La muerte de una isla

Vahagn Grigorian, nosotros y una cultura que se nubla
El escritor Vahagn Grigorian, nacido en Ereván en el año 1942, acaba de morir. Formado en Filología en la Universidad Estatal de Ereván, narrador y traductor, miembro de la Unión de Escritores de Armenia desde 1972. Trabajó como docente, editor y secretario de la Unión de Escritores, y su obra ha circulado, además del armenio, en ruso, estonio, lituano, búlgaro, polaco, esloveno e italiano.
Publicó relatos, novelas y literatura para niños. Entre sus libros se encuentran Palomas de papel, Los pasos de todos los días, Flujo, Cuervo blanco, Oscuridad antes del alba, El alma del pájaro y, particularmente, El río del tiempo (Ժամանակի գետը), novela que recibió en 2009 tanto el Premio Estatal de la República de Armenia como el Premio Hrant Matevosian de la Unión de Escritores.
Grigorian se casó con una mujer lituana en el año 1970. Durante muchos años el matrimonio vivió en Ereván. Cuando nació su hijo y comenzaron los años de dificultades económicas en Armenia, su esposa y su hijo se trasladaron a Vilna, mientras él permaneció trabajando en Ereván. Durante un tiempo llevó, por lo tanto, una vida dividida entre los dos países.
Una publicación literaria lituana de 2007 tituló una entrevista con él de una manera extraordinariamente significativa:
“En Lituania extraño Armenia, y en Armenia, Lituania.”
Esa frase permite leer una parte importante de su obra: Grigorian queda situado en un entre-lugar, no exactamente como un escritor armenio que se fue a vivir al extranjero, sino como alguien cuya experiencia personal quedó construida entre dos lenguas, dos paisajes y dos pertenencias.
En el año 2011 nos encontramos en Francia amparados en la propuesta del gobierno francés llamado “Arménie- Arménies”. Fue el tiempo de pensar en una cultura armenia transnacional. La producción armenia desde ese título en singular y plural, en esa multiplicación de las Armenias se pensaba en forma de aquello que los filósofos llamaron la relación metafísica de archipiélago. Las Armenias como islas que se unen en la idea de un archipiélago. El mar simbólico de la trascendencia, la espiritualidad y las raíces, más allá de una lengua, pretendía vincular a los sujetos de la cultura. El proyecto del Centre du Livre Français unió nuestras lecturas en Marsella. Allí se cocinó la idea de tránsito y de puentes. En ese sentido realizamos la traducción de 20 poetas de Armenia publicándolos en Argentina y en Colombia, o la traducción de un poeta argentino sobre un poema de Malvinas en Armenia.
Sin embargo, la transnación que implicaba atravesar las fronteras, abordando una geografía inédita en archipiélagos que no presuponían muros sino pasajes, resonancias donde las sensibilidades intentaban renovarse, se absorbió en la nube digital. El pensamiento del temblor entre lenguas: el castellano, el lituano o el francés traficando imaginarios en ese mar que conectaba islas se aplasta en una idea de Nación que se muestra orgullosa en los distintivos del primer ministro de Armenia.
De este lado, de eso que todavía llamamos diáspora. Además, sería oportuno preguntarnos hasta cuándo o cómo esa palabra puede seguir teniendo vigencia. Digo, de este lado, cortamos también las amarras. La nube encapota nuestra visión. No es que el barco se haya naufragado; aún. Anclado en la isla que habitamos, ensombrecidos por una nube digital que diluye todo territorio. Así, desde aquí, no hemos leído nada de Grigorian. Apenas nos hemos enterado de su muerte. Quizás la pregunta no sea qué se considera literatura armenia, sino qué es lo armenio. Aún.
Ana Arzoumanian