Sarkis Gugunián: el salto hacia la acción

17 de abril de 2026

En la historia de nuestro movimiento fedaí hay figuras que se explican por el momento histórico que encarnan. Gugunián es uno de los que serán recordados por crear los momentos bisagra, los famosos puntos de inflexión; allí donde la idea pegó el salto a la acción revolucionaria.

Su nombre quedó asociado a una imagen precisa, la de un grupo de voluntarios cruzando la frontera en 1890 y conscientes de que probablemente no regresarían. Ese gesto fue un acto fundacional.

Para entender su verdadera dimensión, no basta con narrar la expedición. Es necesario reconstruir el proceso que lo formó, el contexto que lo hizo posible y el impacto que dejó en la evolución del movimiento revolucionario armenio y de la FRA-Tashnagtsutiún.

Un joven que no encajaba en el orden existente

Sarkis Gugunián nació en 1863 en Niy, Transcaucasia, en un entorno donde la identidad armenia se sostenía en estructuras tradicionales y resistía las presiones del orden imperial ruso. Desde temprano, su vida mostró signos de fricción con ese orden.

Ingresó al seminario Kevorkian de Echmiadzin, uno de los centros armenios de formación religiosa e intelectual más prestigiosos. Allí, participó en protestas estudiantiles que terminaron con su expulsión. Intentó continuar sus estudios en otros establecimientos en Ereván y Tiflis, pero fue rechazado. Luego de estos intentos fallidos de inserción, finalmente, tras cambiar su apellido Avedisian por Gugunián, logró ingresar al colegio Nersesián de Tiflis, donde completó sus estudios en 1885. Ese itinerario, más que una excepción explica un patrón, y muestra a un joven inquieto difícil de encuadrar en estructuras disciplinarias, pero persistente en su formación. Tras graduarse, se trasladó a Bakú, donde se sostuvo dando clases particulares, y poco después, gracias al apoyo de la Sociedad Filantrópica Armenia de Bakú accedió a la Universidad de San Petersburgo.

En San Petersburgo, inicialmente se inscribe en la facultad de Derecho. Abandonó esa orientación a los dos meses para pasar al departamento de Lenguas Orientales, considerando que esa formación sería más útil para su futuro accionar. La interrupción del financiamiento por parte de la Sociedad Filantrópica lo obligó a sostenerse por sus propios medios. Logró integrarse activamente en la vida estudiantil y entabló vínculos con jóvenes revolucionarios polacos y búlgaros, de quienes conoció en detalle los procesos de lucha nacional en Europa oriental. Ese contacto directo con experiencias insurgentes no sólo amplió su horizonte político, sino que lo llevó a involucrarse en la actividad revolucionaria propiamente dicha.

Durante esos años impulsó la reconstrucción de la biblioteca estudiantil, organizó una caja de ayuda mutua para estudiantes y desarrolló una tarea pedagógica concreta enseñando armenio a compatriotas que no dominaban la lengua. Paralelamente, se dedicó a traducir materiales sobre las luchas de los pueblos balcánicos y, junto con Konstantin Jadisián, publicó una serie de folletos sobre figuras insurgentes búlgaras. Estos textos, editados en formato accesible y vendidos a muy bajo costo, circularon ampliamente, llegando incluso a través de Trebizonda hasta el interior del Imperio Otomano. En ese circuito de producción y difusión de ideas se empieza a delinear un rasgo central de su figura que es la de transmitir y formar.

Como señala el destacado intelectual Aharón Shekherdemián, la trayectoria quizás desordenada de Gugunián no debe interpretarse como falta de dirección, sino como parte necesaria de la formación de un joven en rebeldía, que no puede integrarse a un sistema que percibe como insuficiente frente a las necesidades de su pueblo. En Gugunián, esa incomodidad se transforma progresivamente en una convicción. Es allí donde busca un modo de intervenir en esta historia, que lo conduce hacia la idea de la necesidad de la acción armada.

El momento histórico: cuando no alcanza sólo con la idea

La vida de Gugunián coincide con un momento de profunda transformación en la historia armenia. Durante gran parte del siglo XIX, las respuestas armenias a la opresión en el Imperio Otomano se habían centrado en la educación, la organización comunitaria y las demandas políticas.

Sin embargo, la persistencia de la violencia (saqueos, abusos fiscales, persecuciones y humillaciones sistemáticas) fue generando una sensación creciente de impotencia. Las reformas prometidas no se concretaban y la situación de las comunidades armenias en Anatolia se deterioraba.

