Trump pateó el hormiguero con Malvinas e Irlanda del Norte, ¿se abre ahora una puerta para Artsaj?

15 de septiembre de 2026

Las recientes declaraciones del presidente de EE.UU. pusieron en la agenda global demandas de soberanía e independencia que llevan siglos. Hoy Armenia debe aprovechar este momento político y dar un giro diplomático a su favor.

Si hay algo que define a los grandes estadistas es no sólo tener una estrategia para desarrollar sus planes, sino también poder reunir los recursos necesarios para alcanzarlos. Muchas veces en la historia esos recursos provienen de saber leer las señales políticas del momento e interpretar correctamente movimientos y declaraciones de líderes de terceros países, aparentemente sin intereses directos en el asunto en cuestión.

Éste parece ser un momento bisagra en la historia reciente de Medio Oriente y el Cáucaso, en el que se está delineando un nuevo mapa a partir de guerras e intervenciones de potencias occidentales y regionales, cada una siguiendo sus propios intereses. 

En este nuevo escenario, Armenia y la Causa Armenia -aunque algunos puedan creer que ésta es una rémora del pasado- están jugando, de alguna manera, su destino. El statu quo regional se rompió con el ataque artero de Azerbaiyán a la República de Artsaj (Nagorno Karabaj) en septiembre de 2020, en plena pandemia de Covid-19, lo que desencadenó la Guerra de los 44 días.

La segunda etapa del plan de Bakú fue el incumplimiento de parte de Azerbaiyán del Acuerdo Tripartito del 9 de noviembre de 2020, firmado por los presidentes de Rusia y Azerbaiyán, Vladimir Putin e Ilham Aliyev, y el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan; el estricto bloqueo de más de 10 meses a la República de Artsaj y el bombardeo a la población civil de Stepanakert en septiembre de 2023.

El resultado fue la consecuente limpieza étnica de los más de 100.000 armenios étnicos de Artsaj. Cabe recordar que según la jurisprudencia de la Corte Penal Internacional con sede en La Haya (Países Bajos) la limpieza étnica está tipificada como una de las formas de genocidio, dejando fuera de toda duda el objetivo genocida del régimen autocrático de Aliyev respecto de los armenios nativos de Artsaj.

La verborragia de Trump

En esta coyuntura, inesperadamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump abre una ventana de oportunidad, y casualmente o no, los armenios de Argentina recibimos ese movimiento por partida doble.

El 1 de septiembre, en unas confusas declaraciones, que buscaban “castigar” al Reino Unido por haberse negado a principios de año a sumarse a una coalición internacional contra Irán, liderada por Israel y EE.UU., el mandatario estadounidense dijo que su país tenía bajo revisión su tradicional posición sobre las islas Malvinas, favorable al Reino Unido.

Desde 1833 Argentina reclama las islas como territorio soberano, mientras que el gobierno británico apoya a los isleños, que abogan por la autodeterminación y en referéndum reafirmaron su decisión de ser ciudadanos británicos. La guerra de 1982, claramente, contribuyó a esta posición.

La declaración de Trump motivó al presidente Javier Milei, a dar un giro copernicano en su posición sobre Malvinas – recordar las loas a la expremier británica Margareth Thatcher, entre otras- y dar una cadena nacional anunciando sanciones a las empresas que, teniendo operaciones en el país, busquen negocios con los isleños, afectando intereses económicos de Argentina.

Aquí entran básicamente las petroleras y compañías de servicios del sector hidrocarburífero, muchas de las cuales empezaron a hacer cuentas sobre si les convenía más ser parte del boom de Vaca Muerta, que aportar al proyecto Sea Lion en aguas circundantes al norte de Malvinas, y con resultado aún incierto sobre la factibilidad de esos proyectos.

Más allá de los que uno crea del gobierno de Javier Milei – eso es siempre materia opinable- la jugada del presidente argentino fue astuta y empezó a dar resultados.

Aliento a los nacionalismos

Pero sigamos con Trump. El sábado pasado en el marco de una visita a Dublín, capital de la República de Irlanda, el mandatario se despachó señalando que le “encantaría ver [a Irlanda] unificada. Creo que sería un gran logro para todos si eso sucediera. Tarde o temprano sucederá”, remató.

Rápidamente, los líderes de los partidos independentistas de Irlanda del Norte, Escocia y Gales, convocaron a una reunión de la nueva Alianza Celta este lunes en Cardiff (Gales). 

Así, los ministros principales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte instaron al gobierno británico a “preparar, planificar y facilitar” su independencia, sólo unos días después de que el presidente Donald Trump manifestara su apoyo a la reunificación de Irlanda.

