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¿Qué puede ir mal? Amenazas internas y externas a la revolución armenia

Parte 2: Amenaza de escalada: ¿Real o imaginaria?

Si hay una categoría de la población que tenga un motivo para quejarse sobre el ritmo del cambio en Armenia,velvet_47 es la de los comentaristas políticos. Cada nota de análisis político publicada corre el riesgo de quedar obsoleta en cuestión de días. Por lo tanto, en la primera  parte  de este artículo, hablé sobre la amenaza interna a la “nueva Armenia” planteada por los restos del sistema informal oligárquico-criminal. En los pocos días que pasaron desde la publicación del artículo, este “estado profundo” oligárquico-criminal recibió varios golpes serios. Obviamente, la amenaza de este “estado profundo” no se ha neutralizado por completo, pero el nuevo gobierno de Armenia ha demostrado su determinación al enfrentar este desafío.

Al mismo tiempo, cada vez más, hay expresadas |preocupaciones en Armenia sobre las amenazas externas que enfrenta el país en la actualidad. Obviamente, la amenaza más preocupante es la posibilidad de incidentes o la escalada del conflicto con Azerbaidján. 

Los informes  sobre el aumento de la actividad militar azerbaijana provienen de diversas fuentes, incluidas las de Artsaj. El gobierno de Azerbaidján parece estar en una ofensiva publicitaria, incluidas varias declaraciones militantes y un desfile militar. Los informes de que el ejército azerí se apoderó de nuevos territorios en la frontera con Najicheván parecen haber sido refutados.

Sin embargo, esto también ha contribuido a generar ansiedad en la sociedad armenia. Las preocupaciones sobre la situación en Artsaj se entrelazan con las relativas a la relación del nuevo gobierno de Armenia con Rusia, así como con otros socios dentro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO). La venta del  sistema de lanzadores de cohetes múltiples “Polonez” de Bielorrusia a Bakú es un tema de especial preocupación. También lo es el hecho de que el  ejército azerí haya exhibido helicópteros fabricados en los Estados Unidos.

La evaluación de la amenaza se complica aún más por el cruce entre los procesos políticos internos y los procesos políticos externos. Usar la amenaza de la escalada en Artsaj como una herramienta de política interna ha sido una marca registrada del antiguo régimen de Armenia. Desde la década de 1990, los armenios han estado escuchando que protestar contra el gobierno, por no mencionar el cambio de dirigencia en el gobierno, era un riesgo de seguridad inaceptable, por lo que deberían estar de acuerdo con el gobierno que tienen, les guste o no. El gobierno de Serge Sarkissian, que tenía pocos logros que mostrar en política económica, social o exterior y vio varias oleadas de protesta, utilizó este argumento para compensar la legitimidad que le faltaba. Hoy parece que las preocupaciones de seguridad, innegablemente reales, son exageradas por lospartidarios del gobierno pasado, tanto en los medios tradicionales, como en las redes sociales. Este tipo de propaganda difícilmente ayuda a restaurar la credibilidad del antiguo régimen como garante de la seguridad, especialmente dadas las revelaciones relacionadas con el “caso del general Manvel”. Aún así, tales mensajes contribuyen a una sensación general de nerviosismo en la sociedad.

 Evaluar los desafíos externos

Los comentaristas políticos deben tener mucho cuidado al hacer predicciones sobre la probabilidad de una acción militar. Predecir la escalada de violencia contribuye a una atmósfera general de desconfianza mutua entre las partes y, por lo tanto, puede actuar como una profecía autocumplida. Sin embargo, minimizar la posibilidad de un rebrote bélico puede contribuir a una falsa sensación de seguridad, que también es peligrosa. Por lo tanto, a menos que haya muy buenas razones para esperar o descartar la posibilidad de una nueva guerra, un analista político debe abstenerse de hacer tales predicciones.

Habiendo dichvelveto eso, el nivel de tensión es apenas más severo hoy de lo que ha sido el caso durante los años anteriores, por ejemplo en agosto de 2014 o noviembre de 2014, por no hablar de abril de 2016. La región ha estado viviendo bajo constante amenaza de escalada militar por años, y la tendencia hacia ese escenario se remonta al menos hasta 2012, cuando la extradición y promoción militar de Ramil Safarov significó la nueva postura agresiva del gobierno de Ilham Aliev.

