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Violencia doméstica: Una ley imperfecta y estereotipo duraderos

Una preocupación creciente

Ereván (Gohar Abrahamyan para EVN Report).- Otra muerte más de una mujer luego de una fuerte golpiza en manos de su marido obliga a la sociedad armenia a hablar nuevamente de la única cosa que no le gusta abordar: la violencia doméstica.

Según el Comité Especial de Investigación, en la mañana del 11 de noviembre, una joven de 20 años que presentaba un trauma grave fue llevada de urgencia al Centro Médico de Erepuní. Ella estaba inconsciente y fue incapaz de prestar declaración, pero el paramédico confirmó desde un primer momento que había sido golpeada. Al día siguiente, falleció.

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Una investigación policial confirmó que Illarion Nunushyan, de 30 años de edad, le pegó a su joven esposa, Kristine Iskandaryan con sus propias manos, causándole un daño corporal grave. Actualmente el individuo está bajo arresto mientras la policía continúa su investigación.

Por su parte, la Coalición para Detener la Violencia contra las Mujeres emitió una declaración en la que señaló que este asesinato, junto a todos los demás casos de femicidios en Armenia, es el resultado de la falta de capacidad y responsabilidad del estado para proteger a las mujeres de la violencia de género y el abuso.

“La ausencia de mecanismos claros con respecto a estas agresiones y la actitud indulgente hacia la persona que las comete, contribuyen a la reiteración de los hechos y a una atmósfera general de impunidad. Ha llegado el momento de reconocer que esto no es un asunto privado ni familiar. La violencia doméstica y el femicidio sistémico son delitos que la sociedad ya no puede tolerar”, detalla el comunicado.

Nunushyan ya cometió otros crímenes en el pasado. Fue arrestado en varias ocasiones por robo, llegando a tener una sentencia de dos años de prisión y multas de 600.000 y 500.000 dram. Actualmente, está nuevamente acusado por este delito, cuyo juicio sigue en curso.

La información sobre esta familia es insuficiente. La pérdida irreparable. Sin embargo lo que sucedió, lamentablemente, no es un incidente aislado.

Violencia doméstica: detrás del velo

La gente todavía tiene el recuerdo fresco de otro horrible asesinato producido hace unas semanas en la provincia de Armavir. El 28 de septiembre, Rustam Manukyan, de 32 años, golpeó a su esposa Ovsanna Grigoryan, de 30 años, y a su hijo de un año, Arman Grigoryan, quien murió camino al hospital.

El 3 de agosto de 2017, un hombre atacó a su esposa de 34 años tan severamente que esta falleció a causas de las heridas. El incidente no sucedió en una región lejana, sino que tuvo lugar en la calle Tumanyan en pleno centro de Ereván. A su vez, el 19 de septiembre de 2016, un esposo golpeó brutalmente a la madre de sus tres hijos y dejó su cuerpo en un río.

Los niños, y especialmente las mujeres, son las principales víctimas de la violencia doméstica, y casos como los anteriormente mencionados, suceden día a día y de ninguna manera son algo fuera de lo común.

En los primeros seis meses de 2018, nueve mujeres en Armenia fueron asesinadas por este tipo de crímenes. Entre 2010 y 2017, más de cincuenta mujeres resultaron muertas a manos de sus parejas. Zaruhí Hovhannisian, directora de comunicación de la Coalición para Detener la Violencia contra las Mujeres, aseguró que se registran más de dos mil casos en Armenia. De hecho, solo esta organización tomó en 2017 casi 5600 denuncias de este tipo. Por su lado, el Servicio Especial de Investigación de Armenia investigó 458 casos en 2017.

violenciadegeneroEstos hechos, sin embargo, son solo la punta del iceberg, ya que en muchas ocasiones todo permanece dentro de los muros silenciosos de la familia. Todavía es difícil determinar cuál es la estadística real en Armenia. Diferentes encuestas señalan que tres de cada diez mujeres son sometidas a abuso físico, mientras que el 66% es víctima de abuso psicológico.

“Tenemos entre 10 y 15 casos de violencia doméstica en el transcurso de cualquier año y la mayoría son mujeres. Un tercio del total de asesinatos corresponden a este tipo de violencia”, explicó Hovhannisian, agregando que las denuncias están aumentando debido a que la gente es más consciente.

En la mayoría de los casos, las agresiones se llevan a cabo frente a los ojos de los niños. No hay necesidad de explicar lo que esto les produce psicológicamente, ya que en este sentido, son los más vulnerables. Además, no hay organismos o agencias estatales apropiadas que trabajen con ellos y, a menudo, nunca queda claro qué les sucede cuando asesinan a sus madres o encarcelan a sus padres.

Sin embargo, la pérdida de vidas humanas y la continuación de este ciclo, durante mucho tiempo, fueron silenciadas a nivel estatal y todos los informes de estos actos fueron acusados de estar bajo “influencia extranjera”. También se vio como una amenaza para el honor y las costumbres de la familia armenia tradicional, por lo que la violencia es ocultada tras el velo de expresiones como “somos una nación que respeta a nuestras mujeres y familias, estas cosas no suceden en Armenia, son vergonzosas”.

Después de años de esfuerzos persistentes, en 2017 se aprobó la ley sobre violencia doméstica, la que entró en vigor en julio de este año. Si bien su adopción es un paso positivo, la misma fue tan modificada que continúa siendo incompatible con los estándares internacionales de protección de las mujeres contra la violencia.