“La era de Westminster está llegando a su fin”, aseguraron John Swinney (del SNP-Partido Nacionalista Escocés), Rhun ap Iorwerth (del partido nacionalista galés Plaid Cymru) y Michelle O’Neill (del Sinn Fein de Irlanda del Norte) en una declaración conjunta emitida durante la primera cumbre de su nueva Alianza Celta en Cardiff.

“Creemos que se avecina un cambio constitucional”, señalaron. “El futuro de nuestras naciones está en la Unión Europea... Ningún gobierno de Westminster tiene derecho a obstaculizar la democracia ni a socavar el principio de que nuestros pueblos decidirán su propio futuro”, remarcaron.

La importancia del suceso radica en que, por caso, en Irlanda del Norte, durante 30 años los sectores nacionalistas norirlandeses lucharon no sólo políticamente – a través del Sinn Fein y otras vertientes- sino también por la vía armada – el IRA o Partido Republicano Irlandés- por salirse de la órbita del Reino Unido y unificar la isla con sus connacionales del sur.

Además, la pertenencia de estas tres naciones al Reino Unido de Gran Bretaña lleva varios siglos. Gales se unió a Inglaterra n en 1536, mientras que Escocia lo hizo en 1707, e Irlanda del Norte más recientemente en 1921, tras la partición de la isla luego de la independencia de los irlandeses católicos del sur. 

Qué pasa con Artsaj

Mientras el mundo asiste atónito a este verdadero sacudón de las estructuras fundamentales de la vieja e indestructible alianza de Estados Unidos y Gran Bretaña, lo que dejó el conflicto de Artsaj tras la limpieza étnica de 2023 está en la agenda de Trump hace ya más de un año

El 8 de agosto de 2025 Estados Armenia y Azerbaiyán rubricaron en el Salón Oval de la Casa Blanca en Washington y ante la presencia de Donald Trump, un acuerdo de paz, que desde entonces no avanzó ni milímetro.

Los aspectos centrales que conciernen a Armenia, siguen en espera. En primer lugar, el tratado de paz no se firmó y Azerbaiyán exige que Armenia modifique su Constitución para eliminar de ella toda referencia a Artsaj, mientras el primer ministro Pashinyan impulsa la Cuarta República en base a su ingenua idea de la Armenia real versus la Armenia histórica. Mientras esto ocurre Turquía y Azerbaiyán siguen adelante con el debilitamiento de Armenia y el plan panturquista.

Azerbaiyán sigue ocupando ilegalmente más de 240 km2 de territorio soberano armenio, no hubo demarcación de la frontera y las nuevas demandas de Bakú van ahora por los llamados enclaves -ejemplo, Tigranashen- aunque ellos no están dispuestos a ceder los suyos, en un intercambio que sería más justo.

Aún quedan encarcelados en Bakú 19 rehenes y prisioneros de guerra, entre los que están los líderes de la República de Artsaj. Fueron secuestrados en la frontera, sometidos a juicios con acusaciones falsas, sin derecho a defensa y sentenciados por un Tribunal Militar a penas de hasta 20 años de prisión.

Además, la población de Artsaj fue víctima de limpieza étnica, dejando la región sin habitantes armenios por primera en miles de años, aunque parezca inverosímil. Y no se avanzó nada en la delimitación y demarcación de la frontera, ni hay un cronograma para hacerlo. 

Mientras tanto, Azerbaiyán consiguió que Armenia negociara con Estados Unidos la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad (TRIPP), que cruzará Syunik uniendo la mayor parte de Azerbaiyán, en rigor la región de Artsaj ocupada por tropas azeríes, con Najicheván, otro territorio históricamente armenio, sometido a limpieza étnica y vaciamiento premeditado de su población armenia en 1920/21.

Mientras la verborragia de Donald Trump abre oportunidades a conflictos irresueltos de hace siglos ¿cómo es posible que el gobierno de Armenia ni siquiera plantee el toma y daca de construir el TRIPP a cambio de alguna de sus demandas, sea liberar a los prisioneros de guerra o retirarse de los territorios ocupados, o delimitar la frontera, el retorno de los desplazados, algo.

Nikol Pashinyan ganó las elecciones parlamentarias de junio pasado, pero será recordado como la cabeza del gobierno que perdió Artsaj y dejó vulnerable a Armenia ante los avances turco-azerbaiyanos.

Sería bueno que en un mundo en que se vuelve a debatir del derecho a la autodeterminación de los pueblos, tal como hizo el pueblo de Artsaj en el referéndum de 1988, el gobierno de Armenia aprovechara su llegada a la administración Trump salir de una posición incómoda en las sogas y posicionarse en el centro del ring. La moneda de cambio bien podrían ser los negocios que hará EE.UU. con el TRIPP a cambio de algunas concesiones de parte de Bakú. 

Carlos Boyadjian

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