Tigranashen: otra demanda de Azerbaiyán que Pashinyan empieza a hacer propia

Azerbaiyán reclama y, una vez más, Nikol Pashinyan empieza a incorporar ese reclamo al discurso oficial armenio. Ahora es Tigranashen. El 20 de agosto lo llamó “Kyarki”, el nombre azerbaiyano, al explicar que ese territorio no forma parte de Armenia. La oposición reaccionó con dureza por esa denominación.
Pashinyan afirmó que, según los mapas utilizados para delimitar la frontera, ese territorio no forma parte de los 29.743 kilómetros cuadrados de Armenia. “Es un hecho que debemos afrontar”, indicó.
El nombre Tigranashen tampoco es casual: la localidad fue rebautizada en 1990 en memoria de Tigran Melikyan, un combatiente armenio muerto durante los enfrentamientos por el control de la zona. Aunque muchas veces se supone que el nombre alude a Tigran el Grande, su origen es otro.
Pashinyan todavía no anunció su entrega ni existe, según dijo, un acuerdo específico con Bakú sobre qué ocurrirá con Tigranashen o con los antiguos enclaves. Pero el primer paso ya está dado: dijo públicamente que Tigranashen no es Armenia.
El 31 de agosto, apenas once días después de esas declaraciones, Pashinyan volvió a reunirse con Ilham Aliyev en Bishkek. Las imágenes del encuentro, de una cordialidad casi entrañable, llamaron especialmente la atención en Armenia. Los comunicados oficiales hablaron de comercio, conectividad, TRIPP y de continuar con la delimitación fronteriza. No mencionaron a Tigranashen en las declaraciones formales, pero después de que el propio Pashinyan dijera públicamente que el pueblo no forma parte de Armenia, la eventual entrega dejó de ser una hipótesis remota.
El mecanismo empieza a repetirse. Primero Pashinyan instala una idea. Después la repite hasta convertirla en un dato aceptado y la presenta como consecuencia inevitable de mapas, acuerdos y obligaciones internacionales. Así ocurrió en Tavush. Allí también se apeló a los mapas soviéticos y a la Declaración de Alma-Ata para justificar la delimitación, mientras se advertía a la población sobre el riesgo de una nueva guerra si el proceso no avanzaba. El acuerdo de abril de 2024 no resolvió el destino de Tigranashen, pero sí dejó establecido que la delimitación continuaría sobre las demás secciones de la frontera, incluidos enclaves y exclaves.
Tigranashen tiene poco más de ocho kilómetros cuadrados. Es una localidad muy pequeña, con poco más de 30 familias y unas tres docenas de viviendas. Su importancia no está en la superficie. Un tramo de unos 4,5 kilómetros de la ruta M2 atraviesa esa zona. El pueblo está a apenas unos 30 metros de la carretera. Es una de las principales vías que conectan Ereván con Vayots Dzor, Syunik y la frontera con Irán.
Por esa ruta circulan personas y mercaderías y pasa una de las principales conexiones de Armenia con Irán. También tiene importancia militar y de seguridad. Si Tigranashen quedara bajo soberanía azerbaiyana, Azerbaiyán pasaría a tener territorio soberano sobre una de las comunicaciones internas más importantes de Armenia a escasos kilómetros de Ereván.
Pashinyan presenta el tema como una cuestión de reciprocidad. Según los mapas que utiliza su gobierno, Artsvashen pertenece a Armenia, mientras que Tigranashen y otros antiguos enclaves pertenecen a Azerbaiyán. Pero, como señaló el politólogo Vahe Davtyan, la geopolítica no es un catastro.
Artsvashen es una superficie mayor, pero está completamente rodeada por Azerbaiyán y desconectada del sistema de comunicaciones armenio. Tigranashen, en cambio, está sobre una ruta estratégica. Armenia podría recibir más kilómetros cuadrados y, aún así, quedar en una posición peor.
Quienes justifican la entrega de Tigranashen por su condición de enclave azerbaiyano durante el período soviético también recurren a la composición de su población. Pero si ese criterio sirve para Tigranashen, hay que mirar también Artsaj: durante la etapa soviética estaba habitado mayoritariamente por armenios. Ese argumento, sin embargo, no tuvo el mismo peso cuando Pashinyan reconoció la soberanía de Azerbaiyán sobre Artsaj.
Pashinyan ya comenzó a preparar ese terreno. Incluso utilizó una metáfora peculiar para explicar su posición: dijo que aquello que se estaba extrayendo no era un diente sino una “prótesis” y que su tarea era “sacarle el nervio” al problema antes de continuar con la delimitación.
La eventual entrega de Tigranashen no implicaría solamente perder unos pocos kilómetros cuadrados. Dejaría también una nueva vulnerabilidad sobre una de las principales comunicaciones de Armenia.
Con cada nueva exigencia y cada nueva concesión, Azerbaiyán sigue estrechando el cerco sobre Armenia. Si la paz exige que Armenia ceda cada vez más, el problema es qué va a quedar de Armenia al final del proceso.
Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA