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Sabrina Parsechian: “Los clubes armenios deberían promover el deporte femenino”

Sabrina Parsechian tiene 32 años, es arquitecta y jugadora de futsal, como se conoce al fútbol de salón, en el Club Atlético General Lamadrid. Con antecedentes deportivos en la familia, desde chica hizo handball y voley. Pero su verdadera pasión está en el futsal.

Hija de Alberto “Tito” Parsechian quien fuera arquero y director técnico en Deportivo Armenio, Sabrina comparte el amor por el deporte y complementa perfectamente su profesión con la pasión. Resalta la importancia de que el fútbol y futsal femeninos estén creciendo y considera que es importante que eso se traslade a los clubes armenios.

—¿Cómo es tu historia familiar?

—No conocí a mi abuelo paterno, mi abuela vino de Armenia. Mis bisabuelos habían llegado escapando del genocidio. Se instalaron en Liniers y pusieron un local de ropa. Mis abuelos maternos nacieron en Argentina y sus padres pasaron por varios países antes de llegar. Se instalaron en Flores, mi abuelo se dedicó a la cerrajería y trabajaba en la Municipalidad y mi abuela a la reparación de calzado. Soy tercera generación de parte paterna.

—Contanos sobre tu formación profesional y deportiva.

—Soy arquitecta, me recibí en el 2015 de la UBA y actualmente estoy trabajando en una constructora. Esa es mi profesión laboral. El deporte siempre estuvo presente en casa por mi papá, Alberto “Tito” Parsechian, que fue director técnico y arquero en Deportivo Armenio, tiene una gran trayectoria. De chica peloteaba pero nunca se había planteado la posibilidad de ir a un club, en ese momento era impensado, estaba mal visto que me guste jugar al fútbol. Hice handball y voley, siempre tuve habilidad para los deportes pero nunca me metí en ningún club.

Hace cuatro años empecé futsal. Arranqué tarde porque llegar a debutar en AFA a los 31 es fuerte y estás en desventaja con las chicas de 20 años. Eso en la cancha se ve, más que nada en la recuperación de los músculos. Pero es disfrutar el ahora. Me pone contenta estar viviendo el crecimiento deportivo en lo femenino en todos los deportes. El fútbol femenino está tomando importancia y en noviembre del año pasado Boca profesionalizó el plantel de once, las jugadoras firmaron contrato y cobran por jugar. La actividad está creciendo, cada vez hay más clubes que tienen fútbol de once y también futsal. Va a ir de la mano.

—¿Cómo se complementan tus actividades?

—Vuelvo de trabajar y me voy para el club a entrenar. Es parte de la rutina con sus pro y sus contra porque no se llega de la misma manera al entrenamiento cuando tu única preocupación es estar nueve horas en una oficina. Llego al club y veo todo el mix que hay tanto de edades como de mentalidades y es muy satisfactorio. Eso es un motor.

—¿Recordás historias que te hayan contado tus abuelos?

—Respecto al genocidio lo tengo más presente del lado paterno pero no recuerdo que me hayan contado historias. No sé si es porque no me las contaron o porque las borré. Todos sabemos lo que se vivió y de qué se estaban escapando pero el unir esas dos cosas con mi familia… no sé si lo bloqueé pero no lo recuerdo. Mi mamá me contó una historia respecto a su abuelo: cuando se estaban escapando un turco lo quiso fusilar pero otro lo frenó y mi bisabuelo le besó los pies en agradecimiento por haberle salvado la vida.

—¿Cómo es tu relación con la comunidad armenia?

—Desde el jardín hasta que terminé el secundario fui al San Gregorio. Después de haber terminado el colegio, me alejé un poco de la comunidad por la facultad pero unos años más tarde hice voley en UGAB.

En la actualidad voy a las marchas del 24 de abril y si bien no estoy participando activamente, el lado sentimental tira. Mi día a día entre el trabajo y el deporte a veces no me da ni tiempo de estar en mi casa, pero cada vez que voy a San Gregorio o a UGAB me siento en casa. Cuando me cruzo con un armenio lo siento parte de mi familia. En el colegio amé a Adriana Margossian y a Margarita Djeredjian, que en ese momento era docente. Eran más que docentes, tengo muy buenos recuerdos del San Gregorio, fue mi casa.

Un objeto. El djesbé es el disparador de un momento con los seres queridos, la sobremesa, el fin de la cena o almuerzo con la familia o amigos. Donde uno se queda saboreando eso armenio que nos une. Este objeto en la casa indica un momento a compartir, entre armenios o gente que el armenio ama, no con cualquiera.

—¿Fue difícil empezar a jugar al fútbol?

—Estaba mal visto porque no existía la actividad para mujeres. A veces charlo con gente de mi edad que juega al futbol y me cuenta que tenía que hacerlo con varones hasta que se les empezaba a notar el físico y ahí tenían que dejar la actividad.

Empecé a jugar cuando el fútbol femenino estaba creciendo; ahora hay más de una liga, hay torneos de fin de semana. Cuando egresé en séptimo grado los docentes estaban haciendo un video y contaban que yo quería jugar a la pelota pero los varones no me elegían, pero la cosa cambiaba cuando hacía los goles. Ahí se ven las habilidades que uno tiene naturalmente.

—El fútbol femenino en los clubes armenios.

—Estaría buenísimo que Deportivo Armenio tuviera fútbol y futsal femenino. Que se sume a impulsar la actividad. Los clubes armenios deberían promover el deporte femenino. Que se empiecen a cambiar un poco los paradigmas en nuestra comunidad sería muy bueno.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com

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