También es difícil evaluar el grado en que los desarrollos recientes dentro de Armenia alteraron los cálculos de Bakú. Por un lado, se puede argumentar que la revolución realmente ayudó a prevenir incidentes que podrían haber sucedido, si Sarkissian hubiera conservado su cargo. 

Aliev había decidido trasladar las elecciones presidenciales al 11 de abril mucho antes del comienzo de la protesta armenia, y algunos entendieron que era una señal de que el liderazgo azerí se estaba preparando para tomar medidas agresivas con respecto a Artsaj. 

Las protestas y la posterior transición del gobierno ponen a los líderes azeríes bajo presión moral y política para abstenerse de acciones agresivas. Para el régimen de Aliev, con todas sus cuestiones de derechos humanos, podría ser relativamente fácil justificar una acción militar contra un régimen corrupto como el de Sarkissian, pero sería una cosa completamente diferente tratar de usar una crisis política en Armenia y desafiar a un movimiento popular.

Es cierto que el gobierno de Aliev podría haber elegido ignorar tales preocupaciones si tuviera el respaldo de los poderes regionales y globales, especialmente el de Rusia. Sin embargo, aparentemente recibió señales, que una escalada no sería un curso de acción inteligente.

Esta es una posible interpretación. Sin embargo, también se puede ofrecer un argumento diferente. Un cambio de gobierno a través de protestas masivas, incluso en caso de una transición pacífica del poder, crea desafíos para el funcionamiento eficiente del sistema estatal, y podría alentar a los líderes azerbaijanos a arriesgarse. Además, Bakú teme un “contagio revolucionario” de Armenia, que puede ser un estímulo adicional para participar en una política más agresiva con respecto a Artsaj. También, el nuevo gobierno de Armenia necesita tiempo para establecer una relación plenamente funcional con sus socios, tanto en Occidente como en Oriente, pero, lo más importante, con Moscú. Esto crea una ventana de oportunidad, que podría ser utilizada por el gobierno de Aliev.    

Probablemente, ambas interpretaciones tienen sus méritos, y la verdad está en algún lugar intermedio, como suele ocurrir. En cualquier caso, adivinar qué está sucediendo dentro del círculo interno de Aliev y cuáles son sus cálculos no es una forma muy eficiente de pasar el tiempo.  

Qué hacer: lidiar con los desafíos externos

El manejo de este peligro debe consistir en varios elementos. Uno de ellos es obviamente el componente militar, que dejaremos a los expertos militares. Es obvio que una fuerza militar lista para el combate es una garantía de seguridad para Artsaj y Armenia, y seguirá siéndolo bajo cualquier gobierno en el futuro previsible.

Otro componente es el político interno. Cuanto más rápido y más fluido sea el proceso de transición en Armenia y Artsaj, antes se dará cuenta el gobierno de Aliev de que no debe apostar por el “caos interno” en Armenia. El gobierno y la sociedad armenia deben asegurarse de que el sistema del gobierno funcione bien y esté preparado para enfrentar los desafíos externos. Esto también se refiere a Artsaj, donde las autoridades locales deben llevar a cabo las reformas que habían prometido, a fin de fortalecer su legitimidad y asegurarse de que la coordinación entre Ereván y Stepanakert sea eficiente y no ofrezca riesgos potenciales. 

Obviamente, mucho depende del tipo de mensajes que vayan y vengan entre Bakú y Ereván. Revitalizar el proceso de negociación inexistente es importante. Obviamente, la posición de Pashinian sobre la participación de Stepanakert es un punto doloroso para Bakú, y las declaraciones del premier armenio fueron concedidas para recibir una reprimenda de Bakú. Sin embargo, el grado en que el gobierno de Aliev está listo para asumir su posición de confrontación depende, en gran medida, de la posición de los actores globales y regionales. Por lo tanto, mucho depende no solo de lo que está sucediendo en Bakú, sino de lo que está sucediendo en las capitales de los jugadores globales y regionales.