Una ley sin peso

Stella Chandilyan, abogada de la Coalición para Detener la Violencia contra las Mujeres, dijo que si bien el país ha firmado el Convenio de Estambul y el Convenio del Consejo de Europa sobre Violencia Doméstica, ninguno fue ratificado por el Parlamento. “Esto significa que las disposiciones no funcionan en nuestro país. Si el estado hubiera ratificado la convención, y los abusadores fueran sometidos a una responsabilidad penal, entonces esto habría sido una forma de restricción”.

Según la abogada, se han realizado varios cambios positivos en el Código Penal. En el pasado, cuando una mujer presentaba una queja ante la policía sobre su esposo abusador, en muchos casos retiraba su denuncia tras las amenazas de su marido. Una vez que ella lo hacía, la policía ya no se molestaba en investigar el caso. Sin embargo, ahora, con los cambios en el sistema de justicia penal, incluso si una mujer retira la acusación, la policía está obligada a continuar con la investigación.

Sin embargo, de acuerdo con Chandilyan, los mecanismos propuestos por la ley tienen algunos objetivos preventivos que terminan siendo intrascendentes, como emitir una advertencia o separar al agresor de la víctima por un período de tiempo, cosas que no son efectivas y no ayudan a prevenir futuros crímenes.

Hasmik Gevorgian, del Centro de Apoyo para Mujeres, también resalta las deficiencias de la norma, diciendo que las personas que la aprobaron no entendieron qué es la violencia doméstica, ya que no hay un solo artículo en ella que proteja a las víctimas. Por ejemplo, una disposición de la normativa es que la policía debe emitir una advertencia contra el presunto abusador. “Una cosa así puede causar graves problemas. Cuando una mujer que ha sido víctima de violencia durante años, encuentra la fuerza para llamar a la policía, y esta solamente emite una advertencia, ella vuelve a casa con su esposo, lo que significa que en todo momento la situación puede salirse de control y resultar en un asesinato. La víctima no está protegida de ninguna manera”, destacó.

También agrega que es necesario implementar un sistema de intervención de manera inmediata y urgente, para que las mujeres estén libres de los largos trámites burocráticos y tengan que esperar meses por una decisión. En estos casos cada segundo puede ser de vital importancia.

“A menudo, la paciencia de las mujeres se pone a prueba al tener que completar todo el papeleo. Por un lado, tiene que enfrentar la persecución de su esposo y por el otro debe lidiar con el sistema legal y su incompetencia”, detalla el especialista.

Todos los expertos están de acuerdo en que la adopción de una ley no erradicará totalmente la violencia. Se necesita tomar pasos radicales para cambiar la mentalidad y los estereotipos de la sociedad.

“Aprobar una norma no modificará la mentalidad de la sociedad, que sigue tolerando la violencia contra las mujeres. Mientras no veamos esto como un crimen, y sigamos diciendo que en la familia armenia esto no pasa, nada cambiará. Hay un gran trabajo por hacer para crear conciencia y tenemos que empezar desde las escuelas”, argumentó.

A su vez, otro tema fundamental es la indiferencia presente en la sociedad. Según Gevorgian, en cada barrio, en cada calle, todos saben cuáles son los hogares en los que hay violencia. “Sin embargo, todos somos indiferentes, todos pensamos que no es nuestro asunto y no nos involucramos hasta que tenemos otra víctima”, dice.

Según Stella Chandilyan, los casos de violencia crecen en Armenia cada año y la nueva ley no sirvió como un mecanismo de restricción. Una de las razones es que los organismos estatales no tuvieron la capacitación adecuada para aplicar la misma. “Por ejemplo, la policía y los jueces no han pasado por una nueva instrucción, y si la tuvieron fue muy superficial”, comentó y agregó también que la violencia doméstica debe considerarse como violencia de género.

“Mientras tanto, en Armenia, todavía tenemos miedo de la palabra género. Esto significa que tenemos mucho que hacer, como por ejemplo educar a los niños desde una edad temprana para erradicar los estereotipos. Nuestra sociedad todavía intenta en todos los sentidos justificar la violencia, se acusa a la mujer de inmoralidad y se inventan excusas sobre los incidentes”, asegura.

La normalidad de la violencia: ¿parte de nuestra tradición o una distorsión?

La frecuencia de estos crímenes es una de las razones por las cuales la sociedad no siempre percibe la violencia. Según los expertos, una de las razones es que la cultura de los golpes se ha convertido en una parte inseparable del lenguaje. “Una mujer es como la lana, cuanto más la golpeas, más suave se vuelve”, “Si no golpean a una mujer, sabrás que es viuda”.

Muchos en la sociedad armenia han crecido escuchando estos y otros dichos. Las historias sobre el sometimiento de la mujer también prevalecen en la literatura. Tal vez muchos pueden recordar la historia de Nar-Dos “Lo que sucedió cuando faltaron dos cubos de azúcar de la azucarera” sobre la justificación del héroe durante el juicio por haber matado a su esposa: “Acabo de golpearla, no hice nada más”.

Tal vez el mejor ejemplo de la tan comentada igualdad de hoy entre mujeres y hombres se puede encontrar en la famosa epopeya armenia “Demonios de Sasún” cuando Khandut le dice a David: “No soy menos persona que tú”.

 

 

 

 

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