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Un parpadeo de esperanza impulsado por la demanda popular

crecimientoEreván (Vikén Sarkissian para Worldbank.org).-Armenia experimentó un fuerte crecimiento de su PBI en el período anterior antes de la caída del gobierno de Serge Sarkissian. Durante abril y mayo, en la “revolución de terciopelo”, el país vio al pueblo pedir la renuncia de su líder y obtener una nueva elección, todo bajo la atenta mirada mundial. Pero ¿cuál podría ser la conexión entre el crecimiento económico y las protestas masivas?

Permítanme sugerir dos palabras: relatividad y estancamiento. La primera podría describir la gran brecha entre las impresionantes estadísticas económicas y la realidad de la vida cotidiana. La segunda podría mostrar la experiencia de vida de un armenio viendo que las cosas permanecen igual, sin notar un progreso real.

Pero hay otras razones para la pérdida abrupta de la paciencia pública. La corrupción se ha caracterizado por un entrelazamiento entre poder y capital, el uso de uno por el bien del otro, y viceversa. En última instancia, se ha privado a los armenios del derecho a un buen gobierno, causando una disminución en la confianza para con el estado y sus instituciones.

Cuando comenzaron las primeras movilizaciones de protesta en la segunda ciudad de Armenia, Gyumrí, solo participaban unas pocas decenas de personas, la mayoría periodistas. Pero cuando la corriente llegó a Ereván, a mediados de abril, miles más se habían unido al movimiento. En pocos días, las calles de la capital y de todo el país se llenaron de jóvenes, los que nacieron y se criaron en los años “oscuros” de la década de 1990 (incluso sin electricidad).

Personalmente hablando, era difícil no apasionarse demasiado, mental y emocionalmente. Parecía que algo notable estaba sucediendo, incluso si uno trataba de ser cauteloso y no esperar demasiado.

Una nueva generación marchaba pacíficamente y con confianza en sí misma, difundiendo el mensaje de que ya no era indiferente; por el contrario, los jóvenes estaban totalmente comprometidos con su futuro. Había ahora un nuevo sentido de responsabilidad para con el desarrollo de la nación.

En Armenia, una era política terminó y otra acaba de comenzar. La carga de la victoria es pesada: el cambio fundamental atrae, como lo hace el cambio institucional. Estoy seguro y tranquilo. Tomará algún tiempo para que los nuevos líderes se adapten, sin duda, pero seguramente son conscientes de la necesidad de actuar teniendo en cuenta los intereses de las personas. Las expectativas son comprensiblemente altas.

Ahora volvamos a la economía, brevemente. En 2017, el incremento del 7,5% del PBI superó las expectativas, registrando la mayor tasa de crecimiento en la última década. Se espera que la recuperación económica haya repercutido en una mayor reducción de las tasas de pobreza, que muestran una tendencia decreciente desde la crisis económica mundial. En última instancia, los beneficios de este incremento deberían llegar a todos: esto es lo que llamamos “prosperidad compartida”.
 
El panorama económico sigue siendo positivo. Esto sugiere una nueva oportunidad para abordar y acelerar las desafiantes reformas que Armenia necesita para desatar un nuevo modelo de crecimiento, uno que sea incluyente y sostenible en el futuro. El próximo Marco de Asociación País Banco Mundial para 2018-22 apoyará a la nación en este importante viaje.
 
Soy optimista de que el impulso continuará, y que este abrir y cerrar de ojos con el tiempo conducirá a un futuro mejor para los armenios. Ahora no es el momento de permanecer apático: es el momento de seguir adelante.
 

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