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Opinión: Ahora van por el Himno y la Bandera de Armenia

Bandera-Himno-de-ArmeniaNigol Pashinian es el primer ministro de Armenia. Su arribo al poder tiene dos capítulos: el primero de ellos fue la autodenominada «Revolución de Terciopelo» donde en un golpe de audacia y gran dosis de fortuna logró acaparar la atención de miles de armenios que cansados de los atropellos de todos los gobiernos desde inicios de la recuperación de la democracia buscaban el mesías que los rescatara del atraso social, las desigualdades, la falta de trabajo y fundamentalmente la corrupción generalizada.

La segunda etapa fue la consolidación del poder al vencer en las últimas elecciones donde recibió una abrumadora mayoría de votos. La alianza Mi Paso se encontró de golpe con la suma de los poderes políticos en la Madre Patria. Sin embargo, su derrotero político es todavía demasiado incierto porque no terminan de definirse distintas cuestiones que hacen al futuro de Armenia. Los vínculos con Armenia e Irán, sus mayores amigos regionales; su relación con la Unión Europea y también los intentos de los Estados Unidos de capturar la voluntad del nuevo hombre fuerte del país, son temas demasiado profundos y hasta podría decirse muy comprometidos para el país.

Pero, como ya habíamos dicho tiempo atrás, el estilo Pashinian es simplemente gobernar con el día a día, según como vayan saliendo los temas, eso sí; siempre con la mirada puesta en el calor popular, temperatura que busca mantener con distintas medidas de gobierno, algunas poco ortodoxas. Entonces, comenzamos buscando corruptos -algunos pocos, no más de un par de decenas-, los encarcelamos con gran alharaca y nos enorgullecemos mostrando que cumplimos con lo prometido. Luego, probamos demostrar que vamos camino a reducir el gasto público cerrando ministerios, entre ellos los de ¡Cultura y de la Diáspora! con el argumento que haremos más eficiente nuestro gobierno. Aquí, me detengo un instante porque considero que esta decisión es el primer paso dirigido a poner distancia con los armenios del mundo.

La administración Pashinian ya tiene casi diez meses de existencia. Es lógico pensar que es un lapso de tiempo breve para reclamar resultados, más teniendo en cuenta que la alianza Mi Paso llegó al gobierno con un núcleo muy reducido de componentes y que recién con el ascenso al poder logró ir formando cuadros políticos que fueron haciéndose cargo de diferentes responsabilidades de mando. Gobernar no es tarea sencilla y para hacerlo de la mejor manera, los partidos políticos de los países con tradición democrática arraigada se preparan largos años capacitando a quienes comparten su idea política y se aprestan a ser gobierno alguna vez. Pero, este no es el caso de Pashinian y sus seguidores porque Mi Paso no tiene una línea política definida, menos tiene pasado con experiencia y probablemente esté conformado por muchas personas de buenas intenciones que quieren acompañar al nuevo líder. Pero la buena voluntad no siempre es sinónimo de buenos resultados de gestión, más en un país devastado por diferentes crisis y donde la corrupción sigue existiendo porque lamentablemente atraviesa toda la sociedad.

Una economía donde la profunda recesión rige desde hace al menos un lustro y la inversión extranjera es muy escasa, porque si dejamos de considerar los aportes de los armenios del exterior o los de los emigrantes retornados, los grandes capitales realmente extranjeros siguen brillando por su ausencia.

Retornando a la Diáspora y sus dolores, ahora el gobierno armenio suma un nuevo problema a su ya difícil relación con sus compatriotas del exterior, buscando reemplazar nada menos que el Himno Nacional de Armenia. Entender los motivos de esta propuesta no es tan intricado siguiendo la lógica de gobierno de Pashinian que necesita ir consolidando su poder dando golpes de efecto como éste que despiertan una gran polémica seguramente más entre los armenios del exterior, que entre los de nuestra propia patria. Alen Simonian, una de las jóvenes espadas de Pashinian y vicepresidente del Parlamento, fue quien elevó el proyecto a la Asamblea Nacional. Seguramente, lo hizo pensando que la «revolución» necesita de este verdadero mamaracho político para quedar en la memoria popular.

De pronto, el Himno que fue estandarte de la resistencia popular que hizo posible las epopeyas de Sardarabad, Pash Aparán y Gharakilisse, la consagrada obra del célebre Michael Nalbandian, ya no tiene valor. Hay que reemplazarla, y con qué? Con el himno de la Armenia Soviética de Aram Khatchaturian.

Uno de los “poderosos” argumentos que utiliza el autor de la descabellada propuesta es que aquella canción nacional, al ser de autoría de Aram Khatchaturian, que es más reconocido mundialmente que Parsegh Ganachian, el autor de «Mer Hairenik» y brillante discípulo del Padre Gomidás, sería más valiosa. Una variante de su proyecto establecería que podría mantenerse la música del Himno de Armenia, pero habría que reemplazar su letra porque se la considera «muy belicista». Es imprescindible en este punto aclarar que el rechazo al cambio nada tiene que ver con el importante compositor que tan alto ha llevado nuestra cultura musical.

El propio Alen Simonian acumula una multitud de reclamos populares en su cuenta de Facebook. Solo responde a aquellos que lo apoyan en su propuesta, pero llamativamente, quienes están en esa línea utilizan argumentos verdaderamente soeces agrediendo al Tashnagtsutiún como si esta fuerza popular más que centenaria fuera la propietaria de Mer Hairenik. Hay opiniones escandalosamente ofensivas por estar fundadas en mentiras propias de encarnizados opositores que ven esta movida como una oportunidad de vencer a la FRA en quién sabe qué batalla.

Muchos le preguntan a Simonian si es realmente necesario derrochar energías y tiempo en una cuestión que sólo generará rupturas y divisiones en una nación que está esperando otra cosa de Pashinian y su partido. Otros, asumen que en realidad es un golpe al corazón del Tashnagtsutiún y una manera de apartarlo de la escena política, porque a pesar de que el partido no tiene presencia parlamentaria, su fuerza diásporica es innegable y reemplazar el himno puede ser una jugada dirigida a debilitar a la FRA

Cabe pensar cuál es el verdadero objetivo de este intento de remplazar el Himno de Armenia, al que recientemente se le sumó otro verdadero dislate como es el agregar una cruz a la bandera tricolor armenia, idea que ya comenzó a difundir el propio Simonian.

El ahora oficialismo parece estar seguro de tener “anestesiada” la opinión pública y cree tal vez que la ciudadanía va a acompañar eternamente su gestión. Este verdadero desprecio por los símbolos patrios es una muestra cabal del espíritu totalitarista que muestra Pashinian y que como regla aparente adoptan sus súbditos. Es realmente de temer que nuestros gobernantes tengan como prioridad temas como este, porque nos mueve a pensar que algún día de estos otro delirante va a salir a proponer cambiar el nombre de nuestra República de Armenia.

Ahora, si realmente sobran los medios económicos y el propósito de tener una nueva canción patria es tan necesario, el gobierno debiera implementar una consulta popular tanto en Armenia como en la Diáspora y permitir que todos los armenios podamos emitir nuestra opinión al respecto. No hacerlo e intentar valerse de una mayoría circunstancial para cambiar la historia sería un acto arbitrario e indigno para nuestra identidad

Jorge Rubén Kazandjian

 

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