Kevork Jutinián sostiene que el proceso de gestación de la FRA muestra cómo iniciativas como la de Gugunián se inscriben en una etapa “pre-organizativa”, donde la acción precede a la institucionalización política. El autor afirma que en este contexto se produce el cambio decisivo a una estrategia basada en la autodefensa y la acción revolucionaria.

Este giro no fue inmediato ni uniforme, pero hacia fines de la década de 1880 se volvió irreversible. La fundación en 1890 de la Federación Revolucionaria Armenia (Tashnagtsutiún) cristaliza este proceso. La FRA propone organizar la resistencia, dotarla de estructura, disciplina y objetivos políticos claros.

Sarkís Gugunián se sitúa exactamente en ese punto de transición.

La expedición de 1890: cruzar la frontera

En septiembre de 1890, Gugunián reunió en Tiflis y Alexandropol a un grupo de 107 voluntarios. La composición del grupo refleja el espíritu del momento: no había soldados profesionales, sino jóvenes movidos por una mezcla de indignación, idealismo y sentido del deber.

El plan era extremadamente audaz. Cruzarían la frontera hacia el Imperio Otomano, ingresarían en regiones donde las comunidades armenias sufrían constantes abusos, y ejecutarían acciones punitivas contra las autoridades y los grupos responsables de esas opresiones.

El carácter simbólico y político es lo que define verdaderamente aquella expedición. Antes de partir, Gugunián se dirigió a sus hombres y les advirtió que nadie espere que es posible regresar. La expedición no estaba diseñada para garantizar la supervivencia, sino para cumplir una misión.

«Մենք շուտով կը մտնենք Թուրքաց Հայաստան. լաւ մտածեցէք. այնտեղէն վերադարձ չկայ։ Մենք կերթանք մեռնելու, որպեսզի ճանապարհ հարթենք գալիք կռուող շարքերուն համար։ Թո՛ղ ոչ ոք ձեզմէ յոյս ունենայ, թէ կարող է ողջ մնալ։ Ով որ ատկէ կը վհատի, թող այժմէն վերադառնայ:» (Pronto entraremos en Armenia turca. Piensen bien: de allí no hay regreso. Iremos a morir, para allanar el camino a las filas combatientes que vendrán. Que nadie entre ustedes tenga la esperanza de sobrevivir. Quien dude de eso, que regrese ahora mismo.)

Harout Chekidjian, investigador y ex miembro de la Comisión Central de Homenetmen, define la expedición de Gugunián como un acto ético radical: la aceptación consciente del sacrificio como parte de la acción política. El mismo concepto que esgrimimos en la anterior nota, referida a la vida de Aram Aramian (Tatul).

Esa decisión lúcida de Gugunián y sus compañeros entendía que las posibilidades de éxito eran limitadas, pero también ellos sabían bien que su acción podía tener el efecto esperado, que el cruce de frontera en esencia era un acto de ruptura. La línea invisible, la que separaba la indignación de la acción, quedaba atrás.

La reacción del pueblo: dignidad, participación y sacrificio

Uno de los aspectos más reveladores de la expedición de Gugunián es la reacción que generó en la sociedad armenia. Lejos de ser una iniciativa aislada, encontró eco en distintos sectores de la población.

Las fuentes recogen episodios cargados de significado, jóvenes que se ofrecían voluntariamente y mujeres que pedían ser incorporadas como combatientes. Estos relatos no deben leerse como simples anécdotas, sino como indicadores de un estado de ánimo colectivo.

Según la interpretación de Harout Chekidjian, estas escenas reflejan una psicología marcada por la necesidad de recuperar la dignidad. Frente a una situación de opresión prolongada, la acción armada aparecía no sólo como una estrategia, sino como una forma de reafirmar la condición humana y el sentir nacional.

En este contexto surge la figura de aquellos fedaí que sacrifican todo por el ideal, conscientes de que se dirigen a su fin deciden igualmente avanzar. Y lejos de ser una expresión de irracionalidad, esta actitud responde a una lógica distinta en la que el valor de la dignidad supera al de la supervivencia individual.

La energía ya venía con intensidad desde los tiempos de Arapó, Hrair y Tatul. El valor que agrega la expedición de Gugunián es que canaliza esa energía latente. Le da forma y dirección.

