Oír el llamado

02 de noviembre de 2022

Nuestros hermanos de Artsaj nos están llamando. Salen a las calles a pesar del dolor de la pérdida de sus familias y de sus hogares.

Nuestros hermanos de Artsaj marcan otra vez el camino. Salen a las calles a pesar de la invasión de sus territorios.

Nuestros hermanos de Artsaj levantan su voz en un momento crucial. Salen a las calles a pesar de las entregas que se pactan a la medianoche.

Como en 1988, nuestros hermanos de Artsaj encarnan el espíritu del movimiento de independencia. La masiva movilización en Stepanakert sacude y golpea.

Es la persistencia de la lucha contra la opresión que interpela a todo aquel que diga sentirse armenio. Una lucha viva que se cifra en el derecho a ser libre, a elegir el propio destino.

A pesar de las capturas furtivas, los raides en los campos de pastoreo, el terror de los morteros en la noche y de los fusilamientos cobardes.

Nuestros hermanos de Artsaj reclaman por su soberana libertad y su derecho a la autodeterminación.

No ceden. No se intimidan. El odio no los alcanza.

Porque les asiste la razón y el derecho. La comunidad internacional lo tiene que respetar del mismo modo en que lo postula para otros casos. Los derechos del pueblo armenio no son negociables.

Para que eso suceda, la diáspora armenia tiene que oír el llamado. Tenemos que ser protagonistas de esta lucha.

Nosotros también somos objetivo de guerra. En Turquía y en Azerbaiyán, los herederos del Sultán lo han dicho. En donde hay un armenio, hay un enemigo.

Entonces, ¿pueden oír el coro de voces de Stepanakert? Pide que nosotros también salgamos a las calles. ¿Lo haremos? En la respuesta a esta pregunta se define el futuro de la nación armenia.

Hagop Tabakian



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