De estos, obviamente, Rusia es el más importante, ya que Moscú, más que otros referentes internacionales, tiene gran influencia sobre todas las partes del conflicto. Por lo tanto, asegurar una relación sana con Rusia podría ser la clave para garantizar la seguridad de Armenia. Aquí, el gobierno de Pashinian enfrenta una tarea seria. Las dos reuniones de Pashinian con Vladimir Putin, así como otros contactos con funcionarios y medios rusos, fueron un buen comienzo. Sin embargo, construir una relación de trabajo con Moscú, basada en la confianza mutua y el respeto por la soberanía de Armenia es una tarea que requerirá un esfuerzo significativo por parte del nuevo gobierno. Pashinian, con su historial de periodista y prisionero político, sigue siendo “un caballo oscuro” para los responsables de la toma de decisiones de Moscú, que temen que se convierta en un “nuevo Saakashvili”.    

Por lo tanto, construir una relación de trabajo con Moscú requerirá un esfuerzo significativo. Además del formato Pashinian-Putin ya establecido, el equipo del primer ministro necesita establecer canales formales e informales de comunicación con funcionarios rusos clave, especialmente con aquellos que tengan acceso directo a Putin y puedan influir en sus decisiones. Además, es necesario contrarrestar el esfuerzo del lobby azerbaijano en Rusia, que en los últimos años ha sido mucho más exitoso que el armenio. Reconstruir y reorganizar las organizaciones de la diáspora armenia de Rusia y mejorar la coordinación entre ellas y Ereván es otra tarea importante. El gran potencial de la diáspora armenia de Rusia, que es la comunidad armenia más grande fuera de las fronteras de la Madre Patria, ha sido poco utilizada hasta el momento.    

Finalmente, el nuevo gobierno de Armenia, junto con los profesionales de los medios y la comunidad analítica, necesita desarrollar una estrategia de comunicación para derrotar los mensajes propagandísticos difundidos en los medios de comunicación rusos por lobbystas azeríes y otras fuerzas hostiles al nuevo gobierno de Armenia. Por lo tanto, es importante recordar constantemente a la sociedad rusa y a los tomadores de decisiones que Armenia es un aliado ruso y miembro de la CSTO, por lo que cualquier complicación con Azerbaidján pondría a Rusia en la incómoda posición de tener que elegir el lado de Bakú o de Ereván. Además, en ese caso, la falta de apoyo a Ereván en tal situación se percibiría como una señal de la debilidad o falta de fiabilidad de Rusia, lo que podría afectar sus relaciones no solo con Armenia, sino también con otros aliados.  

Obviamente, Moscú no es la única capital, donde el gobierno de Pashinian necesita estar activo. También deberá asegurarse que los vínculos con Rusia no se desarrollen a expensas de las relaciones con otros actores importantes, ya sean vecinos de Armenia, como Georgia e Irán, o con actores globales, como la UE y los EE.UU.

La UE necesita recibir garantías del compromiso de Armenia con CEPA y el desarrollo de las relaciones con la UE en general. Aquí también, los esfuerzos de cabildeo del gobierno anterior han contribuido a un enfoque algo prudente del nuevo gobierno de Armenia, sin embargo, este enfoque puede transformarse como resultado del trabajo activo del nuevo gobierno. En cuanto a las relaciones con Washington, también hay mucho trabajo por hacer. Las organizaciones armenias de Estados Unidos, que han desempeñado un papel importante en el pasado en el desarrollo de relaciones con Washington, tienen relativamente poca influencia en la administración de Trump, mientras que el lobby de Azerbaidján crece en ofensiva.

Entonces, hay muchos desafíos por delante, pero, en comparación con sus predecesores, el gobierno de Pashinian también tiene una ventaja importante. Es el primer gobierno armenio en años, o incluso décadas, que cuenta con el apoyo abrumador tanto de la población de Armenia como de la Diáspora, y cuya legitimidad no se ha visto socavada por las disputadas elecciones. Más que eso, la “Revolución de Terciopelo” le ha dado a Armenia no solo reconocimiento internacional, sino también un cierto tipo de “poder blando” que no había visto antes. El logro único de los ciudadanos de Armenia ha cambiado muchas cosas acerca de cómo se perciben Armenia y su nuevo gobierno, si no globalmente, al menos en el espacio postsoviético. Es posible que aún no nos demos cuenta del grado de ese poder, pero si se emplea sabiamente, puede ayudar a Armenia a transformar su relación con sus vecinos y sus socios. Por otra parte, Armenia, si puede lograr el éxito en su transición actual, tiene el potencial de superar su peso en la política regional e incluso mundial, convirtiéndose en un laboratorio de soluciones e ideas que pueden transformar toda la región y tener una influencia global. 

Mikael Zolyan

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