María Anabel Balassanian: una argentina que eligió vivir en Armenia y publicó allí su primer libro

María Anabel Balassanian tenía 17 años cuando viajó por primera vez a Armenia y regresó a la Argentina con una decisión tomada: algún día se iría a vivir allí. Se lo comunicó a su familia, aunque debieron pasar casi veinte años para que aquel proyecto se concretara. Desde febrero de 2024 vive en Ereván, donde acaba de publicar Máxima, su primer libro impreso, una historia autobiográfica escrita en español sobre el vínculo que mantuvo con su primera yegua.
Argentina de tercera generación de ascendencia armenia, Anabel cursó sus estudios en los colegios armenios Jrimian y San Gregorio. Tenía una vida organizada en Buenos Aires, con un trabajo que disfrutaba, actividades y proyectos personales. Su decisión de mudarse no respondió a la necesidad de abandonar esa realidad, sino al deseo de vivir en Armenia.
La guerra de Artsaj de 2020 fue decisiva para acercarla nuevamente al país. “Pasé tres semanas enteras sin poder dormir ni un minuto, hasta que tomé la decisión de viajar a Armenia para hacer un voluntariado y contribuir, aunque fuera un poco, a la recuperación del país en la posguerra”, contó a Diario ARMENIA.
Su hermano Oscar, (Oski), se sumó a la iniciativa. Ella participó del programa Birthright Armenia y él de Armenian Volunteer Corps. Permanecieron diez meses en el país, durante los cuales trabajaron como voluntarios y compartieron las dificultades que atravesaba la población después de la guerra.
Anabel recuerda especialmente a las familias que esperaban el regreso de sus hijos, hermanos o esposos. Le llamó la atención verlas disfrutar de las plazas con sus niños cuando comenzaba el verano, aun en medio de la incertidumbre de la posguerra. Aquella experiencia, según cuenta, le enseñó mucho sobre la manera en que las personas continuaban con sus vidas a pesar de las dificultades.
Durante aquella estadía también obtuvo su pasaporte armenio. “El día que recibí mi pasaporte armenio fue magia pura. Sentí que se abría una puerta y que comenzaba a dibujarse un camino”, recordó.
Regresó a Argentina, donde continuó colaborando a distancia con personas que había conocido durante el voluntariado, pero ya no se sentía completamente allí. “Llegó un momento en el que me di cuenta de que, aunque físicamente estaba en Argentina, mi mente y mi corazón seguían en Armenia”, explicó.
En febrero de 2024 decidió instalarse definitivamente en Ereván. Su formación como traductora y profesora de inglés le permitió comenzar a trabajar, a lo que posteriormente sumó la enseñanza del español y distintos proyectos culturales.

La danza también ocupa un lugar importante en su vida. Aprendió los primeros pasos de danzas armenias con su madre y formó parte del conjunto de danzas folklóricas armenias Masís, en Buenos Aires. Durante su voluntariado se incorporó a un grupo de Gyumri, una experiencia que, según cuenta, cambió su manera de vivir la danza armenia.
Aunque siempre estuvo vinculada con las instituciones y expresiones culturales de la diáspora, asegura que vivir en Armenia no transformó su identidad, sino que le permitió experimentar cotidianamente una pertenencia que ya sentía desde Argentina.
“Aunque las tierras de las que provienen mis ramas familiares, tanto paterna como materna, quedaron lejos de las fronteras actuales de Armenia, nunca sentí que eso me hiciera menos cercana al país”, explicó. Y agregó: “Instalarme acá fue, más bien, una manera de darle una dimensión cotidiana a una pertenencia que ya existía”.
Una historia que tardó doce años en escribir
Anabel escribe desde chica. Recuerda especialmente a su madre, quien la alentó a leer y escribir, y los libros que heredó de la infancia de sus padres. Entre sus primeros trabajos había pequeños libretos teatrales que escribía para representar en familia, repartiendo los personajes entre sus integrantes.
Con los años participó en concursos literarios, obtuvo algunos premios y publicó cuentos tanto en papel como en internet. Sin embargo, nunca había editado un libro por su cuenta.
Su intención inicial era publicar una obra sobre su propia historia y la decisión de mudarse a Armenia. Pensaba hacerlo en armenio o inglés para llegar a lectores de diferentes procedencias. Pero mientras trabajaba en ese proyecto apareció Máxima. “Llevaba doce años intentando contarla sin que me interrumpiera una catarata de lágrimas. Cuando finalmente pude sentarme a escribirla, la terminé en apenas unos días”, relató.

Antes de decidir su publicación, conversó sobre el proyecto con su padre, Oscar Balassanian, con quien acostumbra compartir sus escritos y sus iniciativas literarias. Finalmente eligió que Máxima fuera su primer libro impreso y que se publicara en español, su lengua materna, aunque sabía que eso podía limitar su llegada a los lectores de Armenia.
Máxima fue la primera yegua que llegó a su familia y con la que desarrolló una relación especialmente profunda. El libro cuenta esa historia sin elementos de ficción y recupera las experiencias y los aprendizajes que surgieron de aquel vínculo. “Máxima fue el primer caballo que entró en nuestra familia como un miembro más, y su llegada marcó un antes y un después en mi vida, en mi manera de ser y de entender muchas cosas”, explicó.
La relación con Máxima involucró a toda su familia. Anabel sostiene que cada caballo tiene su propia personalidad y sensibilidad, y que esa convivencia puede enseñar mucho sobre los vínculos que establecemos con otros seres vivos. Durante años no pudo escribir sobre aquella experiencia sin quebrarse emocionalmente. Cuando finalmente lo consiguió, quiso contarla de una manera positiva, sin ocultar las dificultades, pero dejando un mensaje de esperanza.
El libro, escrito con un lenguaje sencillo, incluye un código QR que permite acceder a ejercicios de comprensión lectora y análisis literario para quienes estudian español. La idea surgió de su propia experiencia como profesora y de las personas que le pedían ayuda para aprender el idioma. Se trata de un material complementario, que puede utilizarse independientemente de la lectura del relato.

Máxima fue publicado en Ereván y es el primero de una serie de cinco libros que Anabel tiene previsto desarrollar. La autora ya tradujo la obra al inglés y espera publicar esa versión más adelante. También le gustaría contar con una edición en armenio. Según adelantó a Diario ARMENIA, el libro estará próximamente disponible en Buenos Aires.
Actualmente trabaja en el segundo libro de la serie, mientras continúa con sus actividades docentes y prepara un proyecto de talleres de danzas folklóricas argentinas en Armenia. Ya había enseñado estas danzas durante su voluntariado y ahora busca organizar encuentros regulares, abiertos a personas de distintas edades, entre ellas voluntarios y exvoluntarios.
“Me hace especialmente feliz poder compartir esta parte de mi cultura acá, en mi otra patria”, expresó al referirse a ese proyecto.
