Y ahora, la negación de la geografía

04 de febrero de 2020

Tratar de descifrar el póker político-diplomático internacional y regional que en la actualidad se juega en el Medio Oriente y en el Mediterráneo central y oriental, no es tarea fácil. Los intereses en juego son muchos y variados y otro tanto los “jugadores” en cuestión. En términos pugilísticos, están los peso pesados de costumbre, los semipesados, los medianos y uno que otro peso pluma… Volviendo al póker, están los decididos, con buenas cartas en la mano y los pusilánimes que sólo juegan a la defensiva. No se descarta que alguno trate de blofear o incluso hacer trampa…

El foco de atención se ha trasladado de Siria a Libia. Y si bien cada quien atiende su juego, al mismo tiempo y como es lógico, todos atienden el juego de los contrincantes. En la mesa –o para los amantes del ajedrez, en el tablero- se observan jugadas estratégicas y tácticas de las grandes potencias -los Estados Unidos y Rusia- y a su turno, mueven fichas otros grandes como Alemania, Francia y Turquía. Participan también Gran Bretaña, Italia, Egipto, Israel, Grecia, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, Jordania, Chipre, Catar… y la manzana de la discordia que ahora es Libia.

No incluimos en la lista organismos regionales o internacionales como la ONU, la Unión Europea, la Liga Árabe, etc. por la sencilla razón de que estos foros sólo se limitan a emitir declaraciones que en la práctica, poco influyen en la disuasión de los actores con peso propio. Y ni hablar de la aplicación de sanciones.

La reciente cumbre internacional de Berlín es el claro ejemplo: a pesar de la declaración conjunta sobre el cese del fuego y el embargo de armas a Libia, el gobierno turco sigue enviando armamentos y mercenarios al régimen de Trípoli. Flagrante transgresión que acaba de denunciar claramente el presidente Macron en plena conferencia de prensa en París y que viene a sumarse a la declaración previa de la ONU que condenó también –sin especificar a los responsables- las “violaciones” de dicho embargo internacional.

Piratería del siglo XXI

Que los estados traten de negar o modificar las páginas negras de su pasado, no es una novedad. El Estado turco es un paradigma en ese aspecto. El tema de la negación del Genocidio contra el pueblo armenio figura en los manuales de historia como un claro ejemplo de lo que esa política significa.

A más de un siglo de haberlo perpetrado y con numerosos frentes abiertos en su política exterior, el Estado turco –mediante el gobierno de turno- sigue teniendo en su agenda prioritaria la negación del crimen de lesa humanidad y la de su propia historia. Prensa y funcionarios oficiales declaran que se trata de una cuestión que “crea divisiones y daña la armonía de la sociedad turca”. De ahí la reciente reunión del presidente Erdogan con sus consejeros, para analizar el tema y las estrategias negacionistas a seguir.

Lo que sí es novedad, es la actual política turca de negación de la geografía. Para llegar al cumplimiento de sus objetivos, no alcanza ya con negar la historia. Y como historia y geografía van de la mano ¡ahora es el turno de hacer caso omiso de los mapas! Y de trazar líneas marítimas a su antojo -en clara violación del derecho internacional- adjudicándose zonas de explotación exclusiva, sin importarle la existencia allí de islas –territorio insular- pertenecientes a otro estado.

Es lo sucedido con el acuerdo de delimitación de aguas que Ankara firmó a fines de noviembre –sin el aval del Parlamento libio- con el acorralado gobierno de Trípoli, en desmedro de Grecia. O lo que viene haciendo con el envío de barcos de prospección y fragatas al mar de Chipre, como si el estado chipriota –miembro de la ONU y de la Unión Europea- no existiera y la isla no fuera más que una extensión de Turquía. Piratería del siglo XXI, a secas.

Expansionismo neo-otomano

La cuestión va más allá de un diferendo entre grecochipriotas y turcos. Ankara acaba de negar por boca de su presidente -en contraposición a la letra del Derecho del Mar- el derecho de las islas a poseer plataforma continental o Zona Económica Exclusiva (ZEE). Más o menos como decir que Irlanda, Gran Bretaña o Malta –por dar algunos ejemplos de estados insulares en Europa- no tienen ese derecho. O negárselo a Sicilia, Córcega o las Baleares.

Basada en esa teoría, Turquía ha enviado la nave de prospección Yavuz a la “parcela 8” de la ZEE de Chipre. Se trata de una parcela al sur de la isla que el gobierno de Nicosia había cedido en licitación a las petroleras ENI –italiana- y TOTAL –francesa- para la explotación de hidrocarburos. París y Roma se solidarizaron con Chipre pero por el momento no han ido más lejos. Y ante esas reacciones a medias, el régimen turco no hace más que envalentonarse y seguir adelante con sus planes. Algo que no pudo hacer cuando amenazó a la EXXON estadounidense en la misma zona…

En su afán expansionista neo-otomano, el presidente Erdogan no escatima esfuerzos en extender su accionar político-diplomático-militar desde Libia y el norte de África hasta Somalía y desde los Balcanes hasta Siria, Irak y Azerbaiyán. Está claro que se trata de un político con amplia capacidad de maniobra y hábil en el célebre regateo otomano, incluso con sus pares ruso y estadounidense.

Es evidente que Turquía está decidida a volver al pasado imperial e imponer su hegemonía en toda la región, a costa de enfrentarse con la mayoría de sus vecinos. La pregunta es ¿se le permitirá? La respuesta a ese interrogante la tienen los presidentes Putin y Trump. De ellos depende.

Dr. Ricardo Yerganian
Exdirector del Diario ARMENIA
ryerganian@diarioarmenia.org.ar

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