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Todo el pueblo a despedir a los nuevos soldados de Bardzruní

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Solo dos jóvenes han sido convocados al servicio militar obligatorio en enero de 2018 en el pueblo que apenas tiene cuatrocientos habitantes. Bardzruní se encuentra en una región estratégica, a pocos cientos de metros de la histórica región armenia de Najicheván, actualmente en poder de Azerbaidján.

Arsén y Norair tiene 18 años y deben presentarse a su destino militar en breve. Bardzruní tiene una tradición interesante para despedir a sus conscriptos. La madre de Norair dice que cada aldeano le da su familia un pollo cuando les visita. Luego los parientes de los jóvenes soldados organizan una gran fiesta e invitan a todo el pueblo.

Armenak, de 79 años, tiene seis nietos. Está contento de enviar a su nieto Norair al ejército, a pesar de la pérdida de uno de sus hijos, el tío de Norair, en la guerra afgana. El joven lleva el nombre de su tío. Su familia sufrió otra triste pérdida hace varios años, cuando el padre de Norair fue alcanzado por un rayo y murió.

 “La patria es como el padre y la madre de un hogar. Si no puedes proteger a tu padre y a tu madre, no puedes proteger la patria. Una persona debe ser totalmente responsable, sin ninguna duda. Si uno es irresponsable, no hará nada “, dice Armenak.

Norair dice que ha visto soldados en su casa desde la infancia, no sólo amigos de su abuelo, sino también extraños a quienes su familia ha hospedado a menudo. El ejército, los soldados y la frontera son parte integral de esta aldea. Hay posiciones del ejército armenio en las montañas frente al pueblo. Detrás de esas montañas se encuentran las trincheras del ejército azerí y los pueblos de Najicheván.

 “El servicio militar es nuestra obligación. Al crecer en este pueblo, debes sabes que tienes que estar listo para luchar y entiendes por qué te unes al ejército”, expresa Norair.

El día en que los nuevos soldados se marchan para incorporarse al ejército, todo el pueblo se reúne en la carretera del pueblo, cerca de la larga mesa armada por el abuelo Armenak. Un borde de la mesa dice “Bienvenidos” y el otro “Adiós”. foto

Los reclutas deben disparar entonces algunos tiros al aire. Norair dice que es como ser bautizado soldado, recordando haber disparado por primera vez a la edad de 12 años. En su escuela le enseñaron a manipular armas y aprendieron a cargarlas y descargarlas, además de un breve entrenamiento militar que incluyó clases de tiro al blanco.

Hay una capilla del siglo XIX en el pueblo, renovada hace quince años. Está al lado del monumento dedicado a los soldados caídos. Antes de partir, los reclutas encienden velas allí.

La población de Bardzruní se reduce drásticamente. La falta de toda una generación joven es un indicador indiscutible. Norair nos dice que son apenas unos veinte los jóvenes del pueblo. Muchos ya se han marchado junto a sus familias. Él estudia en la Universidad Estatal de Medicina de Ereván. Comenta que varios de sus compañeros también fueron reclutados en estos días, pero otros fueron liberados del servicio militar.

Norair dice que hubiera preferido finalizar sus estudios antes de servir en el ejército. Dice creer que aquellos que cursan carreras largas deberían graduarse primero. Su aspiración es convertirse en cirujano maxilofacial y está seguro que sería más útil si se uniera a las tropas como médico. En cualquier caso decidió llevarse algunos libros para tratar de estudiar en su tiempo libre y no olvidarse lo ya aprendido. 

En cuanto al futuro, él no ve la oportunidad de trabajar como médico en su aldea, por lo que es muy probable que tenga que irse a Ereván, como muchos otros antes que él. Norair tiene un hermano menor, que tiene 16 años y será reclutado en dos años.

Asegura que le gustaría servir junto con su hermano; al menos por un tiempo, si fuera posible. Su madre se emociona al decir adiós. Ella dice que crió a Norair como lo haría cualquier madre, y ahora espera que el ejército le enseñe cosas que ella como mujer no pudo enseñarle.

Vahé Sarukhanyan

Hetq.am

 

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