El desenlace: derrota en el terreno

Impulsado por la idea de “pasar a la patria” (Երկիր անցնիլ) y combatir directamente al dominio otomano, Gugunián reunió a un grupo de voluntarios en Tiflis y luego en Alexandropol. Conformó la columna de los 107 hombres (mal armados y con escasos recursos) que el 23 de septiembre de 1890 cruzó la frontera ruso-otomana. Apenas ingresada, la expedición fue detectada y entró en combate con fuerzas otomanas; sin apoyo logístico, sin abastecimiento y sin posibilidad de reaprovisionamiento, la situación se volvió rápidamente insostenible.

Agotados, sin alimentos ni municiones, los expedicionarios se vieron obligados a replegarse hacia territorio ruso, donde lejos de encontrar refugio fueron detenidos por las autoridades imperiales. Según reconstruye Shekherdemian, una parte del grupo logró escapar, pero Gugunián y 43 de sus hombres fueron capturados. El proceso judicial que siguió culminó con una condena a veinte años de trabajos forzados. Posteriormente, fueron enviados al exilio en Siberia y luego a la isla de Sajalín; ubicada en el Lejano Oriente al norte de Japón.

En lo inmediato, el resultado fue claramente adverso. Sin embargo, la importancia histórica de la expedición no puede medirse únicamente por su desenlace. Como señala Jutinián, este tipo de acciones cumple una función decisiva en procesos revolucionarios porque generan experiencia, crean precedentes y modifican la percepción de lo posible. Y en ese sentido, abrió el camino para las futuras operaciones de los fedaí y contribuyó a consolidar la orientación estratégica del Tashnagtsutiún.

Lo que en el terreno fue una derrota, en la historia de la FRA se convirtió en un punto de partida.

Una vida que no abandona la lucha

La trayectoria de Gugunián no se detiene con su captura y condena. Incluso en condiciones extremas, su vida continúa marcada por la acción.

Durante su exilio en Sajalín, logra reconstruir parcialmente su vida personal, formando una familia. Sin embargo, el estallido de la Guerra ruso-japonesa le ofrece una nueva oportunidad de actuar. Se presenta como voluntario en el ejército ruso y se distingue por su valentía, lo que finalmente le permite obtener la liberación.

Al regresar al Cáucaso, retoma inmediatamente su compromiso. En su pueblo natal, se involucra en la defensa de los campesinos frente a los abusos de terratenientes y usureros, ampliando así su campo de acción hacia cuestiones sociales. Esta actividad lo pone nuevamente en conflicto con las autoridades. En 1910 es arrestado otra vez, juzgado y condenado. En 1912 intervino la FRA–Tashnagtsutiún organizando su fuga de la prisión de Elizavetpol; pero en poco tiempo fue nuevamente capturado.

Trasladado a la prisión de Oriol, muere en 1913 a causa de la tuberculosis.

Su vida, observada en su conjunto, revela una constante, y es la imposibilidad de abandonar la lucha. Cada vez que recupera la libertad, vuelve a actuar.

Es el hombre del “acto vivo”

La figura de Sarkis Gugunián ocupa un lugar particular en la historia del movimiento fedaí.

El poema convertido en canción, “Երգ Սարգիս Կուկունեանի”, en sus versos introduce la imagen del hombre que condensa su experiencia vital. “Ձեռքերս շղթայ, ոտքերս շղթայ, մութ բանտին մէջ ինկած եմ” no es sólo una descripción del cautiverio, sino una afirmación de sentido: la prisión, el exilio y la derrota no anulan la elección inicial. La canción recorre el arco completo de su vida, que es la lucha, la captura, las cadenas, la despedida de los compañeros.

Quizás podamos concluir en que Gugunián es, en esencia, el hombre del “acto vivo”; aquel que entiende que hay momentos en los que actuar es más decisivo que cualquier cálculo de supervivencia. Actuar así, en un momento en que la acción todavía no estaba garantizada ni organizada, sienta el antecedente de las operaciones de la FRA.

Su recorrido grafica la paradoja de toda generación fundadora: fracasar en lo inmediato para hacer posible lo que vendrá. En ese gesto, casi silencioso y sin épica aparente, dejó una huella. Y como toda huella verdadera, no indica sólo de dónde viene un pueblo sino hacia dónde está dispuesto a ir.

Como en ciertos momentos decisivos de la historia, todo comienza con un salto.

Agustín Analian

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