Cristo vino al mundo: no simplemente para producir hombres mejores de la misma clase de antes, sino para producir una clase de hombres, una nueva humanidad. No vino para enseñar a la larva a arrastrarse mejor, sino para transformar la larva en mariposa.

                                                                            Escrito por el  teólogo René Padilla*

Iglesia Evangélica Congregacional Armenia

“Santísima Trinidad”

René Padilla*Breve Biografía: El conocido teólogo evangélico de 80 años,  nació en Quito, Ecuador y vivió parte de su niñez en Colombia, de vuelta en Quito, y antes de cumplir los dieciocho años empezó a predicar en la radio HCJB, La Voz de los Andes, y también en las cárceles y al aire libre.

Al terminar sus estudios secundarios ingresó al Wheaton College y se graduó en Filosofía y Griego, y luego terminó una Maestría en Teología. Hizo sus estudios doctorales en la Universidad de Manchester en Inglaterra. Siendo joven viajo a Argentina y se radicó en Buenos Aires, donde vive actualmente.

 

 

                              

 

 

 

                                                                         

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