Del rock al Genocidio Armenio: estudiantes de Cipolletti analizaron poder, violencia y memoria

Estudiantes de tres cursos de cuarto año de la Escuela Secundaria Río Negro Nº 15 de Cipolletti de Río Negro se acercaron al Genocidio Armenio a través del rock. En la materia Lengua y Literatura trabajaron con “El gran crimen”, de El Hacha de Mariano, e “Historia repetida”, de Rowek, para comparar sus letras y reflexionar sobre la memoria, la identidad y el ejercicio del poder.
La actividad fue realizada por dos cursos del turno mañana y uno del turno tarde, bajo la coordinación de la docente Paula Oses. Los estudiantes debieron analizar versos de ambas canciones, establecer relaciones entre ellos, identificar figuras literarias, comparar los mensajes de las letras e investigar el momento histórico al que hace referencia “El gran crimen”. La directora del establecimiento, Jacqueline Otárola, autorizó que el trabajo y algunas de las respuestas fueran compartidos con las bandas.
“El gran crimen” aborda de manera directa el Genocidio Armenio, mientras que “Historia repetida” plantea una crítica más amplia a los abusos del poder, las falsas promesas y la forma en que algunos hechos atroces son presentados como actos de gloria. Rowek es una banda argentina de heavy metal encabezada por Gustavo Rowek, histórico baterista de V8 y fundador de Rata Blanca.


Al analizar versos como “los hechos de mayor atrocidad son los que van junto a una falsa gloria” y “están para el pueblo y no al revés”, los estudiantes señalaron que muchas tragedias y crímenes de la historia fueron presentados como grandes logros. En la canción vieron una crítica a quienes manipulan a la sociedad, prometen actuar en beneficio del pueblo y terminan utilizando el poder para sus propios intereses. “No debemos creer en lo que nos dicen solo para ganarse nuestra confianza”, escribió uno de los alumnos, mientras otro resumió que los gobernantes “deberían gobernar para la gente”.
Entre los versos analizados estuvo “Incluso la palabra armenio debe ser desterrada de la memoria”. En sus respuestas, los alumnos comprendieron que el objetivo del genocidio no había sido solamente eliminar físicamente a las personas sino también borrar la identidad, el nombre y el recuerdo de un pueblo.
“Esto es una de las peores cosas del genocidio: no solo matan a las personas, sino que también intentan borrar su nombre para que no se los recuerde”, escribió uno de los estudiantes. Otro señaló que la frase demostraba “hasta qué punto se quería eliminar no solo a las personas, sino también la identidad de un pueblo y el recuerdo de su existencia”.
Los jóvenes también analizaron el verso “Otra vez vuelvo a reír, otra vez vuelvo a soñar, no pudieron destruir a mi espíritu ancestral”. Una de las respuestas destacó que, a pesar del exterminio, la represión y los intentos de silenciarlo, el pueblo armenio continuó “luchando con la cabeza en alto y con orgullo de ser quien es”. Otro alumno interpretó el fragmento como “un cierre de esperanza”, porque quienes buscaron borrar al pueblo armenio “no pudieron ganarle a la identidad ni a las raíces”.


Al comparar las dos canciones, los estudiantes encontraron un mensaje común en la necesidad de recordar el pasado y reconocer los crímenes cometidos para impedir que vuelvan a repetirse. “Mantener viva la memoria ayuda a evitar nuevas injusticias y abusos de poder”, sintetizó uno de ellos.
Las respuestas también señalaron que quienes ejercen el poder aparecen en las letras como personas que manipulan, engañan, realizan falsas promesas y actúan en beneficio propio. En el caso de “El gran crimen”, los alumnos identificaron además una denuncia contra la persecución, la intolerancia, la violencia y el intento de borrar la identidad del pueblo armenio.
Como parte del trabajo, los estudiantes investigaron el Genocidio Armenio perpetrado por el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial. Reconstruyeron las detenciones y asesinatos de dirigentes e intelectuales, las deportaciones forzadas, las marchas sin alimentos ni agua, el despojo de viviendas y tierras y la destrucción de iglesias y comunidades. También consignaron la muerte de aproximadamente un millón y medio de armenios.
A partir de la consigna sobre la “falsa gloria” mencionada en Historia repetida, los estudiantes relacionaron la letra con otros acontecimientos, mencionaron la última dictadura argentina, la Shoá, la conquista de América y la Guerra Civil Española. De esta forma, el trabajo sobre el Genocidio Armenio se vinculó con otros crímenes masivos y con la necesidad de reconocer y recordar lo ocurrido.
El material de los estudiantes llegó a Alejandro Maldjian, baterista de El Hacha de Mariano y autor de la letra y la idea original de “El gran crimen”. Maldjian contó que recibió los trabajos de manos de la docente y que las respuestas de los estudiantes lo emocionaron “hasta las lágrimas”, especialmente porque se trata de una escuela sin vínculos directos con la comunidad armenia.
En una entrevista publicada por Diario ARMENIA en 2021, Maldjian explicó que la canción surgió de su propia relación con la historia armenia y de la necesidad de transmitirla fuera de la colectividad. “Afuera conocen más nuestra comida que nuestra historia, eso debería cambiar”, sostuvo entonces. También señaló que, sin memoria y aprendizaje sobre los hechos trágicos de la humanidad, las sociedades quedan expuestas a repetirlos.
Años después, por iniciativa de la docente Paula Oses, “El gran crimen” llegó a un aula de la Patagonia argentina y acercó la temática del Genocidio a estudiantes sin vínculos previos con la comunidad armenia.
Una escuela que se hizo a fuerza de trabajo colectivo
La ESRN Nº 15 comenzó a funcionar en 1983, cuando Cipolletti necesitaba ampliar la oferta educativa ante el crecimiento de la ciudad. Su primera sede estaba en un edificio originalmente proyectado como centro comercial, sin bancos, sillas ni mobiliario administrativo. La comunidad educativa consiguió lo necesario mediante gestiones y colaboraciones de familias, empresas, particulares y organismos.
La escuela abrió con apenas cuatro aulas. Uno de los cursos recibió a numerosos jóvenes que buscaban una nueva oportunidad después de haber repetido o quedado fuera de otros establecimientos. Aquellos comienzos difíciles contribuyeron a formar una identidad marcada por la lucha frente a las adversidades y por un fuerte sentido de pertenencia.
Después de pasar por la Escuela Primaria Nº 338, en 1994 inauguró su edificio propio donde continúa funcionando. En 2023 celebró sus 40 años con exalumnos, exdocentes y miembros de la comunidad educativa, encabezada por su directora, Jacqueline Otarola