Cada armenio puede abrir una puerta

03 de agosto de 2026

En las últimas semanas, Diario ARMENIA publicó tres experiencias que, aunque ocurrieron en ámbitos muy distintos, comparten un mismo origen.

En la Universidad Católica Argentina (UCA), un profesor propuso investigar la guerra de Artsaj y una estudiante de periodismo terminó preguntándose por qué no había escuchado antes casi nada sobre el tema. En Cipolletti, una docente llevó al aula “El gran crimen”, de El Hacha de Mariano, y sus alumnos investigaron el Genocidio Armenio hasta comprender que el exterminio también había buscado borrar el nombre y la memoria de un pueblo. En Jujuy, la Biblioteca Artekis aprovechó, como en otras oportunidades, un encuentro cultural para hablar de historia armenia con personas que se acercaron a preguntar y conocer.

En los tres casos hubo alguien que abrió una puerta. Un profesor eligió un tema, una docente acercó una canción y una biblioteca convirtió un encuentro cultural en una oportunidad para transmitir nuestra historia y la Causa Armenia. No fueron el resultado de grandes campañas ni de inversiones millonarias. Surgieron de vínculos, contactos y relaciones construidas en la vida cotidiana.

Probablemente existen muchas otras experiencias que no llegan a conocerse ni a publicarse: docentes que incorporan el tema en una clase, personas que acercan materiales, actividades que nacen de un contacto o alumnos que empiezan a investigar a partir de una inquietud.

Somos vecinos; estamos presentes en escuelas, universidades, comercios, empresas, medios de comunicación, profesiones, instituciones y redes sociales. Todos conocemos personas con las que trabajamos, estudiamos o compartimos la vida cotidiana, y podemos acercar información, compartir materiales o llamar la atención sobre temas vinculados con la Causa Armenia.

Nuestros abuelos y nuestros padres transmitieron la memoria de esa manera, incluso con pocos recursos idiomáticos. Contaron lo que habían vivido o lo que habían escuchado de sus mayores. Hablaron de sus familias, de sus pueblos, de quiénes sobrevivieron, cómo lo hicieron y quiénes quedaron en el camino. Gracias a esa palabra transmitida de generación en generación, el silencio no pudo completar la obra del Genocidio.

Cada armenio puede continuar esa tarea. Seguramente muchos lo hacen naturalmente. No hace falta convertirse en historiador, pero sí conocer lo suficiente para hablar con responsabilidad, reconocer una oportunidad y saber a quién recurrir. Todos tenemos una historia, un dato o un vínculo que puede despertar interés.

La iniciativa individual y la tarea institucional no se contradicen. Los vínculos personales pueden generar oportunidades; las instituciones aportan el conocimiento, los materiales y la continuidad necesarios para aprovecharlas.

En nuestra comunidad, el Consejo Nacional Armenio (CNA) tiene una experiencia central en este terreno. Su trabajo con el Ministerio de Educación de la Nación y con el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, entre otras iniciativas, permitió elaborar cuadernillos y materiales para enseñar el Genocidio Armenio en las aulas, dentro del campo de la historia, la memoria y los derechos humanos.

Esa tarea adquiere todavía más importancia porque la transmisión de la memoria armenia convive con esfuerzos sostenidos por ocultar responsabilidades, negar crímenes y desplazar nuestra voz del espacio público.

Desde hace años, Turquía utiliza sus producciones culturales, incluidas sus novelas televisivas, como herramientas de proyección y de construcción de una imagen propia. Turquía y Azerbaiyán disponen, además, de Estados, embajadas, grandes capitales y relaciones políticas para difundir sus posiciones, deformar los hechos y tergiversar la historia.

Frente a ese poder estatal, la diáspora armenia puede ejercer una forma propia de poder blando basada en la cultura, la memoria, el conocimiento y la presencia cotidiana de sus integrantes en las sociedades de las que forman parte. Ese recurso no reemplaza la acción política, la denuncia pública ni el trabajo diplomático, sino que los fortalece al llevar la Causa Armenia a espacios a los que las instituciones no siempre llegan por sí solas.

Las tres experiencias publicadas por Diario ARMENIA lo demuestran. A veces, la transmisión de la memoria comienza con una decisión sencilla: proponer un tema, compartir una canción, acercar un material o responder una pregunta.

Cada armenio, desde el lugar que ocupa, puede generar una oportunidad para que se conozca más nuestra historia. En esa tarea cotidiana, cada puerta que se abre es también una forma de impedir que el silencio y la negación se impongan. Ese poder está en nuestras manos.

Pablo Kendikian

Una oportunidad para participar
El miércoles 12 de agosto, a las 18, IARA - Instituciones Armenias de la República Argentina realizará en el Salón Rojo de la Facultad de Derecho de la UBA una jornada académica sobre negacionismo y Genocidio Armenio.
Participarán León Carlos Arslanian, Luis Moreno Ocampo y Valeria Thus, con la moderación de Marcelo Cantelmi.
La jornada abordará el negacionismo como una política destinada a desvirtuar la verdad histórica, perpetuar la impunidad y obstaculizar la memoria y la justicia. También analizará las políticas de negación de Turquía y Azerbaiyán, su relación con los crímenes contra la población armenia de Artsaj y la experiencia argentina a partir del Juicio a las Juntas.
Asistir, difundir la actividad e invitar a personas ajenas al ámbito comunitario es también una manera concreta de abrir nuevas puertas. En este link está el formulario de inscripción obligatorio. https://forms.gle/fMw6Mcdxm2c1eN4n7

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